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Porque somos de Bilbao…

Nacer en la capital del mundo marca. Es inevitable. No todo el mundo tiene el privilegio de haber nacido en Bilbao (aunque los de Bilbao nacemos donde nos da la gana); y, cuando se respira Bilbao desde la infancia, el carácter se forja de una manera muy determinada y genuina, que nos hace fanfarrones, orgullosos, generosos… Y, por supuesto, eso se refleja al hablar. ¿Cuántos de vosotros os atreveríais a entrar en una librería y pedir un mapamundi de vuestra ciudad? Eso solo lo hacemos los bilbainos (con diptongo, que es como lo pronunciamos nosotros a pesar de que la RAE se empeñe en decirnos que es hiato y nos coloque la tilde).

Ahora ya fuera de bromas (¿o no lo son?), Bilbao tiene, como todos los lugares, su léxico propio. Palabras que todo bilbaíno entiende, pero que dejarían con la boca abierta a más de un viajero que se acercara a estas tierras… Por eso, y como buena bilbaína que soy, he decidido dedicar este artículo a esos vocablos bilbaínos (y, por ende, vizcaínos), propios, nuestros, que nos caracterizan tanto como la devoción por la Amatxu de Begoña, las salidas a tomar txikitos por las Siete Calles o el fervor por los leones de San Mamés.

Varias consideraciones previas. La primera es que en Bilbao hay dos lenguas oficiales, el castellano y el euskera, y esa convivencia de las lenguas hace que se mezclen con cierta asiduidad; de ahí que muchas de las palabras que veamos sean, en realidad, términos provenientes del euskera. La segunda es que algunas de estas palabras están en pleno uso pero otras van desapareciendo; yo las he tomado del Lexicón etimológico, naturalista y popular del bilbaino neto compilado por un chimbo (1896), de Emiliano de Arriaga (1844-1919). Y, por último, que es habitual ver estas voces con su grafía euskera, pero yo las he tomado tal como aparecen en el Lexicón, adaptadas al castellano (aviso, por si acaso, por si os duelen los ojos al ver Bocho en vez de Botxo).

Bocho: Es como llamamos a Bilbao en Bilbao. Viene de la voz castellana boche y significa ‘cavidad, agujero’. Bilbao, al estar rodeada de montañas, está como en un agujerito, un bocho.

Babasorro: Así es como llamábamos, algo despectivamente, a los oriundos de Vitoria (con los que siempre ha habido cierta rivalidad, aunque nada comparable con la que tenemos con los de San Sebastián; rivalidades sanas, no penséis mal). Viene de la voz vasca babazorro, literalmente ‘vaina de habas’.

Chimbo: A los alaveses no les gustó lo de babasorro y nos empezaron a llamar chimbos, nombre de un pájaro muy frecuente antiguamente en Bilbao. Pero a los bilbaínos, tan orgullosos de sí mismos y sus cosas, les encantó el mote y lo han perpetuado. Y no es esta la única palabra típica de Bilbao que haga referencia a los chimbos. Incluso había un barquito muy famoso (creo que ahora hay otro), que recorría la ría y se llamaba Chimbito. Por no hablar del jabón Chimbo (uno tipo Lagarto).

Chimbera: Ya hemos apuntado que en Bilbao había muchísimos ejemplares de chimbos (aves paseriformes de la familia Muscicapidae, género Sylvia). Era costumbre ir a cazarlos para después consumirlos por su agradable sabor. Los chimbos se cazaban con la chimbera, que es como llamamos a la carabina o escopeta de aire comprimido.

Chirene: Adjetivo que se le atribuye al bilbaíno gracioso, con salero, siempre orgulloso de ser de Bilbao. Las ocurrencias de los chimbos chirenes serían las chirenadas.

Goitibera: Es un carrito, fabricado artesanalmente, normalmente de forma triangular y con tres ruedas. Son, aún hoy, muy populares las carreras y bajadas de goitiberas siempre que hay un festejo. Goitibera viene del euskera, goitik behera, literalmente ‘de arriba abajo’.

Tripaundi: Significa ‘tripa grande’. Es como llamamos al típico bilbaíno tripón, glotón, gastrónomo insaciable. Y es que ya se sabe que comer bien, en Bilbao, es una religión.

Mocordo: Porque comer mucho tiene sus consecuencias… Os copio lo que decía Emiliano de Arriaga: «(Del eusk. mokordo). Humana defecación, siempre que sea producto de persona robusta y sanota y aparezca según su calibre ya a modo de chorizo, de morcilla, o de lingote ligeramente curvo, bien enjuto y solidificado…». Sin comentarios. Perdonad que me haya puesto tan escatológica (aunque era divertida la definición, ¿no?). Esta palabra es conocidísima en Bilbao y, de hecho, poca gente sabe cómo llamar a semejante elemento en castellano (mojón, por cierto).

Sirris: En palabras de Emiliano de Arriaga: «Hacer sirris a una muchacha es pasar la mano disimuladamente o no, haciéndole caricias o carantoñas más o menos intencionadas».

Ganorabako: Del euskera, ganora, ‘modo, manera’, y bako, ‘sin’. Es la persona sin cabeza ni fuste para nada.

Coitao: Viene de cuitado y es el buenazo, inofensivo…

Sinsorgo: Es mi favorita, la empleo muchísimo. Es la persona insustancial y de poca formalidad. Las cosas que hacen los sinsorgos son sinsorgadas.

Arrecho: Según de Arriaga, «bien portado, entero, varonil y enérgico».

Arlote: Aunque es palabra castellana, con el significado de ‘descuidado, desaseado’ o de ‘bribón, holgazán’, en Bilbao se le añadió una nueva acepción y se aplicaba el término a quienes se ponían el mundo por montera…

Pitolerdo: Esta también se utiliza en mi familia. Es el que se pasa de lerdo, es decir, el archilerdo.

Hay muchas más y, por supuesto, muchas no son exclusivas de Bilbao, se han ido extendiendo. Espero haberos sacado alguna sonrisilla. Y si en vuestros lugares de origen tenéis palabras propias, contádnoslas en los comentarios.

Haruki Murakami: ‘Kafka en la orilla’

Hace unas semanas hablé de un ensayo de Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr, pero se me quedó la espinita de no haber escrito sobre su faceta como novelista, que es la realmente importante y la que me tiene obnubilada por completo: me confieso una auténtica fanática de Murakami. Mi problema ahora era qué libro reseñar, porque podía haber elegido unos cuantos (no hablaría igual de bien de todos, ojo, que con algunas novelas soy muy crítica). Me decidí por Kafka en la orilla. No es el que más me ha gustado (que es Tokio blues, Norwegian wood), pero sí estaría en mi podio (junto con Al sur de la frontera, al oeste del sol). También disfruté mucho con After dark y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (¡qué título más perfecto!). El resto no me ha gustado tanto… Quizá, quién sabe, en un futuro escriba sobre alguno de estos libros (o podéis hacerlo vosotros como firmas invitadas).

Kafka en la orilla

Portada del libro

Kafka Tamura se va de casa el día en que cumple quince años. Los motivos, si es que los hay, son las malas relaciones con su padre —un famoso escultor convencido de que su hijo repetirá el aciago sino del Edipo de la tragedia clásica— y la sensación de vacío producida por la ausencia de su madre y su hermana, que se marcharon también cuando él era muy pequeño. Sus pasos le llevarán al sur del país, a Takamatsu, donde encontrará refugio en una peculiar biblioteca y conocerá a la misteriosa señora Saeki. Si sobre la vida de Kafka se cierne la tragedia (en el sentido clásico), sobre la de Satoru Nakata ya se ha abatido: de niño, durante la segunda guerra mundial, sufrió un extraño accidente del que salió con secuelas, sumido en una especie de olvido de sí, con dificultades para comunicarse… salvo con los gatos. A los sesenta años abandona Tokio y emprende un viaje que le conducirá también a la biblioteca de Takamatsu. Así, las vidas y destinos de los personajes se van entretejiendo en un curso inexorable que no atiende a razones ni voluntades. Pero, a veces, hasta los oráculos se equivocan.

Kafka en la orilla es un buen ejemplo del mejor Murakami, ese que nos permite transitar por un mundo que no siempre se ciñe a las normas lógicas; el Murakami que nos ofrece aprendizajes sentimentales aderezados con toques de realismo mágico; el que juega con los capítulos de la novela como si de piezas de puzle se tratara; el que presenta personajes profundos, reflexivos, con una evolución no siempre esperada; el que mezcla sueño y realidad; el novelista que hace que lluevan pescados y que los gatos hablen; el que nos permite viajar por mundos extraños y poco convencionales; el Murakami que destila melancolía y soledad…

Creo que no es necesario decir más. Escribir un sesudo análisis de la novela sería estropear la sorpresa que supone la lectura de cada página para quien se anime a acercarse al libro después de leer esta entrada. Así que, solo puedo animaros a hacer el esfuerzo, aunque la novela sea larga (casi 600 páginas) y a veces difícil para lectores poco avezados (incluso muchos dirían que rara, pero a mí no me lo parece).

‘Firmin’ de Sam Savage

Tengo el total convencimiento de que, a veces, algunos libros llaman a nuestra puerta. A mí me pasa con cierta frecuencia. Son libros que, de alguna u otra forma, logran captar tu atención (¡qué importante es un buen título!) y se empeñan en aparecer en tu vida, en los más diversos e impensados lugares. Y no te queda más remedio que rendirte a ellos.

Cuando empiezo a encontrar ciertos títulos en lugares muy diferentes e inconexos entre sí, me empiezo a mosquear. Si el libro lleva varios años editado, aún más. Y cuando entro en una librería y, casualidad, ese libro está ocupando un lugar específico de la estantería… ¡me está llamando a gritos!  Y, normalmente, no sé por qué, suelen ser libros que, luego, me gustan mucho.

Firmin

'Firmin'

Y eso es, precisamente, lo que me pasó con Firmin. Un libro que nace directamente del amor por los libros y la literatura. Era tan obvio que me iba a gustar…

Nacido en el sótano de una librería en el Boston de los años sesenta, Firmin aprende a leer devorando las páginas de un libro. Pero una rata culta es una rata solitaria. Marginada por su familia, busca la amistad de su héroe, el librero, y de un escritor fracasado. A medida que Firmin perfecciona un hambre insaciable por los libros, su emoción y sus miedos se vuelven humanos. Original, brillante y llena de alegorías, Firmin derrocha humor y tristeza, encanto y añoranza por un mundo que entiende el poder redentor de la literatura, un mundo que se desvanece dejando atrás una rata con un alma creativa, una amistad excepcional y una librería desordenada.

Firmin es un canto a la literatura y a la pasión por los libros y la lectura. Es una obra que deja con un regustillo amargo, por la melancolía y tristeza que destila esta rata fea y patética con la que, sin embargo, nos identificamos desde la primera página. Creatividad, inteligencia, sentido del humor, sensibilidad y muchas (muchísimas) referencias literarias… Todo eso es Firmin.

Más ≠ mas

Para saber cuándo debemos emplear la forma más y cuándo mas, hay un truco muy sencillo. Cuando mas puede sustituirse por pero, nunca lleva tilde; en el resto de los casos, siempre deberemos colocarla.

Vamos a verlo con unos cuantos ejemplos:

No come mucho, mas está gorda. ↔ No come mucho, pero está gorda.
Vino corriendo, mas llegó tarde.  ↔ Vino corriendo, pero llegó tarde.

Como vemos, en estos casos el mas se puede sustituir por pero, así que no lleva tilde. No ocurre lo mismo en las frases que siguen:

Cinco mas dos son siete. ↔ Cinco pero dos son siete. × → Cinco más dos son siete.
No tienes mas dinero que yo. ↔ No tienes pero dinero que yo. × → No tienes más dinero que yo.
Nada mas llegar, me robaron la cartera. ↔ Nada pero llegar, me robaron la cartera. × → Nada más llegar, me robaron la cartera.
No tendré mas remedio que repetirlo. ↔ No tendré pero remedio que repetirlo. × → No tendré más remedio que repetirlo.

‘De arriba abajo’

El error del que os voy a hablar en este artículo es muy frecuente, pero creo que la explicación de por qué está mal usado es bastante convincente (con lo cual, seguro que os empieza a chirriar cada vez que lo veáis).

Es bastante habitual encontrar la expresión de arriba a abajo:

María no se cortó nada en mirar el modelo de Marta de arriba a abajo. ×

Sin embargo, como he anunciado, es incorrecto. Abajo ya lleva la preposición a dentro de sí, así que es redundante e innecesaria. La expresión correcta es, por tanto, de arriba abajo:

María no se cortó nada en mirar el modelo de Marta de arriba abajo. √

Libros para regalar

Creo que regalar libros no es nada fácil. Con tantos para elegir, puede ser una misión imposible. Aun así, hay algunas obras que, por su calidad, su longitud (nada desdeñable si no estamos seguros de que la persona sea amante de las letras) y, sobre todo, porque son historias poderosísimas, entran en la categoría que podríamos denominar regalables.

¿Cuáles son para vosotros los libros que siempre resultan una buena opción para regalar? ¿Tenéis alguno favorito? ¿Alguno que hayáis regalado en más de una ocasión? ¿Algún libro con el que os hayan sorprendido? Reconozco que no suelo regalar libros tan a menudo como me gustaría, pero sí que hay alguno que sobresale en mi lista (de alguno de ellos he hablado ya en el blog). Voy a poner cuatro, pero muy diferentes entre sí. Hay donde elegir…

• Seda, de Alessandro Baricco. Ya escribí una reseña de esta bonita historia. No conozco a nadie a quien no le haya gustado este libro. Es precioso, conmovedor.

Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez. Una novelita perfecta con la maravillosa prosa de García Márquez.

84, Charing Cross Road, de Helene Hanff. Los lectores habituales del blog tendrán la reseña aún reciente. Creo que no tengo más que añadir. Una historia muy emotiva.

Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza. Este libro es tan divertido, que he visto a más de uno reírse a carcajadas con él. Es perfecto para cualquier persona, incluso para aquellas a las que no les gusta leer.

Ahora es vuestro turno; los comentarios os esperan… ¡Démonos ideas los unos a los otros!

Firmas invitadas

¿Os apetece participar aún más activamente en el blog? Se me ha ocurrido que quizá a alguno de vosotros le gustaría ser firma invitada y escribir sus propias entradas. ¿Os parece buena idea? Me encantaría compartir este espacio con vosotros…

Si alguien se anima, yo, encantada. He pensado que podríamos empezar con reseñas de libros, para no liarnos demasiado. Podríais mandarme vuestras reseñas a la dirección de correo electrónico del blog, blog@mobas.es, y, si queréis, yo las corrijo y las publico (con vuestra firma). Dadle vueltas y, en serio, ¡animaos!

Por si acaso, me veo obligada a aclarar que me reservo el derecho de publicar las reseñas; y tengo que advertir asimismo que no habrá remuneración alguna por participar (al menos de momento, quién sabe qué ocurrirá en un futuro).

Os doy las gracias de antemano a todos los que os animéis. ¡Espero vuestras reseñas!

Redundancias

Redundancia es la repetición de información contenida en un mensaje. Las expresiones redundantes que voy a indicar a continuación se emplean con mucha frecuencia y, sin embargo, no son recomendables, pues ofrecen datos duplicados innecesariamente e imagen de pobreza léxica.

  • Subir arriba. Subir quiere decir ‘recorrer yendo hacia arriba, remontar’; es decir, en el significado del verbo ya está especificada la dirección, por lo que es totalmente innecesario añadir arriba. Este ejemplo nos sirve para otras expresiones como bajar abajo, entrar adentro, salir afuera…
  • Proyecto de futuro. Agregar el de futuro no es necesario, puesto que este matiz ya está incluido en el significado del término proyecto, ‘designio o pensamiento de ejecutar algo’.
  • Protagonista principal. El diccionario define protagonista como ‘personaje principal de la acción en una obra literaria o cinematográfica’; es evidente, por tanto, que todos los protagonistas son principales.
  • Volver a releer, volver a revisar. El prefijo re- ya indica repetición; esto es, releer significa ‘volver a leer’; revisar, ‘volver a ver’…
  • Bifurcarse en dos direcciones/caminos/carreteras… Son numerosas las ocasiones en que nos podemos encontrar frases como La carretera se bifurca en dos caminos al cruzar el puente; pero bifurcarse quiere decir ‘dividirse en dos’, por lo que La carretera se bifurca al cruzar el puente es suficiente.

Símbolo del porcentaje

El símbolo del porcentaje (%), según la RAE, y a pesar de las normas que habitualmente se siguen para la expresión de los símbolos, se escribe pegado al número al que acompaña.

La etiqueta de ese producto dice que elimina el 99,99 % de los agentes patógenos. ×
La etiqueta de ese producto dice que elimina el 99,99% de los agentes patógenos.

La propia RAE lo marca como una excepción. Debemos evitar, por tanto (y a pesar de lo que puedan decir los manuales de ortotipografía) escribirlo separado.

Amélie Nothomb: ‘Estupor y temblores’

Estupor y temblores

'Estupor y temblores'

Con estupor y temblores. Así es como debían dirigirse al emperador de Japón según el antiguo protocolo. Una fórmula que representa bien la rigidez en la que vive la sociedad japonesa y que Amélie Nothomb nos describe de forma hilarante en esta novela.

Esta novela de inspiración autobiográfica, que ha obtenido un enorme éxito en Francia, cuenta la historia de una joven belga que empieza a trabajar en Tokio en una gran compañía japonesa. Pero en el Japón actual, fuertemente jerarquizado, la joven tiene el lastre de un doble obstáculo: es occidental y mujer, lo cual la convertirá en blanco de una cascada de humillaciones y de una progresiva degradación laboral que la llevará a pasar de la contabilidad a servir cafés, ocuparse de la fotocopiadora y finalmente encargarse de la limpieza de los lavabos masculinos.

Una celebración de la ironía, eso es Estupor y temblores. Una situación difícil contada de manera desternillante gracias al acierto de la pluma de Nothomb, que convierte las anécdotas más duras en algo cómico e, incluso, absurdo. No se puede negar que derrocha sentido del humor por los cuatro costados. Para mí, la novela más divertida de Nothomb (al menos de las que he leído, que son unas cuantas). Lectura, pues, muy recomendable para una tarde de verano (es cortísima y, en la edición española al menos, el cuerpo de la letra es enorme). Y si puede ser en la playa, mejor que mejor…



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