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Concordancia de número del ‘le’ anticipador

Hay un error gramatical bastante común que, no sé por qué, últimamente está por todos sitios. No hay texto en el que no lo corrija y, además, lo veo a diario en periódicos, rótulos y redes sociales. Me estoy refiriendo a la falta de concordancia de número del pronombre anticipador le (el otro día puse esto en Twitter y me dijeron que sonaba un poco como «el núcleo irradiador», así que ahora os lo explico).

En castellano, le/s son los pronombres que sustituyen al complemento indirecto. Pongo un ejemplo fácil:

He comprado un libro (CD) a mi hermano (CI). → Le (CI) he comprado un libro (CD).

Pero ¿no os suena un poco rara la primera frase del ejemplo? ¿No es sonaría más natural de la siguiente manera?

Le he comprado un libro a mi hermano.

Mejor, ¿no? Hemos añadido un pronombre le que no sustituye al CI (porque sigue apareciendo el «a mi hermano»). ¿Qué es ese le? Un pronombre anticipador de CI. Avisa de que viene un CI después. Efectivamente, hay construcciones en castellano que necesitan un anticipador. Ahora podría soltaros una chapa de gramática, contaros por qué y demás, pero sería irme por las ramas, porque yo quiero llegar al error que veo por doquier.

Como ya he dicho antes, es la falta de concordancia de número entre el pronombre y el CI de después. Como siempre, un ejemplo:

*Le he comprado un libro a mis padres.

Si el CI («a mis padres») es plural, el pronombre anticipador debería ir en plural también (lógica aplastante) y ser les.

Les he comprado un libro a mis padres.

Pues no os imagináis la de veces que se ve esto mal. Además, suele ser este caso: pronombre en singular y complemento en plural.

Espero que, a partir de ahora, al menos vosotros lo escribáis correctamente. En la lengua hablada es más disculpable, porque a veces la mente va muy rápido y empezamos a hablar pensando en un complemento en singular y cambiamos según estamos hablando. Pero en la lengua escrita es un error intolerable. Por favor, repasad bien vuestros escritos y cercioraos de que no os habéis dejado ningún pronombre sin concordar por ahí.

Al ver como rugen las flores

Llevaba un tiempo con la idea de escribir sobre una no-tilde en la cabeza. Y escuchando cierta canción (que alguno, sobre todo uno, habrá identificado por el título de la entrada) encontré el ejemplo perfecto para explicar ese como al que, me juego lo que sea, muchos estaréis pensando que le falta la tilde. ¿Me equivoco? Escribo el verso entero:

Callarán todos los miedos al ver como rugen las flores.

¿Le ponemos la tilde al como o no? Ya os imaginaréis que no, que ese como no lleva tilde. Pero ¿por qué, si siempre lo hemos escrito con tilde? Porque el cómo (con tilde) es adverbio y este como es una conjunción (disfrazada, eso sí, de adverbio, porque se pronuncia tónico). No obstante, como solo lleva un disfraz, vamos a desenmascararlo con un par de trucos que nos van a servir para reconocerlo fácilmente.

1) El como conjunción aparece con verbos de percepción (ver, oír y sus sinónimos). Con otro tipo de verbos (que no sean de percepción), nos podemos olvidar de él. En nuestro ejemplo, se cumple el requisito, porque se emplea el verbo ver.

2) El como conjunción puede sustituirse por otra conjunción: que. ¿Podemos hacer aquí la conversión? Si funciona y la frase sigue teniendo sentido… debemos ir olvidándonos de la tilde. En el verso de la canción, la sustitución encaja perfectamente:

Callarán todos los miedos al ver como rugen las flores

Callarán todos los miedos al ver que rugen las flores.

Básicamente, si se cumplen estos dos requisitos, estamos ante el como conjunción (sin tilde). Para no liarlo más, creo que es mejor quedarnos con esto. Como en estos temas dos y dos no siempre son cuatro, sí que hay alguna excepción en que podríamos buscar diferencias de significado, pero no merece la pena. Identificando estas dos cosillas, sabemos que no lleva tilde y listo. (Si alguien quiere profundizar más y quiere una explicación más gramatical, que me lo diga).

Nada más por hoy. ¿Erais conscientes de este uso? Lo corrijo muchísimo al trabajar. Espero que os quede claro y lo empleéis bien a partir de ahora. Y escuchad la canción («Rugen las flores», de McEnroe), que es una verdadera preciosidad (¡gracias por recomendármela, ya-sabes-tú-quién-eres!). Tenéis los comentarios para lo que queráis…

Su rodilla (posesivo + partes del cuerpo)

Leo hace unos días este titular en la prensa: «Muniain será operado el 7 de mayo de su rodilla». Y pienso automáticamente: «Menos mal que le van a operar de su rodilla y no de la de Aduriz, Susaeta o Beñat». ¿No os chirría el titular? Está pésimamente redactado (solo se salva que han puesto la fecha correctamente, con el mes en minúscula; bonita fecha, por cierto). E incurre en un error de estilo cada vez más frecuente, un anglicismo que está implantadísimo en todo tipo de textos y que deberíamos eliminar a la voz de ya.

Se ha puesto muy de moda utilizar el posesivo para referirse a las partes del cuerpo, al igual que se hace en inglés. Pero en castellano lo «normal» es utilizar el artículo. Y, además, no hacerlo lleva a frases ambiguas como el titular sobre Muniain… Os pongo ejemplos (ojo, igual a vosotros no os parece ambiguo ni habríais reparado en ello, puede que sea porque os habéis habituado; pero quedaos con que es un calco del inglés poco elegante e innecesario: el castellano tiene sus propias formas de expresión).

Llevaba un libro en su mano × → Llevaba un libro en la mano √

Para que su nieto no pasara frío, la abuela tapó sus piernas con una manta × → Para que su nieto no pasara frío, la abuela le tapó las piernas con una manta √

Como se ve en el último ejemplo, el complemento indirecto es nuestro gran aliado para marcar la «propiedad» de la parte del cuerpo (y no hay posibilidad de ambigüedad, cosa que sí ocurre con el posesivo: aunque se da por hecho que la abuela le tapa las piernas al nieto, igual es una bruja que se tapa a sí misma y deja a la pobre criatura temblando de frío; en el ejemplo del le, esa opción no existe).

Hay miles de frases en que el posesivo sí es lícito, pero en muchas otras se emplea sin razón. Mi única intención con esta entrada es poneros sobre la pista de este anglicismo para que, siempre que sea evitable, lo evitéis. Por supuesto, quienes corrijáis estilo debéis tenerlo siempre en consideración.

Coma prohibida: entre sujeto y verbo

Normalmente, cuando hablamos de puntuación, se suele decir que el castellano goza de una cierta libertad. Es cierto, pero no hay que olvidar que, a pesar de esto, existen las llamadas comas obligatorias y las comas prohibidas. Hoy vamos con una coma prohibidísima (de hecho, también se la llama coma criminal): la que se suele colocar entre sujeto y verbo.

Esto se resume de manera muy sencilla: entre el sujeto y el verbo no se pone coma. Sí se puede meter algún inciso entre ambos (y los incisos van siempre entre dos comas), pero nada más. No se escribe coma entre sujeto y verbo. Así de tajante.

María y Carmen, van de compras todos los días. ×
María y Carmen van de compras todos los días. 

Ahora metemos un inciso; en este ejemplo, primero una aposición y luego una subordinada concesiva (las de aunque). Como veréis, los incisos llevan coma antes y después para delimitarlos. Si no llevaran dos, sería incorrecto.

María y Carmen, las hijas de Juan, van de compras todos los días. 
María y Carmen, aunque no tienen dinero, van de compras todos los días. 

Como veis, hay incisos entre sujeto y verbo y aparecen comas. Pero las comas pertenecen al inciso. Y, ahora, vamos a darle la vuelta al último ejemplo: vamos a poner la subordinada concesiva al comienzo de la frase…

Aunque no tienen dinero, María y Carmen van de compras todos los días. → Como se «juntan» de nuevo sujeto y verbo, no hay coma.

¿Hay alguna excepción en que sí se pueda poner esta coma prohibida entre sujeto y verbo? Sí. La excepción que confirma la regla es el etcétera (o su abreviatura etc.). Cuando el sujeto es una enumeración que acaba en un etcétera, después del etcétera se coloca la coma.

María, Carmen, Marta, Julia, Silvia, etc., van de compras todos los días. 

En ejemplos tan cortitos, esto parece una tontería. Pero no os imagináis las dudas que pueden llegar a surgir en frases más largas, con sujetos más elaborados. Aunque no lo parezca, es una coma prohibida que aparece muchísimo y que da algún que otro quebradero de cabeza.

Si tenéis alguna duda sobre puntuación, ya sabéis que podéis dejarlas en los comentarios e intentaré resolverlas poco a poco.

Infinitivo de generalización

Hoy me pongo más seria y me voy a la gramática, que hace mucho que no explico nada gramatical. Y he decidido hacerlo con un uso poco recomendable del infinitivo: el de generalización (también denominado fático, introductorio, radiofónico… tiene muchos nombres). Lo curioso del infinitivo de generalización es que estamos tan habituados a escucharlo a diario que a mucha gente no le chirría. Y debería hacerlo. Os cuento cuál es este infinitivo.

Poneos en situación: encendéis la televisión y elegís un informativo cualquiera. Y, cuando el programa está acabando, los presentadores dicen algo así: «Por último, comentar(les) que podrán seguir informados a lo largo de la tarde en nuestra página web». Comentar: infinitivo. ¿Os suena rara la frase?

Ese comentar es un infinitivo de generalización. Es el infinitivo que se utiliza como si fuera el verbo principal de la oración. Pero, claro, eso no puede ser: toda oración ha de tener como núcleo un verbo en forma personal. El infinitivo es una de las formas no personales del verbo, por lo que en nuestro ejemplo el infinitivo está desempeñando una función que no le corresponde. Ergo, poco recomendable, a pesar de su empleo, muy extendido.

Características habituales del infinitivo de generalización:

  • Suelen ser verbos de habla: anunciar, comentar, decir, destacar, expresar, señalar, añadir… También tienen cabida otros como desear o recordar.
  • Aparecen tanto para iniciar como para concluir un comentario: «Antes de la charla en sí, agradecer a la universidad que me haya invitado», «Para finalizar, desearles un buen fin de semana».
  • Su empleo está tan extendido que es habitual tanto en el habla como por escrito. Lo usan mucho los periodistas (de ahí que adquiriera el nombre de radiofónico).

¿Es correcto? Dejémoslo en que es poco recomendable (y muy poco elegante: si leéis los ejemplos despacio os parecerá casi que os habla Yoda). Para mí, es totalmente censurable. ¿Qué pasa? Que siempre se puede alegar que, en realidad, no está funcionando como verbo principal, sino que este está elidido y el infinitivo sería su complemento o la segunda parte de una perífrasis. Os pongo de nuevo un ejemplo:

Antes de la charla en sí, [quiero] agradecer a la universidad que me haya invitado.

Aun así, no hay razón para esa elipsis, con lo cual se recomienda utilizar un verbo en forma personal antes del infinitivo o bien utilizar ese mismo verbo en forma personal en vez de en infinitivo:

Por último, recordarles que las entradas saldrán a la venta el jueves (infinitivo de generalización). ×
Por último, debo recordarles que las entradas saldrán a la venta el jueves (perífrasis: verbo en forma personal + infinitivo). √
Por último, les recordamos que las entradas saldrán a la venta el jueves (verbo en forma personal). √

Y esto es. Repito que no es nada recomendable, así que evitadlo (y afinad el oído, que seguro que ahora os lo encontraréis por todos sitios). ¡Ah! Y antes de que alguien me lo diga en los comentarios, no he sido muy estricta a la hora de emplear la terminología, pero prefiero que se me entienda. Espero que así haya sido.

Bienvenido. Bien hallado

Me preguntan bastante por una expresión que, aunque creo que está cayendo en desuso (o, al menos, yo no la escucho demasiado), no siempre se emplea con corrección. Se trata de la respuesta «Bien hallado» cuando nos dan la bienvenida. ¿Con qué (o con quién, más bien) debe concordar: con quien habla o con la/s persona/s a la/s que se dirige?

La respuesta debe concordar no con la persona que está hablando, sino con el interlocutor (o interlocutores). Como solo hay cuatro casos, os pongo ejemplos y acabamos antes.

Pongamos por caso que soy yo (femenino singular) quien habla todo el tiempo (así veréis que da igual).

  • Juan (masculino singular) me da la bienvenida. Responderé: «Bien hallado».
  • María (femenino singular) me da la bienvenida. Mi respuesta será «Bien hallada».
  • Juan y Pedro (masculino plural) o Juan y María (masculino plural también) me dan la bienvenida. Contestaré: «Bien hallados».
  • María y Paula (femenino plural) me dan la bienvenida. Os imagináis que mi respuesta será «Bien halladas».

Esto no tiene mayor misterio. Es como decir «Te encuentro bien», luego si os acordáis del «te», ya sabéis cómo tenéis que hacer la concordancia.

Y ahora podéis comentar lo que queráis (salvo lo del masculino genérico, que hay uno por ahí arriba y es un tema que me resulta muy cansino y ya sabéis lo que os voy a decir, ¿vale?).

Leísmo, laísmo y loísmo (II)

Como esta es la segunda entrada de una serie que voy a dedicar al leísmo, laísmo y loísmo, os aconsejo leer la primera antes si no lo habéis hecho ya. Y, como ya anuncié, hoy toca hablar del complemento directo (CD) y del complemento indirecto (CI). La confusión entre ellos (en determinadas circunstancias) es una de las causas del leísmo.

El CD es aquel que necesitan los verbos transitivos para tener un significado pleno.

Entregaremos la carta [CD]. Verán la película [CD].

A grandes rasgos, hay dos tipos de CD: el que llamaremos «de cosa» y el «de persona».

Veo una película [CD cosa]. Veo a Juan [CD persona].

El CD de cosa responde a la pregunta «¿Qué?». Cuando el CD se corresponde con una idea completa, se expresa mediante un nexus o proposición; entonces lo introduce la conjunción que (sin tilde) o bien partículas interrogativas (qué, dónde, cuánto, cómo…). Y, como el pronombre lo da pocos problemas, os diré que para saber si estos nexus son CD solo tenemos que sustituirlos por lo (que siempre es pronombre de CD); si resisten la sustitución, son CD:

Veo que tienes razón [CD] = Lo veo.
Preguntó qué hacer [CD] = Lo preguntó.
Averiguamos cómo conectarlo [CD] = Lo averiguamos.
dónde vives [CD] = Lo sé.

De todas formas, no nos vamos a preocupar mucho de esto. Lo he mencionado por los ejemplos que pondré más adelante. Quedaos con todo lo siguiente…

Cuando el CD de cosa no responde a toda una idea y, por tanto, no es un nexus, no va introducido por nada. Se añade directamente junto al verbo:

Conozco ese lugar [CD]. Comes un helado [CD]. Hicieron la maleta [CD].

El CD de persona en castellano tiene una peculiaridad con respecto al de otras lenguas romances: va introducido por la preposición a. Responde, por lo tanto, a la pregunta «¿A quién?».

Vi a Pedro [CD]. Quieres a tu madre [CD]Conocen a María [CD]. Mataron al soldado [CD].   

Esa a maldita es la que nos complica la vida a los leístas (sobre todo, como ocurre en el País Vasco, a los leístas de persona).

El CI no es «imprescindible» en la oración para darle sentido, pero nos ofrece información sobre qué objeto (más raro) o persona (más habitual) recibe daño o provecho de la acción del verbo. La acción del verbo (si es transitivo, con su CD incluido) recae sobre el CI. El CI siempre va introducido por las preposiciones a o para (aunque esta es menos habitual y muchos autores creen que, realmente, no es marca de CI; por ello, nos vamos a limitar a la preposición a).

Dio la carta [CD] a Juan [CI]. Compré un regalo [CD] a mi madre [CI]. Recomendó a María [CI] que leyera más [CD]. Presentó a su novio [CD] a su familia [CI].

El CI responde a la pregunta «¿A quién?» o «¿A qué?» (más raro esto último).

Pues ya tenemos varios problemas encima de la mesa:

  • Tanto el CI como el CD de persona pueden responder a la pregunta «¿A quién?». No nos sirve, por tanto, para diferenciarlos. Y esto es la causa del leísmo.
  • Hay posibilidad de ambigüedades semánticas (es decir, de significado) en los ejemplos:

Presentó a su novio [CD] a su familia [CI].
Por el orden «natural» de los elementos en la frase, esa es la opción más «normal»; pero el castellano disfruta de mucha libertad en cuanto a la colocación de los complementos, así que, en realidad, también sería posible al revés:
Presentó a su novio [CI] a su familia [CD].

  • Aunque no lo he mencionado, hay verbos transitivos que llevan su CD implícito, por lo que no aparece en la oración. Desde ahora os aviso que nos van a dar muchos quebraderos de cabeza. Se me ocurre, por ejemplo, el caso de escribir: ¿Has escrito a Juan? Ese a Juan solo puede ser CI, no CD. El CD (una carta, un mensaje, un correo electrónico…) va implícito en el verbo y no se expresa, está ahí latente… Gráficamente, si Juan fuera el CD, escribiríamos con el boli sobre su piel (para que os hagáis una idea). Volveré sobre este problema en alguna otra entrada… (pero para que os vaya rondando la cabeza).

Hoy no os voy a liar más. En la próxima entrada hablaré de los pronombres de CD y de CI, con lo que diferenciar los complementos va a ser más sencillo y, además, tendremos el esquema (fácil) de cómo deberían ser las cosas (aunque luego las utilicemos mal).

Leísmo, laísmo y loísmo (I)

Esta es una de las cuestiones que más me pedís que trate en el blog, la del leísmo y laísmo (y yo añado, aunque en el fondo no sea necesario, el loísmo). Siempre me ha dado pereza tocar este tema, por varias razones. En primer lugar, porque vivo en una zona leísta (ojo a los vascos y vecinos con estas entradas) y eso hace que a veces, por estar acostumbrada a oír ciertas cosas mal utilizadas con cierta frecuencia, me «suenen bien» (argumento, por cierto, que nunca sirve al corregir profesionalmente). Segundo, aunque el esquema de los usos correctos es muy sencillo, al final la casuística es extensa (sobre todo si mezclamos con complementos preposicionales y demás) y no sé bien hasta dónde meterme. Y tercero, tampoco sé por dónde empezar: ¿hace falta que cuente qué es un verbo transitivo?, ¿conoce todo el mundo los conceptos de complemento directo (CD) y complemento indirecto (CI) o los tengo que desarrollar también? ¡Demasiadas dudas y demasiada pereza! Pero, como lo prometido es deuda, Sara, estas entradas van por ti (y muchas gracias por los mimos, muy necesarios estos días). 😉

Otra consideración antes de ponerme a hablar de verbos y pronombres: no voy a ser muy exacta con la terminología ni en la forma de explicar los conceptos. Lo digo para que los pros no se me echen encima después. Lo que pretendo con esto es que cualquier persona, con conocimientos o no de sintaxis, llegue a saber por qué el laísmo es incorrecto o cuándo sí está aceptado el leísmo. Mi intención es más didáctica que otra cosa, así que no me seáis tiquismiquis, por favor. Pues allá voy…

Simplificando mucho, hay dos tipos de verbos: los intransitivos y los transitivos. Los intransitivos son aquellos que tienen un significado pleno por sí solos y no necesitan apoyarse en otros elementos de la oración. Por ejemplo:

Yo salto. Duermes. El bebé crece. Nadáis. Vienen mis amigas.

Son enunciados plenos. Las frases se entienden sin necesidad de añadir nada más (aquí, en todo caso, solo hay un sujeto). Son verbos intransitivos.

En cambio, hay verbos cuyo significado necesita completarse, los llamados transitivos. Ejemplos:

Yo doy (¿qué?). Entregaremos (¿qué?). Lleváis (¿qué?). Ellos ven (¿qué?).

Ese qué es lo que haría que el enunciado tuviera un sentido pleno. Son verbos que no están completos, que solo lo están cuando los acompaña un complemento. Son verbos transitivos y necesitan un complemento directo (CD). Ese qué responde al CD (y a estas alturas el 99 % de los filólogos ya me ha matado, que lo sepáis).

Lo dejo aquí, pero seguiré con ello. En la próxima entrada de la serie (igual intercalo otras cosas), el CD y el CI. Los comentarios, abiertos como siempre.

Los plurales de nombres de marcas

He oído una frase que me ha dejado pensativa. ¿Es correcta? ¿Dice la RAE algo al respecto? La frase en cuestión es la siguiente: «He estado en varios Zaras hasta dar con la chaqueta de mi talla». ¿Está admitido ese Zaras en plural? La respuesta es sí.

La RAE es muy clara con respecto a los nombres propios de marcas usados metonímicamente, es decir, empleados para referirse a aquellos objetos (en el ejemplo anterior, lugares) que designan. Se comportan en cuanto al número como nombres comunes. Así, si terminan en vocal, hacen el plural según las normas habituales en español para la composición del plural; si acaban en consonante, se suelen dejar invariables en plural. Eso sí, como nombres propios que son, mantienen la mayúscula. Os pongo unos ejemplos:

Los Macs tienen menos problemas con los virus que los PC. ×
Los Mac tienen menos problemas con los virus que los PC. 

 Esa oferta está disponible en todos los Eroskis de la zona, no así en los Carrefour. √ 

Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer

Me ha llegado un informe, escrito por Ignacio Bosque, sobre algunas guías sobre lenguaje no sexista que proliferan al amparo de ciertas instituciones (algunas de estas guías pagadas con nuestros impuestos, además: vergonzoso). Ya va siendo hora de que se ponga un poco de cordura en este tema. Y el profesor Bosque no puede hacerlo mejor. Os dejo el enlace (el artículo es largo, pero merece muchísimo la pena): Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer.

Por cierto, es posible que ya lo hayáis leído, porque ayer estuvo circulando por Twitter (a mí me llegó el sábado, que fue cuando programé esta entrada).



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