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Paula Bonet: ‘Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END’

Hoy os voy a hablar de otra ma-ra-vi-lla: Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End, de Paula Bonet. Apuntad, que es una preciosidad (y leed el texto de la contra que os copio, que os podéis hacer una buena idea de lo que es este libro).

'Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END'

‘Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END’

Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End es un libro sobre finales que llegan repentinamente, sin avisar, que nos parten en dos mitades. También es un libro que habla de finales que se arrastran durante años y que nunca se acaban porque confunden orgullo con recuerdo.

Los primeros nos provocan un dolor repentino, desgarrador. Los segundos nos desgastan poco a poco, como si fuéramos precipicios que las olas golpean sin parar mientras cientos de gaviotas nos utilizan como letrina. Las algas se nos enredan en los pies y al morir se pudren pegadas a nosotros.

Y entonces cogemos trenes, reservamos habitaciones de hotel en pueblos olvidados, vivimos enganchados a pantallas esperando que alguien decida hablarnos para informarnos del siguiente movimiento, el que nos acercará conscientemente a un final que hace años que buscamos. Pero ese final no llega.

Y de repente un día nos despertamos y sentimos el vacío: en la pantalla aparece THE END y decidimos empezar otra historia. Una en la que nunca tengamos que fingir que no nos conocemos.

¿No os ha pasado nunca que le echáis un vistazo a un libro y, de repente, descubrís que tiene tanto que ver con vuestra vida que no os queda más remedio que leerlo y admirarlo y disfrutarlo? Pues eso me pasó a mí con Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End. Primero me cautivaron sus ilustraciones (¡qué buena es Paula Bonet!). Después, el texto de la contracubierta me llamó muchísimo la atención. Y cuando por fin lo tuve entre mis manos más tiempo y leí algunos de los fragmentos… ¡lo tenía que leer!

Y si, además, resulta que muchos capítulos llevan al principio citas de libros y canciones, y muchos de esos libros y canciones forman parte de mi universo personalísimo… ¿cómo no me iba a enamorar de este libro? Si aparecen Sagan (Buenos días, tristeza), Kundera o Perec, o canciones de Oasis, Death Cab for Cutie (¡¡amor!!) o Eels (¡Dios mío, Eels, cuánto tiempo y qué recuerdos!), por citar solo algunas cositas que, obviamente, no podía dejar pasar.

Pero es que, para echar más leña al fuego, resulta que leo los fragmentos y suscribiría algunos capítulos tal cual, prácticamente. Yo cambiaría la S. por una A., o la F. por… otra A. distinta, pero ¡es todo tan igual! No sabría con qué capítulos quedarme, la lista sería demasiado extensa. Por citar algunos: «Cómo cruzar un río» (tan parecido a las dos A. que cruzaron mi río hace unos años… que reconozco que lloré al leerlo), «Calle Sueca, número 42», «Observando ballenas en Húsavík», «Los acantilados de pájaros de Látrabjarg», «Mnemotecnia», partes de «El tucán» o «No te acabes nunca».

He copiado algún fragmento en el Tumblr y  os dejo también el enlace del librotráiler por si queréis curiosear (yo lo haría).

¿Sueno entusiasmada con el libro? ¡Es que lo estoy! Este va a ser de esos que relea y relea y relea… Una verdadera preciosidad (aunque, muy a mi pesar, ¡he encontrado más de una y más de dos faltas!); pero esto no cambia mi opinión: es un libro que merece muchísimo la pena. ¡Gracias por la recomendación, Stephen!

¿Conocéis el libro? ¿Queréis comentar cualquier cosa? Me encantaría saber vuestra opinión sobre el libro, si es que lo conocéis, o si os ha llamado la curiosidad. Tenéis los comentarios abiertos.

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Hillel Halkin: ‘¡Melisande! ¿Qué son los sueños?’

Si seguís más blogs sobre libros, leéis las reseñas de los periódicos o si os habéis paseado por alguna librería últimamente, seguro que os habéis encontrado con la novela de Halkin, ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?, porque parece que está por todas partes. Y todo el mundo habla maravillas de ella. Yo no voy a ser la excepción, porque me ha encantado.

'¡Melisande! ¿Qué son los sueños?'

‘¡Melisande! ¿Qué son los sueños?’

A finales de los años cincuenta, en Nueva York, dos chicos: Hoo y Ricky, y una chica, Mellie, se conocen mientras trabajan en la redacción de la revista literaria de su instituto. Allí forjarán una amistad que durará años y condicionará el resto de sus vidas. Décadas después, Hoo, convertido en catedrático de filosofía, rememora su relación con Ricky y con Mellie, y también el trasfondo cultural y social de la época que les tocó vivir: los coletazos del macarthismo, la liberación de los años sesenta o las protestas contra la guerra de Vietnam. Conforme avanza la historia se van revelando las razones que le han llevado a escribir el relato de esa amistad; que es, en realidad, una maravillosa carta de amor a Mellie.

En ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? la sabia mirada de un hombre maduro sobre su vida y sobre aquello que le da sentido convierte este libro en un canto al amor y a la amistad, en una invitación al perdón. Una de las novelas de amor más extraordinarias de los últimos años que nos habla del poder de la literatura y la memoria.

Me he enamorado de este libro y de su historia. Son 262 páginas de vida condensada que me dejaron totalmente conmocionada. De hecho, cada vez que pienso en el final (¡ay, qué final!) me emociono (estoy muy blandita estos días, pero sé que no soy la única a la que le pasa).

¡Melisande! ¿Qué son los sueños? es una preciosa carta de amor. Aunque en ella cabe de todo. Primero, la amistad. Una amistad a tres bandas que marca la vida de los tres protagonistas: Hoo (el autor de la carta), Mellie y Ricky. Los protagonistas aprenden a vivir, a enfrentarse al mundo adulto, juntos. Y la literatura los acompaña en su camino (de hecho, la literatura y la filosofía juegan un papel importantísimo en la novela, como acompañantes de todos los sentimientos, emociones y vivencias de Hoo, sobre todo). Tras la amistad, llega la separación: cada cual debe seguir su camino en la vida. Y años después, el reencuentro; porque, cuando algo es muy auténtico, cuando una amistad es genuina, la distancia y el tiempo no importan. Y, a partir del reencuentro, lo más importante: un gran amor.

No penséis que os vais a encontrar la típica historia de amor edulcorada en que todo es de color de rosa. Nada más lejos. Esto es amor de verdad. Y en el amor de verdad cabe toda una serie de sensaciones y sentimientos que se ven perfectamente reflejados en el texto: la pasión, los encuentros, los desencuentros, la compasión, la compañía, la ternura, el cariño, las discusiones, el deseo, las reconciliaciones, las ganas de estar con el otro, los aciertos, los errores… ¿Hay perdón para los errores? Al menos, que haya esperanza…

La novela me ha hecho reflexionar sobre varias cuestiones. ¿Por qué, a veces, lo más importante de la vida llega casi por casualidad (si es que las casualidades existen, que yo no lo creo)? ¿Por qué lo más grande empieza pequeñito? ¿Mostraría la misma compasión que los personajes ante ciertos hechos? ¿Mi vida está tan marcada por la maternidad como la de Mellie? ¿Sería yo capaz de perdonar? Y, entre tantas vueltas al coco, el deseo de saber qué pasa después de ese final lleno de esperanza. El otro día me dijo un amigo que la esperanza nunca defrauda. Yo espero que a Hoo no le defraude. Desde luego, a mí si alguien me dijera lo que Hoo le plantea a Mellie (tenéis pistas por el Tumblr si sois excesivamente curiosos) caigo rendida. A pesar de todo. A pesar de lo malo. A pesar de los desencuentros y las separaciones… Porque, ¿hay mayor prueba de amor que esta carta? ¿Se puede decir más en una sola frase?

Por cosas de la vida (el mundo es muy pequeñito), estoy en contacto con Vanesa Casanova, la traductora de esta joya. Cuando iba por la mitad del libro, tuve que parar y mandarle un mensaje de felicitación por su trabajo. Enorme, en serio. Y hoy le vuelvo a trasladar mi enhorabuena desde aquí. Y a Libros del Asteroide, por publicar esta maravilla. Un auténtico regalo.

¿Habéis sucumbido a ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? como yo? ¿Os ha maravillado como a mí? Hoy sí tenéis los comentarios abiertos (no como el otro día, que los cerré a propósito: en serio, millones de gracias por todos los mensajes y muestras de cariño que me habéis hecho llegar estos días; valoro enormemente cada uno de ellos, porque me hacen sentir muy acompañada y, aunque sigo tristona, me ayudan muchísimo: ¡¡gracias!!).

David Trueba: ‘Abierto toda la noche’

Llevo unos cuantos días tremendamente triste, por algunas cosas que me están pasando y algunos problemas personales/familiares, de ahí que apenas haya actualizado el blog últimamente. Y de ahí, también, que apenas esté leyendo. Cuando consigo que me entren ganas de leer, todo lo que tengo entre manos es de lo más deprimente y, la verdad, bastante tengo ahora mismo como para, encima, leer cosas tristes. Así que, el otro día, me puse a buscar por las estanterías alguna novela divertida (ya sabéis que no tengo problema en releer). Algo encontré y algo estoy leyendo, aunque no mucho. De todas formas, me topé con la novela de la que os voy a hablar hoy. Como la leí por segunda vez hace poco, no era cuestión de repetir con apenas cuatro meses de diferencia, por lo que volvió a la balda. Pero sí que pensé que podía comentar algo sobre ella en el blog y, así, actualizarlo esta semana al menos una vez. Y hacerlo, además, con una novela de lo más divertida: Abierto toda la noche, de David Trueba.

'Abierto toda la noche'

‘Abierto toda la noche’

Como dijo Ambrose Bierce, «el hogar es el único local abierto toda la noche». Y en esta primera novela de David Trueba, el hogar pertenece a los Belitre, una familia tan numerosa como disparatada. Crónica de una educación sentimental, las personas que habitan este libro solo escuchan la voz de su corazón, mientras que la razón guarda un impasible silencio. Y así, el lector seguirá a los Belitre en una sucesión imparable de situaciones de altísima comedia y negro melodrama, con Matías, un niño de doce años que sufre una misteriosa enfermedad mental, un abuelo que en medio de la demencia senil se entrega en cuerpo y alma a la poesía y la religión, y hasta una pareja de desamparados testigos de Jehová que encontrará su casa en la ternura de los Belitre.

Trueba ha recreado con fascinación una estampa de familia que discurre entre momentos mágicos de pura comedia, arrastrando al lector en un imparable deseo de saber más de estos personajes disparatados, divertidos y trágicos. En definitiva, el autor viene a ocupar un lugar muy poco frecuentado por la nueva literatura española.

Me resulta curioso no haber hablado de las novelas de Trueba más que en los retos (en los que, por cierto, Cuatro amigos siempre sale a relucir; también Abierto toda la noche se ha mencionado alguna vez, nos falta Saber perder). Bueno, pues, casualidad, gracias al último reto, recuperé esta novela. Una amiga leyó que me quejaba porque había dejado Cuatro amigos y no había vuelto… y la siguiente vez que quedamos me devolvió esta, que yo ni recordaba que tenía. Genial, porque la releí y me reí cosa mala…

Abierto toda la noche es una novela coral, protagonizada por los miembros de una familia de lo más peculiar. Con unos personajes muy bien dibujados, cada cual más estrambótico que el anterior, vivimos sus peripecias con un cierto estupor, que nos lleva de la risa (mucha risa) al llanto y viceversa.

Lo genial de esta novela (y me parece un gran logro de Trueba) es que, a pesar de las situaciones extremas y los personajes «raros» que la protagonizan, creo que todos sentimos que los Belitre nos son muy cercanos. Porque casi todo el mundo conoce a alguna familia así, rara y loca (a mí, personalmente, me recuerda muchísimo a la de una amiga mía: son cinco hermanos y siempre les pasan cosas extrañísimas); o, incluso, todos, salvando las distancias, pertenecemos a una familia así: con personajes que rozan el esperpento y que se ven envueltos en situaciones que dan para mil anécdotas después.

Y un último apunte: esta es la primera novela de Trueba. Y me parece muy buena. Con un estreno así en el mundo de la literatura, se podía esperar mucho de él después: tengo la sensación de que no ha defraudado en absoluto. Y ahora que ando leyendo y echando vistazos a algunas primeras obras de gente muy joven, creo que es de recibo decir que esta les da bastantes vueltas a la inmensa mayoría.

Hacedme caso y leed Abierto toda la noche si no lo habéis hecho ya (a quienes sí la habéis leído: ¿a que tengo razón?). Les cogeréis cariño a los Belitre. Y os reiréis mucho. Y también, por qué no, quizá soltéis alguna lagrimilla. Os dejo los comentarios abiertos por si queréis decir cualquier cosa, de la novela o de lo que os apetezca. Y si me contáis algo que me haga reír un poco, será muy bienvenido también… ;)

¿Qué libro importante se publicó en el año de tu nacimiento?

Acabo de ver esto en Twitter y no me puedo resistir a compartirlo aquí en el blog. En Guía literaria han hecho una recopilación de grandes obras según su año de publicación. ¿Qué se publicó en el año en que nacisteis? ¿O en un año que, por lo que sea, es importante para vosotros? Lo podéis ver en el siguiente enlace:

Guía literaria

Por ejemplo, en el año en que yo nací (1977) se publicó La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa, novela que me gustó muchísimo cuando la leí (hace demasiados años ya). Y también El resplandor de Stephen King.

¿Os atrevéis a confesar vuestra edad y contarnos en los comentarios qué libros se publicaron en el año en que nacisteis? Son vuestros…

Mathias Énard: ‘El alcohol y la nostalgia’

Ayer me dejaron algunos libros-joya para leer estos días. Uno de ellos, El alcohol y la nostalgia, de Mathias Énard, ya lo he devorado. Es una novela breve, pero de las que pueden hacer pupa (y me pilla en un momento en que estoy excesivamente blanda y sensible, todo sea dicho).

'El alcohol y la nostalgia'

‘El alcohol y la nostalgia’

«En la vida hay manos que uno no deja jamás, que uno quisiera sostener hasta el final, hasta que acabara el trayecto; también hay trenes cuyo ritmo te embriaga como el más fuerte y más nostálgico de los alcoholes».

Una llamada en plena noche interrumpe el sueño de Mathias. Es Jeanne, que le informa de la muerte de Vladímir. Esa misma noche, Mathias parte hacia Moscú para reencontrarse con su antigua amante. Inmersos en el dolor del duelo, en el corazón de una ciudad perdida —un vasto terreno habitado por sombras—, ambos se reencuentran durante un instante en torno a los restos de su amigo. Y de ahí, Mathias se embarca en un viaje a bordo del transiberiano en el que rememorará un feroz y apasionado triángulo amoroso.

Para Chéjov, Rusia era alcohol y nostalgia. Énard se apropia de estos elementos para narrarnos un viaje. Un viaje físico, real, en un tren a través de Rusia; y un viaje emocional y psicológico, de huida de un pasado y un amor… aderezado con alcohol y psicotrópicos, y con la muerte como salida y destino. Terrible.

Jeanne, Mathias y Vladímir forman un extraño triángulo amoroso. Los dos hombres comparten a Jeanne, pero, a la vez, son amigos. Aun así, Mathias decide salir de Moscú para volver a París, con lo que la relación queda rota. Pero, como dice el narrador: «Uno no lega un amor cuando se va, se lo lleva consigo». Y lo mismo podría decirse de la amistad. El triángulo no acaba, a pesar de la distancia. El triángulo se desintegrará cuando uno de sus vértices, Vladímir, muera. Y, a partir de ahí, con la muerte como inicio y acompañante en toda la novela, Mathias emprende un viaje. Primero a Moscú, la ciudad testigo de ese amor a tres bandas, un inframundo lleno de nieve y mugre, donde verá a Jeanne. Después, en tren, hacia Siberia, atravesando toda Rusia. Y esas vastas extensiones de terreno cubiertas de nieve, de hielo, de vacío… son el escenario perfecto para la nostalgia y la muerte. Muerte con la que siempre han jugado (abusaban de las drogas y, en más de una ocasión, el narrador dice que, por la delgadez de sus cuerpos, parecen cadáveres) y muerte que ahora es algo tangible, pues tiene el rostro de alguien querido, Vladímir. Y empiezan los recuerdos de la época en Moscú con Jeanne y Vladímir. Y la gelidez de la estepa lo impregna todo: no hay esperanza. ¿O sí?

Jeanne es, para mí, el personaje más interesante y el que aporta un rayo de sol. Es la más libre y, a la vez, la que mejor sabe llevar su vida por otro camino cuando es necesario. Jeanne es el comienzo de la triple relación y, probablemente, el centro del universo moscovita de estos tres seres que se limitan a deambular sin rumbo, hasta arriba de drogas, charlando de literatura. Las cartas de Jeanne son las partes más delicadas y poéticas de la novela. Es la mujer valiente como único resquicio, como único refugio, como única esperanza.

Admito que la novela me ha enganchado completamente. He subido bastantes frases al Tumblr, porque hay párrafos que merecen mucho la pena y hay, sobre todo, frases sueltas de enmarcar. Muy recomendable.

¿La conocéis? ¿La habéis leído? Podéis comentar lo que queráis…

Jean-Philippe Toussaint: ‘La verdad sobre Marie’

¿Habéis leído Hacer el amor y os quedasteis con ganas de más? ¿Queréis saber qué pasó después con la pareja protagonista? Pues Jean-Philippe Toussaint nos lo ofrece en La verdad sobre Marie…

'La verdad sobre Marie'

‘La verdad sobre Marie’

Una quinta parte de La verdad sobre Marie la ocupa una escena antológica que ningún lector podrá olvidar: el embarque de un purasangre en Narita, el aeropuerto de Tokio, a bordo de un Boing 747 cargo de Lufthansa. Es de noche, llueve a cántaros.

Zahir, despavorido, entre el furgón que lo ha traído y el box que va a ocupar, ha despistado a sus escoltas japoneses, a su propietario francés, a los abogados de este y a su amiga con una pila de maletas y bultos… El caballo se ha sumergido a todo galope en la chorreante oscuridad del aeropuerto. Tres vehículos se han lanzado en su persecución. Ha quedado paralizado el tráfico de aviones. ¿Cómo encontrar, rodear, apaciguar y domeñar al purasangre enfurecido a cuyo mozo de cuadra han cometido el error de despedir la víspera, y al que, habida cuenta de su fama y de su precio, no pueden sacrificar ni herir? Épico y regocijante. Alejandro Dumas pasado por el Nouveau Roman. Flaubert narrándonos un grave incidente en la zona de carga de Narita.

Hay elementos de fatalidad antigua en esa literatura tan moderna por su escritura y sus mecanismos. Se advierte que el novelista valora los contrastes, las disparidades, los símbolos antinómicos y que, al igual que Marie, no cierra nada. «Resulta exasperante, ni siquiera cerraba los libros, los dejaba abiertos boca abajo, junto a ella, en la mesita de noche, cuando interrumpía su lectura». Del mismo modo, Jean-Philippe Toussaint, cuando interrumpe en algún lugar de la escritura, aquí en la isla de Elba, deja abiertos sus libros para escribir otros.

Sí, Toussaint es un dios del Olimpo que, según Bernard Pivot, ya sea con benevolencia o furor, manipula a unas criaturas perfectamente elegidas y las proyecta a aventuras planetarias bajo los signos de Eros y de Lufthansa. 

Típica sinopsis que no le hace justicia (en absoluto) al libro. De hecho, cuando salió esta novela, aunque me llegaron opiniones buenísimas sobre ella, no la leí porque no estaba segura de que me fuera a gustar con semejante resumen. De todas formas, me alegro muchísimo de no haberlo hecho en su día y de que esta novela me haya llegado ahora, porque en este momento todo tiene mucho más sentido.

Se puede leer La verdad sobre Marie sin haber pasado primero por las páginas de Hacer el amor. Pero creo que la experiencia es distinta si se conocen ya las vicisitudes de la pareja protagonista. La verdad sobre Marie comienza cuatro meses después del final de Hacer el amor. E, incluso, hay alguna escena que nos retrotrae a aquellos días en Tokio. Y, aunque en mi opinión no llega a la altura de Hacer el amor, La verdad sobre Marie es otra reflexión sublime sobre el amor y la pareja, con escenas de gran intensidad narrativa.

Porque, si algo me queda muy claro después de leer la novela, es que Toussaint narra como nadie. Qué control de la palabra justa, qué forma de imprimir intensidad allí donde es necesario, qué forma de usar el simbolismo (porque el caballo, para mí, es un claro símbolo de algo: leed la novela para descubrirlo y luego lo comentamos en privado si queréis), qué forma de componer toda la historia de una pareja en dos novelas breves. Me parece sobresaliente. Y el otro día, al acabar el libro, dije que me sentía huérfana y es verdad: quiero más Toussaint. Habrá que buscar qué hay por ahí.

He seleccionado alguna frase que he subido al Tumblr. Probablemente, no sean lo más representativo de la novela. Y, aunque lo pueda parecer, no penséis que hay spoilers (en absoluto). Y ojo al párrafo marcado como #primerafrase: ¡qué comienzo de novela, Dios mío! Me parece buenísimo…

¿Algún enganchado a Toussaint en la sala? ¿Alguien me podría recomendar algo más de él? ¿Habéis leído La verdad sobre Marie? ¿Os gustó? ¿Y Hacer el amor? Tenéis los comentarios para lo que queráis…

Maria van Rysselberghe: ‘Para un ruiseñor’

Después de leer Hace cuarenta años, parece imprescindible acercarse a las páginas de Para un ruiseñor. Otra preciosidad.

'Para un ruiseñor'

‘Para un ruiseñor’

Una playa del mar del Norte, un marido ausente, un amigo de la pareja… y ella, la parte femenina de esa pareja, que nos contaba cuarenta años después cómo fue el (imposible) amor en la casa de la duna. «Éramos como dos instrumentos afinados de repente». Lo que importaba era ese «de repente», esa urgencia de ser, de saberse vivo, de querer caer y levantarse a un tiempo. Las breves pero intensas páginas de Para un ruiseñor no son menos conmovedoras que aquellas de Hace cuarenta años. Es evidente que su autora rememora el mismo episodio vital, pero ahora con indudable tristeza. Si entonces volvía a poner en pie, con cada detalle, con cada mínimo gesto, un momento pasado que revivía como el más vivo presente, ahora parece no atreverse a volver enteramente a ese mundo. Y esa vida pasada no es ahora una existencia paralela, sino que adopta la figura de un ruiseñor que viene a cantar junto a su ventana, como si el camino de vuelta, que la autora recorría en Hace cuarenta años para volver al pasado vivo, se hubiera cegado de pronto y su recuerdo no fuera ya un mapa de regreso sino pura melancolía.

Con ese lirismo que nos recuerda tanto a san Juan de la Cruz como a John Keats, que va del símbolo a lo real, Para un ruiseñor es mucho más que una memoria del amor: nos enseña a vivir en varios tiempos a la vez, a vivir la vida sin dejar de vivir nuestras vidas anteriores, a sobrevivir a la intensidad pasada sin perderla, y, lo más importante, sin renunciar a la intensidad presente. Pocas obras en prosa hay tan hermosas como esta.

Si en Hace cuarenta años, Maria van Rysselberghe nos contaba la historia de amor prohibido que había vivido cuarenta años antes, en Para un ruiseñor da una vuelta de tuerca y, en un ejercicio introspectivo tan bello como desgarrador, nos hace testigos de los sentimientos que aquella pasión le produjo. Dos emociones sobresalen y marcan el tono de todo el relato (no se le puede llamar novela, porque creo que son unas veinticinco páginas en total): la tristeza y la nostalgia. Maria recuerda y llora su pena a un ruiseñor (de ahí el título). Y, con la capacidad de empatía que consigue la autora, nos traslada a los lectores a su estado melancólico. Difícil no emocionarse…

Quiero destacar el increíble prólogo, a cargo de Martín López-Vega, que nos proporciona todas las claves de la obra de Maria van Rysselberghe. Un auténtico descubrimiento…

¿Conocéis Para un ruiseñor? ¿Os gustó? Tenéis abiertos los comentarios, como siempre.

Stefan Zweig: ‘Carta de una desconocida’

Parece que 2014 es el año de los libros breves, pero intensos. El de hoy es otra maravilla: Carta de una desconocida, de Stefan Zweig.

'Carta de una desconocida'

‘Carta de una desconocida’

«Solo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero solo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora».

Lo leí de una sentada el sábado por la noche, en parte porque es brevísimo, en parte porque engancha desde la primera línea. Un escritor recibe una carta de una mujer; en ella la mujer le confiesa su amor por él, un amor que abarca los últimos quince años de la vida de la desconocida. Y no quiero/puedo desvelaros más, tenéis que leer lo que les ocurre. Como ya se dice en el párrafo que la editorial Acantilado utiliza como sinopsis, os adelanto que la mujer está muerta (para darle más emoción al asunto).

Es una bellísima declaración de amor en forma de carta. Unas letras llenas de amor, pero también de obsesión, tristeza, desesperación y muerte. Porque las relaciones amorosas no siempre son justas, y en esta historia Zweig pone el énfasis en la desigualdad del (des)amor con suma brillantez. ¡Qué formas más distintas de vivir un mismo hecho, la del escritor y la de la mujer! Qué intensidad tiene todo. Y qué triste…

Tengo que decir que este libro me lo recomendó hace unos cuantos meses ya una lectora del blog y, aunque lo tenía esperándome en casa, el otro día me decidí a cogerlo porque una amiga me confirmó que era una maravilla. Y sí, os tengo que dar la razón y, por supuesto, las gracias… Si queréis comentar algo sobre Carta de una desconocida, sobre Zweig o sobre lo que queráis, tenéis los comentarios a vuestra disposición.

Maria van Rysselberghe: ‘Hace cuarenta años’

La primera gran JOYA (así, en mayúsculas, negrita y subrayado) de este 2014; para mí, desde ya, un libro imprescindible. Hablo de Hace cuarenta años, de Maria van Rysselberghe.

'Hace cuarenta años'

‘Hace cuarenta años’

Estamos a finales del siglo xix, en una playa del mar del Norte donde nacerá una pasión absoluta y singular entre Émile y Maria. Será esta quien nos cuente, cuarenta años después, cómo fue aquel breve y fascinante amor hecho a medias de exaltación y de sumisión. Lo fugaz y lo eterno, así como lo imposible —pues ambos están casados—, marcan esta poderosa historia que nos recuerda en ocasiones a Stendhal y a Flaubert y que se anticipa a las novelas de Marguerite Duras o a las películas de Ingmar Bergman.

Pocas veces se ha dicho tanto y tan bien sobre el amor arrebatado y sobre su engarce en la realidad, aunque sea esta una realidad de escritores y pintores bohemios al margen de «lo convencional»… y en el límite de lo onírico, como en algunas grandes obras de William Shakespeare.

Una joya secreta de la literatura europea del siglo xx. Una historia de amor escrita con una elegancia absolutamente única.

Es el libro más conmovedor que he leído en muchísimo tiempo. Me resulta increíble que alguien pueda escribir semejante historia de amor en tan pocas páginas y que consiga trasladar todos sus sentimientos al lector de forma tan directa y empática. La historia es poderosísima (un amor de apenas cuatro semanas que retumba en la memoria cuarenta años después), y la forma de contarla no puede ser más tierna, elegante y delicada. Es pura delicia la prosa de esta novela (si no se disfruta con esto, no sé con qué se puede disfrutar, la verdad).

Volvamos a la historia en sí: un amor breve, pero de una intensidad que desafía todos los límites (los de los propios protagonistas, los del amor en sí, los temporales… todos). Un amor que empieza de forma tímida y se acaba convirtiendo en una pasión que perdurará en la memoria de la protagonista incluso cuarenta años después. Porque no hay sentimientos pequeños si son auténticos… Permitidme que cite un fragmento del prólogo que Martín López-Vega escribe para otra novela de la autora, Para un ruiseñor (de la que os hablaré otro día), justo cuando comenta Hace cuarenta años (es que está tan bien escrito, lo explica todo tan bien…):

No hay pasión pequeña, o no sería tal pasión. Las hay más expansivas o más contenidas, más cacareadas o más secretas, pero no las hay mayores o menores. Una pasión, para merecer ese nombre, solo acepta un tamaño: todo. La literatura les sienta bien a las contenidas, a las secretas, a esas que aprovechan el espacio de la página en blanco para decir en el papel lo que tal vez no se atrevieron a decir en la vida.

Hace cuarenta años habla de ese poco tiempo de nuestra existencia que, según aquel viejo epigrama de la Antología palatina, merece ser llamado vida (el resto es solo tiempo). Y nos recuerda la razón de aquellos otros versos de António Botto: «Dicen que la vida es corta. / Cabe en ella un amor eterno, / y aún sobra tanta vida»… Este libro conmovedor nos recuerda precisamente eso, cómo es el tiempo que no sobra, ese que, aunque acabe, no nos abandonará ya jamás. No es en vano haberse sentido, aunque solo fuera una vez, infinitos.

Sumamente recomendable. A mí me ha encantado, aunque su lectura (seguida de Para un ruiseñor) me dejó en un estado de tristeza y melancolía que no me acabo de quitar de encima, a pesar de que han pasado ya unos cuantos días. Siguen retumbando frases en mi mente (por cierto, hice una selección, hay alguna subida a Tumblr): ese final, en que explica el porqué de la novela en ese momento; o la descripción de cómo se buscaban, de cómo se sentían pequeños ante el otro, de cómo se complementaban, de cómo no querían separarse… Es todo tan tierno, tan delicado, tan bonito… que no sé qué pensar (¿la vida fue justa o injusta con ellos?; ¿se merecían ese final?; ¿se merecían que les llegara «ese» amor en ese preciso momento?). Porque, no sé si lo he dicho, pero esto es una historia real… Seguiré dándole vueltas a la cabeza, que es lo mío últimamente.

¿La habéis leído? ¿Conocéis la continuación? Podéis comentar lo que queráis…

Manuel Arranz: ‘Pornografía’

Creo que nunca 46 páginas (sí, habéis leído bien, 46 páginas) habían dado para tanto… Si queréis darle vueltas al coco sobre el amor, leed Pornografía, de Manuel Arranz.

'Pornografía'

‘Pornografía’

Las historias se escriben solas, leemos en esta novela corta. El autor «lo único» que hace es levantar acta, presentar las pruebas, redactar un informe, con más o menos pericia y fidelidad a los hechos. Los hechos están formados por recuerdos, por sueños, por lecturas, por citas, sin relación aparente entre sí, y sin embargo…
«Quisiera poder escribir una historia sencilla, un idilio, un relato de un centenar de páginas. Algo parecido a Así que usted comprenderá de Claudio Magris, ni siquiera tiene el centenar de páginas, pero qué intensidad, qué emoción. Orfeo sigue enamorado de su Eurídice. Mi relato es distinto al de Magris. Sus páginas cuentan la historia de un amor. Las mías, sin embargo, forman parte de la historia. Porque no se puede escribir mientras suceden los hechos. Lo que se escribe mientras suceden los hechos es también un hecho. Las palabras también son hechos. Y necesitamos encontrar un sentido a todo lo que nos ha sucedido».
Pero ¿quién puede decir que comprende el porqué de todo lo que sucede? Una primera novela tan breve como fecunda.
«Quien ama es implacable, no deja pasar ni una».

Tuve que obligarme a parar de leer para no devorarlo de una sentada. Esto es la historia de un hombre que a los casi sesenta años se enamora y vive una intensa pasión. Y aprovecha su historia para reflexionar sobre qué es el amor a través de vivencias, citas, aforismos, pensamientos… Y es de lo más interesante. Porque, en ese reflexionar, el narrador se desnuda totalmente: no el cuerpo, sino el alma (mucho más difícil normalmente). Y no es una mera exposición de sentimientos: hay un intento de profundizar en ellos, incluso de regodearse a veces en las vivencias. Es la realidad de las emociones y sensaciones tal cual es: desnuda, dura, sin maquillajes, sin añadiduras. De ahí, probablemente ese título algo impactante y provocador que promete, quizá, algo que no hay (no es un libro «sexual» estrictamente hablando, aunque claro que puede haber sexo); ahora, lo que sí hay es mucho mejor.

Quise seleccionar alguna frase que me hubiese gustado para el Tumblr y me las vi y me las deseé… ¡Podía haber citado todo el libro! Y eso es muy significativo. Al final sí que subí alguna cosilla, un poco al azar, que podéis ver aquí.

Si buscáis una lectura breve pero que os haga darle vueltas a la cabezota, quizá este sea vuestro libro. Yo lo he disfrutado como una enana…



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