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Cinco libros…

El otro día Javi de Ríos me propuso en Twitter escribir una entrada en el blog sobre los cinco libros que me gustaría que leyeran en algún momento mis hijos (cuando los tenga). De hecho, ha propuesto esto a varias personas, así que vamos a ser varios los blogs en los que hoy se va a hablar de libros para niños… Los enlazaré al final. A ver si coincidimos en algún título…

Pues ahí van los míos. Expongo un poco los motivos. No van en ningún orden concreto; más bien, según se me han ido ocurriendo…

  • Momo, de Michael Ende. Leí este libro con 9 años y me encantó. Y, por casualidades de la vida, hemos hablado últimamente de él en Twitter (os prometo que no me paso todo el día metida, aunque pueda parecerlo). Os dejo el enlace a la entrada de esta novela en la Wikipedia, donde encontraréis la sinopsis y la idea principal sobre la que gira la trama. Creo que este libro no ha envejecido nada mal (de hecho, puede resultar de lo más actual en estos tiempos, a pesar de que tiene ya la friolera de ¡40 años!). Es una de las novelas referentes de mi infancia y me gustaría que mis hijos la leyeran, porque es un clásico.
  • Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr. Ya he hablado alguna vez de este libro aquí en el blog. Lo leí con 10 años y, además de que me encantó la historia, me sirvió para empezar a conectar con el mundo adulto a través de los libros. No es, en absoluto, una mala opción para que desde niños sepan que los libros, además de para entretenernos y evadirnos, sirven para narrar historias reales, problemas, injusticias… Y que nos sirven para abrir la mente. Y si encima se hace con una historia dura pero tiernísima, pues mejor.
  • Un fantasma con asma, de Carmen Gil. Este cuentito no tiene nada que ver con los libros que he mencionado antes. Está dirigido a un público mucho más infantil, para empezar. Es una historia divertidísima de un fantasma que vive muy solo en un castillo y tiene asma. Está rimado y su moraleja es genial: «Y es que el cariño a raudales alivia todos los males». ¿Por qué conozco este libro? Porque me regalaron unos cuantos libros de la editorial Kalandraka (¡me encanta!) y, entre ellos, estaba este, que se convirtió en mi favorito del lote. Las ilustraciones son magníficas, es divertidísimo y estoy convencida de que les encantará a los enanos.
  • Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl. A este se podría añadir su secuela, Charlie y el gran ascensor de cristal. En realidad, quería poner algún libro de Dahl y no sabía por cuál decidirme, pero creo que este es el que más me gustó. No me enrollo, porque todo el mundo lo conoce. ¡Que vivan los Umpa Lumpa!
  • El pequeño Nicolás, de René Goscinny. Las historietas de Nicolás me parecen divertidísimas. A este libro le tengo un cariño especial porque fue el primero que leí en francés (il y a longtemps !). Goscinny, creador también, por ejemplo, de Asterix, era un verdadero genio. Y, si Nicolás nos pilla un poco lejano, siempre nos quedará el entrañable Manolito Gafotas de Elvira Lindo…

Supongo que podría haber muchos más títulos, me dejo muchas cosas interesantes en el tintero (me vienen a la cabeza un montón de libros que seguro que les encantarían a los más peques, pero me han pedido solo cinco; igual otro día hay que repetir lista y podemos mencionar otros cinco…). La verdad, ponerme un poco al día en LIJ no me vendría nada mal: espero coger ideas del resto de blogs para cuando llegue el momento…

Enlaces:

Reflexiones (XXIX)

«¿Lo que más admiro de un escritor? Que maneje fuerzas que lo arrebaten, que parezcan que van a destruirlo. Que se apodere de ese reto y disuelva la resistencia. Que destruya el lenguaje y que cree el lenguaje. Que durante el día no tenga pasado y que por la noche sea milenario. Que le guste la granada, que nunca ha probado, y que le guste la guayaba, que prueba todos los días. Que se acerque a las cosas por apetito y que se aleje por repugnancia».

José Lezama Lima
(1910-1976)
Escritor

Peter Cameron: ‘Algún día este dolor te será útil’

Esta reseña llega con mucho retraso… ¡pero llega! Tengo todavía unas cuantas pendientes de libros que leí el año pasado, a ver si me voy poniendo las pilas poco a poco…

Algún día este dolor te será útil

‘Algún día este dolor te será útil’

James Sveck, el narrador de esta novela, es un adolescente inteligente y precoz, ha terminado el colegio y durante el verano trabaja en la galería de arte que su madre tiene en Manhattan y en la que casi nunca entra nadie. Pese a haber sido admitido en la prestigiosa Universidad de Brown no está seguro de querer ir; lo que de verdad le gustaría es comprarse una casa de campo y pasarse el día leyendo, sin ser molestado; detesta relacionarse con gente de su edad, a la que evita y con la que piensa que no tiene nada en común.

La narración de James nos ofrece una sarcástica y divertida mirada sobre su confusa vida, sobre cómo su desestructurada familia y su psiquiatra tratan en vano de ayudarle, o sobre cómo intenta, torpemente, aclararse y salir de su aislamiento.

Considerada por la crítica estadounidense como una de las mejores novelas que se han publicado en los últimos años sobre Nueva York, Algún día este dolor te será útil es una aguda y emotiva novela sobre un joven capaz de cuestionarse a sí mismo, a su familia y al tiempo que le ha tocado vivir.

Seguro que, si buscáis el título de esta novela en Google, os salen un montón de resultados que llevan a entusiastas reseñas sobre ella. No seré yo quien la critique o diga algo malo sobre ella; de hecho, creo que es una de las mejores novelas que leí el año pasado. Ahora, la sensación que tengo cuando leo la mayoría de esas reseñas es que mi experiencia como lectora ha sido distinta; Y, para ser sincera, no tengo muy claro por qué…

A mí me gustan mucho los libros en los que los personajes son quienes llevan el peso narrativo. Un buen personaje es una joya. Y aquí tenemos a un gran personaje, un enorme James Sveck con sus inseguridades, sus dudas, sus deseos, sus ideas… Un personaje al que comparan con mi adorado Holden Caulfield (y sí que recuerda un poco), pero con problemas bien distintos a los de Holden. Y es un personaje que, sinceramente, podría vivir en cualquier otra ciudad del mundo: sus frustraciones y miedos serían los mismos. Por eso no entiendo esa importancia desmedida que le da todo el mundo a Nueva York (y a la época post-11S, que aparece de forma casi anecdótica en la novela, no hay profundización alguna). Creo que James tendría las mismas ganas de comprarse una cabaña para dedicarse a leer si viviera en San Francisco, Chicago o, por qué no venirnos a Europa, Londres o Berlín (cosa que no creo que pasa en El guardián entre el centeno, donde sí veo que Nueva York como escenario es mucho más importante). No sé yo si enmarcar esta novela como una historia sobre la época más actual de Nueva York es acertado: para mí es una novela de aprendizaje de alguien que está entrando en la edad adulta (sin importar el sitio del mundo donde esto ocurra). Por cierto, no creo que Algún día… pudiera resistir comparaciones cualitativas con El guardián…, todo sea dicho; personalmente, El guardián entre el centeno me parece muchísimo mejor, una auténtica joya (ya sabéis que tengo especial debilidad por esta novela).

La narración de James es fresca, inteligente, reflexiva y está cargada de ironía: justo como él. Un antihéroe antisocial que se cuestiona todo (su presente, su futuro, su familia, sus relaciones…) en un momento vital de suma importancia para él (el verano antes de ingresar en la universidad, como rito de iniciación, casi casi, de la vida adulta). Yo a James le cogí cariño: me parece imposible no empatizar con él. Y para mí una de las claves de esa empatía es que no me gustaban los personajes que rodeaban a James (ni la neurótica de su madre, ni su hermana, ni su psiquiatra, ni el empleado de su madre… ¡me caían todos mal!). ¿Cómo no se va a sentir solo y mal y con ganas de perderlos a todos de vista? Bastante hace con autodefinirse y aclararse en lo que quiere y no quiere en la vida. Avanzando en la lectura, vislumbramos detalles que pueden explicar ciertas actitudes, pero sería estropear la lectura, así que no me detengo aquí. Resumiendo: James Sveck es un gran personaje, que constituye el centro de una buena novela…

Supongo que más de uno habréis leído Algún día este dolor te será útil (por cierto, del titulazo hablo en este artículo anterior). ¿Os gustó? ¡Contádnoslo en los comentarios, por favor! Están a vuestra disposición para que digáis lo que queráis…

Iván Repila: ‘Una comedia canalla’

Reconozco que este libro fue, para mí, una gran sorpresa. Conozco a su autor de la época de la universidad y, por circunstancias que no vienen al caso, acabé, casi por casualidad, en la presentación que Iván hizo de la novela en Bilbao. Esa misma noche me puse con ella… y no pude dejar de reírme hasta que la acabé.

'Una comedia canalla'

‘Una comedia canalla’

Jim, John y Jack son jóvenes mileuristas, están cansados y quieren emprender el negocio de sus vidas. El único problema: no es legal. Así que tendrán que entrar en contacto con peligrosos delincuentes, drogadictos de pandereta, bandas violentas y asesinos de primer nivel. O algo así. A su alrededor, un circo de personajes con sueños e inquietudes: Wilson, el hombre con suerte y problemas de karma; los matones de la Banda de Macois, acostumbrados a pegar primero y a pegar después; Giuseppe, el autónomo con un hobby curioso; el pequeño Tommy, ese chaval especializado en bullying; Sniffer, el farlopero medio; Morgan, Zippo, Marcus, Gincho, McArthur… y, por supuesto, la Gatoparda. Y además: ron, peleas, persecuciones, torturas, resacas, problemas existenciales, antros de perdición, taxistas y mucha, mucha, mucha marihuana. Una novela tan loca y disparatada como la sociedad que retrata.

Han salido innumerables reseñas de esta novela. Creo que la mayoría habla de su ritmo trepidante y su sentido del humor. Lógico. Yo la definiría como una gran gamberrada muy bien escrita. Con momentos de esos que recuerdas mucho tiempo después (mis amigos y yo seguimos, desde el verano pasado, hablando de la fábrica de mierda, de la china, del niño psicópata o del Nocillo). La comparan, por ejemplo, con las pelis de Guy Ritchie. Yo me quedo con un ejemplo más patrio y cercano, Airbag de Juanma Bajo Ulloa. Carcajadas aseguradas.

Pero, claro, presentada así, parece todo fácil: una ida de olla de Iván, que va soltando salvajadas para hacernos reír y punto. Pero a mí no me parece solo eso. Muy gamberra, pero, creo, muy bien pensada. Reflejo de mucho de lo malo de nuestra sociedad, solo que mezclado con grandes dosis de ron y marihuana. A ver si nos evadimos todos un poco, ¿no?

Cualquiera que ya haya leído la novela pensará que Iván está de frenopático. Pero no, increíblemente, está bastante cuerdo: como ejemplo, su última novela, El niño que robó el caballo de Atila, que reseñé hace poco. Una joya. Desde luego, un autor muy interesante al que conviene seguirle la pista… A ver con qué nos sorprende la próxima vez…

¿Alguien ha leído Una comedia canalla? ¿Conocéis a Iván? Tenéis los comentarios a vuestra disposición para decir lo que queráis…

El inglés de Urdangarin

Ayer Patricia Lluberas me pasó un artículo (que enlazo abajo) de un blog de El País cuyo autor analiza, no sin cierta mofa, el inglés de los correos electrónicos de Iñaki Urdangarin. No tiene desperdicio: así acabamos la semana con risas…

Estoy ‘sementaleando’ tu propuesta.

¡Buen fin de semana!

La frase del fin de semana

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Nada más que añadir. ¡Feliz fin de semana a todos! 🙂

‘Recordar’

Hoy, una etimología que seguro que a muchos os parecerá curiosa: la del verbo recordar. 

Recordar viene de recordari, palabra compuesta por el prefijo re- (‘volver a’) y cordari, que, a su vez, nos lleva a cordem (‘corazón’). Recordar significa, literalmente, ‘volver a pasar por el corazón’.

¿Por qué por el corazón? Porque los antiguos griegos y romanos pensaban que la mente residía no en el cerebro, sino dentro del pecho, en el corazón o cerca de este (sé que no estoy siendo muy exacta, pero más o menos esa es la idea). En esa zona del cuerpo ocurría todo lo importante, físico y espiritual (también el alma se encontraba dentro del pecho para ellos). De ahí que haya unas cuantas palabras cuya etimología nos lleva al corazón en lugar de a la mente, como cabría esperar.

Os pongo algún otro ejemplo: acordar (esta vez con el prefijo a-, ‘junto con’, es decir, ‘unir corazones’); concordia (el prefijo con- significa aquí ‘estar de acuerdo’, así que concordia quiere decir ‘corazones de acuerdo’); o discordia (dis-, ‘en desacuerdo’, luego ‘corazones en desacuerdo’). Pero, claro, aunque literalmente dicen eso, nosotros ahora usaríamos mente en lugar de corazón (y así las palabras tienen mucho más sentido: recordar, ‘volver a pasar por la mente’; acordar, ‘unir mentes’; concordia, ‘mentes de acuerdo’; discordia, ‘mentes en desacuerdo’).

Aun así, me quedo con la idea del corazón… sobre todo para recordar. Volver a pasar por el corazón… Pues muchas veces sí, ¿verdad?

El papa

Después de leer papa con mayúscula mil veces ayer en todos sitios, me veo obligada a escribir unas líneas para recordar que, en castellano, los nombres de cargos van en minúscula, por muy importantes que puedan ser o parecer. Así, papa va en minúscula (al igual que rey, por ejemplo), porque son nombres comunes. Normalmente, ante la duda, siempre minúscula… (más probabilidades de acertar).

Y, ya puestos, el papa no dimite, sino que renuncia Por si queremos decirlo con propiedad… 😉

Leer por obligación

Aunque este tema de leer por obligación ha salido alguna vez a relucir por el blog (sobre todo, en comentarios o cuando yo he contado que he leído algún libro que no me gustaba para alguna asignatura en la carrera), nunca le he dedicado una entrada. Y el tema tiene su miga, porque a todos, en el colegio, nos han hecho leer por obligación. Y no siempre libros que nos gustaran o que pudieran encajar en nuestro mundo. Y, sinceramente, estoy empezando a pensar que es peor el remedio que la enfermedad…

La otra tarde llamé por teléfono a una de mis mejores amigas, profesora de Lengua y Literatura en ESO para más señas, y me dijo que había estado preparando un «control de lectura». Solo la expresión me chirría… Control de lectura. Para mí, prácticamente es un oxímoron. Y me comentó lo mucho que les cuesta a algunos alumnos leer las lecturas propuestas, porque son muy ajenas a sus intereses…

¿Por qué se les obliga a los chavales a leer? Yo soy una firme defensora de que se debe leer por placer, siempre. Lo que se quiera. Lo que más rabia dé en ese momento. Leer por ocio, por curiosidad, porque apetece… y no porque nos han mandado tal o cual libro. ¿Qué sentido tiene leer ciertos clásicos medievales, por poner un ejemplo que nos puede resultar familiar a todos, en la adolescencia? Muchos estaréis pensando que, si no, no leeríamos jamás a los clásicos. No estoy de acuerdo: se acercarían a ellos quienes sintieran interés, que es como se debe llegar a estas cosas. Leer por obligación me parece un error. Pero confieso que tampoco tengo otra solución (se me antoja complicado dar clases de Literatura sin lecturas; aunque, claro, tampoco entiendo que el estudio de la Literatura se limite, prácticamente, a la historia de la Literatura y no a otras ramas, quizá mucho más interesantes y útiles para todo el mundo).

Siempre que hablo de este tema recuerdo los derechos del lector de Daniel Pennac (os enlazo a uno de los primeros artículos de este blog donde ya hablaba de ellos, porque no puedo estar más de acuerdo con él). El primero es el derecho a no leer. Acabáramos. Si nos «obligan» a leer, están mermando nuestros derechos como lectores, yo lo veo clarísimo. Y si a la obligación de leer le añadimos que los títulos propuestos no siempre son los más acertados, lo único que estamos consiguiendo es crear no-lectores. Muy triste.

No siempre la culpa es de los profesores de Literatura, que conste. Por ejemplo, mi amiga está haciendo un gran esfuerzo por recomendar lecturas que puedan ser del interés de sus alumnos. De hecho, os pido vuestra colaboración desde aquí para le propongáis libros (yo ando muy pez en LIJ ahora mismo). Eso sí, a la dificultad de recomendar títulos para chicos de unos 14 años (por cierto, aviso a navegantes, lo del título que recomendarías a un adolescente será una de las categorías del próximo reto), se le une el hecho, en este caso, de que trabaja en un colegio con un ideario religioso muy estricto, que dificulta aún más la elección pues no puede recomendar nada que se aparte de ciertas ideas ultracatólicas. Si sabéis de algún libro que pudiera encajar y que les vaya a gustar a los alumnos… ¡os lo agradeceríamos!

Sé que este tema da para mucho y que podríamos tener animadas discusiones al respecto. Pero prefiero dejarlo aquí por el momento. Eso sí, si queréis mostrar vuestra opinión (sea cual sea), tenéis los comentarios a vuestra disposición…

Reflexiones (XXVIII)

«Lo más fácil sobre la faz de la tierra es no escribir».

William Goldman
Escritor

Mentalizándome para mi charla de mañana… Además, con cita del autor de La princesa prometida (uno de los libros que estoy leyendo ahora mismo).



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