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Día del Libro en Página Dos

Ayer en Página Dos hicieron un especial cargado de recomendaciones para el Día del Libro, que se celebra este jueves. Como alguna es de lo más interesante, os enlazo el programa.

Día del Libro en Página Dos

¿Tenéis algún libro en mente? ¿Compraréis algo el jueves (o cualquier otro de estos días)? ¿Vais a regalar algún libro próximamente? Podéis participar en los comentarios.

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José M. Campos: ‘Lo que yo quería deciros’

Quería haber publicado esta reseña antes, pero llevo un par de semanas superliada de trabajo y no he podido escribirla hasta ahora. Como con todo, más vale tarde que nunca, así que hablemos de lo que nos cuenta José M. Campos en Lo que yo quería deciros, un librito que sorprende.

'Lo que yo quería deciros'

‘Lo que yo quería deciros’

Yo la quería y, a veces, ella me clavaba el codo en las costillas para asegurarse su parcela del perímetro conyugal. Otras, yo le metía traicioneramente el dedo por el culo para que se apartara de un respingo. La mayor parte de las veces, ella se salía con la suya agarrándome fuerte de la tetilla o plantándome sus pies helados en la espalda. Aunque casi siempre yo me reservaba una estratagema: poner cara de pena y, al rato, arrearle un buen mordisco.

Probablemente, la primera sorpresa sea el texto de la contra (no voy a negar que me reí al leerlo). Que conste que no es una sinopsis; es otra historia más de las que componen el libro. Porque el libro es, precisamente, una colección de historias o apuntes o no sé muy bien qué nombre utilizar, con un cierto hilo conductor: su narrador. La sensación que da es la de estar leyendo un blog personal: cada historia constituiría una entrada independiente dentro de ese hilo conductor que son las vivencias y las reflexiones del narrador. Porque Lo que yo quería deciros son las anécdotas, preocupaciones y pensamientos del narrador.

Con un lenguaje muy llano, directo y extremadamente sencillo (aunque, me temo, este es uno de esos casos en que hay mucho más trabajo detrás del que pueda parecer cuando se lee; de todas formas, la edición es regulera y necesita corrección), en ocasiones poético y en ocasiones soez, se van desgranando una serie de temas que, por universales, acaban por tocarnos (o, al menos a mí, algunos de los capítulos realmente me conmovieron). Es un libro sensible (aunque no sensiblero, todo lo contrario, a pesar de lo que pueda parecer por los textos que he seleccionado a continuación), que apela a nuestras propias experiencias y sentimientos.

Y ¿sobre qué habla este narrador? Toca muchos temas, como es lógico cuando el leitmotiv es la vida en sí. Por ejemplo, tenemos fragmentos sobre la soledad:

Qué solos estamos.
Y vale, sí: encuentras gente con la que compartir una larga conversación junto al radiador, un paseo bajo la lluvia, impresiones acerca de la última película de ese director  surcoreano de nombre impronunciable, confidencias, un porrete, un helado de vainilla, la vida entera.
Pero en serio: qué solos estamos.

Sobre lo difícil que es encontrar el amor:

Coincidir, eso es lo más difícil, una utopía transpersonal, una afrenta en toda regla a la arbitrariedad del amor, el tiempo y el espacio.
Y es que a ver: tan solo somos moléculas, insignificantes reacciones químicas flotando a la deriva en un universo inabarcable. ¿Cómo podemos, entonces, albergar la más mínima esperanza de encontrar ese compañero de fatigas, esa piel que se toque con nuestra piel sin producir alergias, respingos ni cualquier otra contrariedad epidérmica; ese espíritu análogo, esa bala perdida, esa soledad poblada de demonios que, en lugar de enfurecer a los nuestros, se siente tranquilamente con ellos a tomar café y a hablar de lo caro que está todo?
Por favor, contemplad las estrellas. Es tan difícil coincidir, casi jodidamente imposible. 
Pero ojalá tengáis suerte.
El resto es automático.

Sobre lo difícil que es el amor en sí:

Es muy putas el amor, la verdad.

Sobre encuentros y desencuentros:

Y que jamás tendremos ni puta idea de por qué sucede esto. Que parecemos condenados a encontrarnos y desencontrarnos todo el tiempo. Que a veces necesitamos gritarnos, abandonarnos y herirnos de muerte para recordar cómo era eso de querernos. Que cualquier noche, cuando nos acurruquemos en la cama, quizá ya no haya mañana. Que ojalá haber sentido mucho antes el calor de tu cuerpo. Que esto siempre acaba resultando una movida complicadísima. Que puede que no convenga pensar demasiado en ello.
Porque esto, sencillamente, es lo único que tenemos.

Sobre la rutina en las relaciones:

Pero poco a poco llegó la rutina: esos besos de medio lado, apresurados; esos desayunos en silencio, como si ya se hubieran acabado las palabras; esos polvos un poco mecánicos, gimnásticos, feotes; ese estoy aquí pero no estoy, esos reproches, ese déjame en paz; ese quedarse dormido viendo el telediario y despertar a solas en plena noche, despanzurrado en el sofá, con la única compañía de una manta.

Sobre el desamor y la nostalgia por relaciones rotas:

Lo que yo busco ahora es alguien que me eche una manta cuando me quede dormido viendo el telediario.

Sobre la pena:

Y bueno, respecto a la pena, lo primero que hay que decir es que es una auténtica zorra hija de la gran puta.

También hay sitio para la felicidad dentro de una relación amorosa:

Ya no me acuerdo ni de qué te contesté.
Aunque sí de una certeza: vale, podía morirme mañana.
Pero quería pasar el resto de mi vida contigo.

El sexo cómplice:

Y con el paso del tiempo, entendimos que el fin no era tanto poseernos como dilatar eternamente aquel instante, que era nuestro y de nadie más, psicológicamente coherentes, cachondos como solo pueden estarlo los mismísimos dioses.
Pero en fin: también éramos humanos.
De modo que, en algún momento, al final acabábamos por rendirnos el uno al otro, nos comíamos a besos, nos hundíamos en aquella cama como si estuviera hecha de arenas movedizas. […]
Y así acababan nuestros encuentros: muy desnudos y abrazados, tu rostro sobre mi pecho. […]
Yo qué sé: la cosa es quererse mucho.

Hay tiempo, asimismo, para reflexionar sobre la muerte:

Lo que yo quería deciros es lo siguiente: que os vais a morir. […]
Al fin y al cabo, ¿a quién debemos rendir cuentas? ¿A los tiranos? ¿A los jueces? ¿A nuestros maestros y padres? Todos van a morir. ¿A nuestros recuerdos, a nuestros anhelos y carencias? Morirán con nosotros. Y con nosotros, nuestra absurda manía de rendirnos cuentas a nosotros mismos.

Y, sobre todo, en el libro encontramos una invitación: a vivir plenamente. Carpe diem:

Dicho de otro modo: seamos.
Tenemos la coartada perfecta.

Yo me quedo con esto, vivamos. Y disfrutemos. Disfrutemos de la gente que tenemos alrededor y nos quiere. Disfrutemos del amor. Disfrutemos de la vida, en definitiva.

Le dije a la persona que me recomendó este libro que le iba a comentar qué historias eran las que más me habían gustado. Como ya le dije, probablemente las más moñas. Por si le pica la curiosidad, fueron estas: «Estudio empírico» (muy fan de esta historia de «prequierismo»), «Quiero besarte» (pelín triste tener que buscar excusas para darle un beso a la persona que quieres, ¿no?), «En esta vida» (gran verdad, cómo la cagamos a veces), «Todo podía ser cualquier cosa» (qué felices cuando nadie nos ha hecho daño nunca, yo lucho por volver a ese estado), «Lo único que tenemos» (me parece una de las reflexiones más certeras del libro) y, por supuesto, el texto de la contra (la carcajada con el dedo en el culo fue antológica). ;)

Gracias, de nuevo, por la recomendación (obviamente, sabes quién eres y este párrafo va para ti). Y, si lees algo que te guste, sea lo que sea, dímelo; es lo que hacen los prescriptores de libros y ya te dije el otro día que te habías convertido en uno de los míos (porque la música la tenemos un poco olvidada, ¿no?). ¡Gracias, de verdad!

Y, como siempre, los comentarios están abiertos.

Liberación masiva de libros 2015

Me han pasado esta información y, aunque yo no soy muy dada a estas cosas, he pensado que igual a alguien le podría interesar.

El colectivo Amor al arte lleva varios años organizando «liberaciones de libros» (no me gusta nada el término). Lo que proponen es que todo aquel que quiera elija un libro del que no le importe deshacerse, le ponga una dedicatoria bonita (en la que quede claro que es un libro liberado, en plan bookcrossing) y que lo deje en algún sitio público de su elección. Y así es como celebran el Día del Libro (la liberación es el próximo 23 de abril).

Podéis ver toda la información en la página del evento que han montado en Facebook.

Si alguien quiere hacerlo, adelante. Si además nos lo cuenta, mejor. ¿Qué libro liberaríais? ¿Dónde lo haríais? Podéis comentar lo que queráis.

Sara Mesa: ‘Cicatriz’

No sé qué me está pasando últimamente con Anagrama que, novela suya que elijo, novela que devoro y me encanta. Hoy, una que me ha parecido un auténtico novelón: Cicatriz, de Sara Mesa.

'Cicatriz'

‘Cicatriz’

Sonia conoce a Knut en un foro literario de internet y, a pesar de los setecientos kilómetros que los separan, establece con él una particular relación marcada por la obsesión y la extrañeza. Entre la atracción y la repulsión, no puede evitar sentirse fascinada por este personaje insólito y perfeccionista, que vive fuera de toda norma social y que la corteja a través de suntuosos regalos robados. «Le gustaba ir siempre bien vestido, incluso para ir a robar una simple lata de conservas. Tan joven y hablando de escritores del XIX. Filosofando. Cuestionándolo todo. Teorizando sobre el individuo y el grupo, y la hipocresía social, y los chivos expiatorios, y Dios y el destino, la virginidad y el sexo. Solía decir que no hay placer comparable a pensar. Y no, no era petulante ni vanidoso. Era simplemente… exhaustivo». Su necesidad de poner distancia cuando Knut se vuelve demasiado absorbente, pero también su irrefrenable curiosidad y el ansia de vivir experiencias más allá de una existencia excesivamente reglada, llevarán a Sonia a una doble vida secreta en la que quedará atrapada durante años sin posibilidad de exculparse.

En esta inusitada historia, Sara Mesa recupera temas que ya aparecieron en sus primeras obras narrativas, dándoles forma a través de un estilo conciso y ecléctico en un mundo —frío, escasamente comunicativo— cuyas reglas establecen únicamente los propios personajes que lo habitan. Cicatriz no es solo una inquietante historia de amor descompensado protagonizada por dos seres muy distintos pero a la vez complementarios, es también una reflexión sobre la sociedad de consumo y los robos a gran escala en grandes almacenes, la sumisión y el poder, la anulación del deseo y la carnalidad, el refugio de la infancia, la fantasía como alternativa, la culpa y la expiación, la escritura y la vocación literaria.

Podría empezar (y terminar) esta entrada diciendo lo siguiente: en mi próxima vida, quiero ser escritora y escribir como Sara Mesa. Creo que queda todo dicho. De verdad que me ha parecido una novela buenísima. Eso sí, un rato inquietante también.

Cicatriz es la historia de dos personas que se conocen a través de internet porque, en teoría, tienen un interés en común: la literatura. A partir de ahí se establece un vínculo entre ellas, bastante extraño y perturbador, marcado, sobre todo, por la obsesión que él siente por ella. Y ella, viviendo una doble vida (cosa fácil cuando nos parapetamos tras pantallas), se deja arrastrar por una curiosidad morbosa que la lleva a situaciones que rechaza y anhela por igual.

Knut se enamora (¿es amor, qué narices es esto?) de Sonia y empieza a escribirle y mandarle regalos. Empieza con libros. Después llegan los perfumes. Y los zapatos. La ropa. La lencería. Todo de marca. Todo robado. Pero ella no se niega. Al contrario, no se puede resistir a lo que él le da. Quiere rechazarlo a temporadas, pero siempre vuelve a él. Es todo una locura. Y se intuye que es algo turbio, que no puede llevar a buen puerto.

En Cicatriz hay una crítica a lo desconectados que vivimos los unos de los otros en este siglo. Las relaciones son efímeras, muchas veces ni siquiera físicas. El anonimato de internet tiene sus peligros (ojito, a ver a quiénes conocéis por la red). Y, además, estamos anclados en el mundo del consumo (es la novela en la que más nombres de marcas aparecen que he leído en mi vida): otra crítica muy explícita.

Desde luego, leyendo la novela da la sensación de que vivimos rodeados de mierda, que nada merece la pena. Y esa sensación de constante acoso, casi de intrusión en nuestras vidas a través del personaje de Knut, que es un chalado en toda regla… ¡es angustioso a ratos! Pero la novela engancha. Y quieres saber más. A pesar de que, por el desorden cronológico, conoces detalles de la historia desde el comienzo. Y, aun así, no se puede dejar de leer. Merece mucho la pena esta novela.

La autora, Sara Mesa, me parece un auténtico descubrimiento. Me han hablado muy bien de Cuatro por cuatro, su anterior novela, intentaré hacerme con ella cuanto antes. Y, ya sabéis, yo en mi próxima vida quiero ser escritora y escribir historias perturbadoras con la solvencia y buen hacer de Sara Mesa.

¿Alguien ha leído Cicatriz? ¿Os llama la atención? ¿Alguien ha leído Cuatro por cuatro y me puede decir si realmente es tan buena? Tenéis los comentarios para lo que queráis, como siempre.

Michel Houellebecq: ‘La posibilidad de una isla’

A la espera de que nos llegue a España la última novela de Michel Houellebecq (ahora creo que la anuncian para mayo), cayó en mis manos La posibilidad de una isla. Y, aunque no me ha gustado tanto como otras novelas del autor, vuelve a poner el dedo en la llaga.

'La posibilidad de una isla'

‘La posibilidad de una isla’

«¿Quién, entre vosotros, merece la vida eterna?».

La posibilidad de una isla es la historia de Daniel, famoso por sus monólogos cáusticos en los que mezcla la provocación con una visión fría y cruel de la existencia. El protagonista narra los últimos años de su vida, sus relaciones sexuales y amorosas con Isabelle y con Esther, y su contacto con una secta cuyos miembros aseguran que el ser humano alcanzará la inmortalidad.

Temas filosóficos, sociales, políticos y científicos, clonación y sexo, juventud y vejez, violencia y deseo… Toda la fuerza del pensamiento de Houellebecq se da cita en las narraciones de Daniel1, Daniel24 y Daniel25, que, separadas por dos mil años, se cruzan en una trama donde las ideas tiran a dar.

Alguien me dijo una vez que, leída una novela de Houellebecq, leídas todas. Y tengo que reconocer que, en parte, esa persona tenía razón. Y lo he comprobado una vez más con La posibilidad de una isla, que no deja de ser una variación de todo lo que había leído antes de él a la que incorpora un elemento de ciencia ficción y un final apocalíptico.

Y es que Houellebecq trata sus temas habituales y llega a las mismas conclusiones que en otras de sus obras. La sociedad está enferma. Una vez que envejecemos o que nuestros cuerpos se marchitan, ya no valemos. Nos relacionamos mal: el amor no existe y, si aparece, siempre lo hace en desequilibrio (hago un inciso aquí, porque sí hay una relación de afecto sincero: la de los hombres con sus mascotas; Daniel siente verdadero cariño por su perro Fox y siente más su muerte que la de algunas de sus parejas). La única forma de relacionarse es el sexo (también de forma poco equilibrada a veces; por cierto, esto sobra pero, por si acaso, aviso de que hay mucho sexo explícito en la novela). Hay crítica a cualquier expresión artística o humanística. La religión es una pantomima. Y, de hecho, la religión, la creación de una secta en realidad, es el detonante de todo lo que ocurre en la novela. Vamos a morir solos. ¿Quieres cambiar tu vida y ser inmortal? Síguenos, te vamos a ayudar. La ciencia te va a ayudar. Se crea una nueva «raza» más avanzada, la de los neohumanos, cuyos miembros no necesitan relacionarse con los demás, vidas asépticas.

He mezclado todo mucho, para que os quedéis con ideas sueltas y acudáis a la novela si os han llamado la atención. Houellebecq no deja indiferente. Para bien o para mal, es difícil acabar una novela del autor francés y no haber sentido nada (aunque sea repulsión o tristeza o soledad o desesperanza…). Eso sí, esta novela es la más floja del autor (me queda una por leer, pero me han asegurado que esta es la peor). Yo sigo esperando Sumisión

Vuestro turno. ¿Queréis comentar algo de la novela, de Houellebecq, de Sumisión, de cualquier cosa? Pues tenéis los comentarios abiertos para lo que queráis.

Jean-Paul Didierlaurent: ‘El lector del tren de las 6.27′

Pues resulta que leí una novela de Houellebec y, después de su lectura, decidí que tenía que cambiar a algo amable, humano, bonito, optimista… Y me recomendaron El lector del tren de las 6.27, de Jean-Paul Didierlaurent.

'El lector del tren de las 6.27'

‘El lector del tren de las 6.27′

Guibrando Viñol no es ni guapo ni feo, ni gordo ni flaco. Su trabajo consiste en destruir lo que más ama: es el encargado de supervisar la Cosa, la abominable máquina que tritura los libros que ya nadie quiere leer. Al final de la jornada, Guibrando saca de las entrañas del monstruo las pocas páginas que han sobrevivido a la carnicería. Cada mañana, en el tren de las 6.27, se dedica a leerlas en voz alta para deleite de los pasajeros habituales. Un día descubre por casualidad una pieza de literatura atípica que le cambiará la vida.

La amistad une a un grupo de personajes aparentemente anodinos, probables compañeros invisibles de nuestros viajes cotidianos en tren, que esconden mundos extraordinarios donde todo es posible: un vigilante de seguridad que habla en verso, una princesa cuyo palacio es un aseo público y un mutilado que encuentra sus piernas en el lugar más extraño. En una mezcla insólita de humor negro y dulzura, celebramos con ellos el triunfo de los incomprendidos.

Pues voy a ser muy clara: si esto es lo humano, bonito y amable… ¡qué aburrimiento! No me ha convencido nada esta novela y, si la he acabado, ha sido solo porque es muy breve (unas 200 páginas con un cuerpo enorme).

Ya desde el principio me pareció una mezcla curiosa y desequilibrada, que yo relacioné con dos referentes: la película Amélie y la maravillosa novela de Bohumil Hrabal Una soledad demasiado ruidosa (si no la habéis leído, ya estáis tardando). Pero, ni logra el encanto de Amélie, ni la hondura y la factura de Una soledad demasiado ruidosa. (El otro día comenté esto por Twitter y me preguntaron el porqué de estos dos referentes. Amélie, porque la novela quiere ser buenrollista e ir «ayudando» personaje a personaje, pero no tiene el sentido del humor ni la magia de la película. Una soledad demasiado ruidosa, por la trituradora de libros de los que se salvan páginas; pero ya le gustaría a esto ser la historia de Hanta).

La novela, para mí, no funciona. La primera parte es pesada y, después, hay una desconexión total entre las historias, que casi parecen compartimentos estancos, no da sensación de novela. Y, además, las tramas no resultan interesantes. Los textos que se leen (y se reproducen) son terriblemente tediosos. Vamos, que me ha resultado todo un auténtico tostón.

No sé si alguien habrá leído la novela. Si alguien lo ha hecho y tiene una opinión distinta, por favor que me lo cuente. A mí, desde luego, no me ha podido decepcionar más.

Sara Herranz: ‘Todo lo que (nunca) te dije lo guardo aquí’

Han caído en mis manos un par de libros de ilustración estos días. Sin duda, me quedo con este de Sara Herranz, Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí.

'Todo lo que (nunca) te dije lo guardo aquí'.

‘Todo lo que (nunca) te dije lo guardo aquí’

Sonó la peor canción de la historia y entonces llegaron las cenas, las copas de vino, las camas deshechas, los viejos poemas, las ganas de verte, de sentir el vacío, de disfrutar de las vistas. No somos la típica historia de amor.

Somos los héroes de la resistencia del asfalto.

Sara Herranz pertenece a ese grupo de ilustradoras que se están volviendo muy conocidas, todas con libro(s) y una legión de seguidores en las redes sociales. De hecho, ya se habla del «boom de las ilustradoras indies». Seguro que si os empezara a decir nombres, os suena más de uno: Paula Bonet (de la que he hablado ya en el blog; tiene un libro nuevo pre-cio-so), Lyona Ivanova (polifacética donde las haya), Sara Fratini (su La buena vida es optimista por los cuatro costados), Agustina Guerrero (quien no conozca a la Volátil no sabe lo que se pierde; creo que absolutamente todas las mujeres nos identificamos con ella) o Raquel Córcoles (con su Moderna de Pueblo: ¿cómo no amar al Cooltureta?), por poner algún ejemplo.

Las ilustraciones de Sara Herranz son fácilmente reconocibles: en blanco y negro con un toque de rojo. En Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí, vienen acompañadas por pequeños textos que narran una historia de amor-desamor de lo más hipster (cómo no, aquí todos son modernetes barbudos lectores de Carver, Bukowski y Houellebecq, atormentados porque no saben canalizar la felicidad).

Una historia de amor como otra cualquiera. A la vez, una historia de amor sumamente especial como todas las historias de amor: «Somos la típica historia de amor de la que hablan todas las (buenas) canciones». (¿Por qué siempre pensamos que nuestra historia es «la más especial»? Quizá porque, para nosotros, lo es).

La protagonista de la historia, Sara, se enamora, vive una historia que la hace feliz, la dejan y se rompe. Y es una ruptura como todas las rupturas del mundo: «Es curioso. Nos sentimos únicos, diferentes al resto, pero al final todos sufrimos la misma mierda, alguien que nos hiere, nos quema, nos rompe, y ya nunca volvemos a ser los mismos. […] Que te rompan el corazón no es el fin del mundo, no es el fin de nada».

Tras un tiempo recomponiéndose («arrimándose a la barba que más calienta»), la rueda vuelve a girar y todo empieza de nuevo con otra persona. ¿Qué pasará después?

Os copiaría frases que me han gustado o que me han hecho gracia, pero el libro es tan breve que me arriesgo a copiar más de la mitad, así que mejor le echáis un vistazo, disfrutáis de algunas de esas frases (voy a hacer mías un par de ellas) y, sobre todo, os deleitáis con las ilustraciones de Sara Herranz, lo mejorcito de este libro sin duda.

¿Conocíais a Sara Herranz? ¿Alguien ha leído el libro? Podéis comentar lo que queráis.

David Trueba en ‘Página Dos’

Ayer, David Trueba fue el invitado principal de Página Dos, el programa sobre libros de La 2. Como justo hablé de Blitz, la última novela de Trueba, en la última reseña, creo que es buena idea que os deje el enlace al programa, en el que el propio Trueba habla sobre Blitz. Siempre es un placer escuchar a Trueba, tan lúcido y ameno. Si os lo perdisteis ayer en la televisión, aquí lo tenéis:

Página Dos: David Trueba

David Trueba: ‘Blitz’

Vamos con el libro del momento (con permiso de la novela de Busquets), Blitz, de David Trueba, autor por el que tengo predilección desde que leí, hace muchos años ya, su obra Cuatro amigos.

'Blitz'

‘Blitz’

Blitz podría ser una tragicomedia romántica. Pero como ese género no existe, estamos invitados a ignorar las etiquetas y centrarnos de manera apasionada en la peripecia de los personajes. En especial de Beto, un joven arquitecto paisajista que llega a las costas de Múnich en medio de un naufragio vital y sentimental. Invitado a participar en un concurso que podría solucionar sus perspectivas de futuro, ha llegado acompañado por su novia. Pero, casi al instante, su estancia en Alemania se convertirá en una comedia humana. Bajo el destello de un relámpago, que es exactamente lo que significa la palabra blitz, tendrá que afrontar un cambio de vida e ideales. 

Llena de emotivas instantáneas del amor perdido, bajo una escritura afilada por el sentido del humor, los personajes parecen deslizarse dentro de un reloj de arena. Porque será la reflexión sobre el discurrir del tiempo lo que conduzca al protagonista hacia una mujer de otra edad, Helga, en un encuentro intergeneracional que es el corazón del relato. Pegado a los pensamientos de Beto, el lector no dejará de preguntarse a cada momento por lo que le espera en la página siguiente. ¿Y ahora qué? La respuesta se esconde en esta narración destilada, la esperada nueva novela de David Trueba tras Saber perder, que se alzó con el Premio de la Crítica en 2008.

Trueba nos propone en Blitz una reflexión sobre el tiempo: el tiempo objetivo y el tiempo subjetivo. Y para ello cobra especial protagonismo un elemento que es la representación gráfica perfecta de su paso: el reloj de arena. Pero el reloj de arena sería el paso del tiempo objetivo. También es objetiva la distribución de los capítulos ordenados en meses. Y ¿cómo se expresa el subjetivo? Con la extensión de cada uno de esos capítulos. Aquellos en los que cambia la vida del protagonista o con vivencias que él percibe como importantes son largos (el capítulo dedicado a enero, con cuatro días verdaderamente definitivos en la vida de Beto, dura el 80 % o más de la novela), mientras que el resto se los ventila en apenas página y media (aunque sucedan hechos que podrían marcar al personaje, como un cambio de ciudad, a él no le afectan tanto afectivamente, no son importantes para él, no merecen más extensión). También juega con otros motivos relacionados con el tiempo como la edad (más bien, la diferencia de edad entre Helga y Beto) o con la forma diferente de percepción que de él tenemos (con ansiedad ella —y la entiendo, quizá porque últimamente yo también me siento un poco agobiada con este tema— o con apatía él).

Y, en ese discurrir del tiempo, de repente, un relámpago: algo que llega sin avisar y que nos cambia la vida por completo. Supongo que a todos nos ha pasado alguna vez (yo siempre digo, por ejemplo, que mi vida cambió para siempre en una llamada telefónica de dos minutos, no os podéis hacer a la idea de cuánto). A Beto le llega un whatsapp «por equivocación» y ese hecho lo va a dejar a la deriva, perdido, hasta que se choque frontalmente con una mujer, Helga, mucho mayor que él, con la que tendrá un encuentro sexual que, de nuevo, cambiará su vida (y todo en cuatro días; y es que la vida cambia en un tris).

No os voy a contar más. Mejor leéis el texto, si no lo habéis hecho aún, porque Trueba nunca defrauda. La novela me ha gustado mucho y a mí Trueba me parece un gran escritor. No obstante, sí que le pongo un pero enorme a Blitz: su extensión. Esto dura un suspiro. Son pocas páginas, con un cuerpo y unos márgenes enormes, con ilustraciones… Es excesivamente breve. Y, ojo, que el tema y la historia daban mucho más de sí. Yo no sé si aquí ha habido prisas por publicar por parte de Anagrama o si ha sido cosa de Trueba o qué, pero te quedas con ganas de más, de más lectura y de más profundización en la historia entre Helga y Beto. Parece más un relato largo que una novela en sí (de hecho, estoy corrigiendo un libro de relatos y algunos son más largos que Blitz). Pero me ha gustado mucho, fue una lectura de lo más amena.

¿Y ahora qué? Pues vuestro turno. ¿La habéis leído? ¿Qué opináis de Blitz? Como siempre, tenéis los comentarios a vuestra disposición.

Donna Tartt: ‘El jilguero’

Cuando el pasado mes de abril leí El secreto, de Donna Tartt, justo hacía apenas un mes que había salido en España El jilguero, la última novela de la autora; novela, por cierto, por la que le concedieron el premio Pulitzer 2014. ¿Merecido?

'El jilguero'

‘El jilguero’

Al empezar El jilguero, entramos en una habitación de hotel en Ámsterdam. Theo Decker lleva más de una semana encerrado entre esas cuatro paredes, fumando sin parar, bebiendo vodka y masticando miedo. Es un hombre joven, pero su historia es larga y ni él sabe bien por qué ha llegado hasta aquí.

¿Cómo empezó todo? Con una explosión en el Metropolitan Museum de Nueva York hace unos diez años y la imagen de un jilguero de plumas doradas, un cuadro espléndido del siglo XVII que desapareció entre el polvo y los cascotes. Quien se lo llevó fue el mismo Theo, un chiquillo entonces, que de pronto se quedó huérfano de madre y se dedicó a malgastar su vida, mientras el recuerdo de una niña pelirroja llenaba sus noches y un bulto sospechoso iba pasando de mano en mano hasta llegar a Holanda.

¿Cómo acabará todo? Para saberlo hay que dejarse llevar por el talento de Donna Tartt, la autora que ha conseguido poner al día las reglas de los grandes maestros del siglo XIX, siguiendo a Dickens pero también a los personajes de Breaking Bad, y aquí está El jilguero, probablemente el primer clásico del siglo XXI.

Primer clásico de este siglo, premio Pulitzer 2014, primer puesto en las listas de mejores libros de 2014… ¿tan bueno es El jilguero? Mi humilde opinión: no. Vamos por partes.

Es indudable que El jilguero tiene sus virtudes. Una de ellas, incontestable desde mi punto de vista, es que Donna Tartt escribe muy bien. Porque, aunque muchos me critiquéis por decir esto continuamente, hacer que el lector se lea del tirón las casi 1200 páginas de la novela sin despeinarse a mí me parece un mérito de los gordos. No es nada fácil de conseguir. Y Donna Tartt lo hace magníficamente bien (ojo, me refiero a lo puramente formal, en el fondo entramos después). Tú te subes a la novela como si fuera un tren y te dejas llevar, sobre raíles. Un viaje cómodo y perfecto. Repito: esto no es fácil de lograr (y, ojo, no es lo que yo siempre busco como lectora, pero aquí está y está bien). Punto a favor de la Tartt (y de Aurora Echevarría, la traductora al castellano, y del equipo de corrección, que me parece que han hecho un trabajo inmenso, digno de aplauso).

Y, además, plantea una historia a priori interesante. Theo Decker lo tiene todo para ser un gran personaje: una infancia traumática, un padre problemático, un gran secreto, una historia de amor, problemas con las drogas, una cierta picaresca, una desazón vital importante… A mí me recuerda a ciertos personajes de Dickens en pleno siglo XXI. Pero la novela cojea y hace cojear a Theo.

Primer punto muy negativo, según mi punto de vista, de El jilguero: algunas de las tramas, después de páginas y más páginas de rollo macabeo, se ventilan en un párrafo. Y no son tramas secundarias precisamente. Pero la Tartt elige sobre todo una, que exprime hasta la última gota (o más), y el resto se queda en una especie de tierra de nadie. A mí esto me enfadó mucho, me pareció un timo. Sobre todo porque creo que a la novela le sobran unas 500 páginas (que se dice pronto); considero que podrían haber aprovechado ese espacio para acabar la novela en condiciones. Hay episodios eternos, que no tengo claro que aporten tanto como por su extensión se podría pensar. Quienes hayáis leído la novela igual me matáis con lo que voy a decir, pero todos los capítulos de Las Vegas, aunque imprescindibles por absolutamente todo lo que pasa después, son infumables. Yo ahí eliminaba muchísimas páginas. No me dicen nada. Claro que la trama principal le debe todo a la época de Las Vegas, pero reconozco que estuve a punto de dejar la novela ahí. Me reenganché con la vuelta a Nueva York, donde se abren vías interesantísimas; esas mismas que luego la Tartt se carga en un párrafo a lo sumo. No lo entiendo.

Segundo punto negativo: esto no es El secreto. El secreto me gustó muchísimo y pensaba, por todas las críticas que había leído, que esta iba a ser mucho mejor. Pues no. Mis expectativas no se cumplieron en absoluto. Claro, esto es problema mío. Pero hace que mi sensación general poslectura sea peor. ¿Me habría gustado más si no hubiera leído pocos meses antes El secreto? Probablemente, mi percepción sería la de que El jilguero es un muy buen libro de playa, sumamente entretenido (salvo que, como pesa como dos ladrillos o más, no es práctico para la playa). Porque, ojo, a pesar de que le sobran páginas y no cierra (o malcierra) algunas tramas, la aventura es de lo más amena. Y sigo pensando que Theo Decker es un gran personaje.

¿La recomendaría? No sé qué decir. Creo que es una novela con sus virtudes y sus defectos, que no me ha maravillado, pero que me ha entretenido. De hecho, al principio me gustó mucho (aunque luego estuve a punto de abandonarla en la estantería para siempre). No sé qué contestar. A ratos pienso que está bien, a ratos pienso que es un bodrio (y voy cambiando de opinión según los días; cada vez voy a peor, todo sea dicho). Quizá deberíais juzgar vosotros mismos. Sí que puedo decir que, por lo que leo en otros blogs y en las redes sociales, en general ha gustado bastante (aunque también leí que era la novela que más se había abandonado sin terminar en Inglaterra el año pasado: para gustos, los colores).

¿Alguien la ha leído? Pues que nos dé su opinión en los comentarios, por favor.



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