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Aloha!

¡Nos vamos de viaje! Virtualmente, eso sí. Y nos toca visitar unas islas del Pacífico, paraíso de surfistas, pertenecientes a Estados Unidos. El archipiélago está formado por ocho islas, y más de uno ha soñado con ir allí en más de una ocasión ¿Sabéis de qué islas estoy hablando? Y, lo más importante en este blog, ¿sabéis cuál es su grafía correcta en castellano? Os doy una pista más a modo de ilustración:

Aloha

Aloha!

Por supuesto, estoy hablando de las islas Hawái, con tilde y una sola i al final. 🙂

Su gentilicio es hawaiano (también con una única i) y tanto el topónimo como el gentilicio se pronuncian aspirando ligeramente la h- inicial: [hauái, hauaiáno].

La imagen la he tomado prestada de hawaiimagazine.com.

El curioso caso del verbo ‘enervar’

María me enerva…

Probablemente, al leer la frase anterior, casi todos habréis colegido que María me saca de quicio y me pone nerviosa. ¿Y si os dijera que lo que yo quería decir es que me debilita y me quita las fuerzas o, incluso, que me relaja? ¿Pensaríais que me he equivocado al elegir el verbo?

El verbo enervar es bastante curioso en cuanto a su significación. Originalmente, en su sentido etimológico, enervar significa ‘debilitar’ o ‘relajar’:

Se quedó tumbado, tranquilo y enervado (= relajado).

Este significado sigue vigente. Sin embargo, en el siglo xix, se introdujo una nueva acepción a través del francés, la de ‘excitar’ o ‘irritar’, que es la que se utiliza ahora con mayor frecuencia.

No puedo evitarlo, su actitud chulesca me enerva (= me irrita).

Ambos usos están aceptados en la lengua culta y pueden emplearse sin riesgo de censura (solo hay que comprobar la definición del DRAE). No obstante, por las posibles confusiones que pudiera acarrear su uso, yo recomiendo utilizarlo con prudencia y, a poder ser, contextualizando el verbo para que no puedan quedar dudas.

Con su voz chillona, María me enerva (= me irrita).
Con su hablar pausado y su voz suave, María me enerva (= me relaja).

De todas formas, lo más probable es que, ante un caso de duda, el significado que necesitemos sea el de ‘irritar’.

‘El cielo es azul, la tierra blanca’ de Hiromi Kawakami

El cielo es azul, la tierra blanca

Portada del libro

Una historia de amor. Ese es el subtítulo de esta novela. La esencia del libro en cuatro palabras. Una historia de amor contada a la japonesa…

Tsukiko tiene 38 años y lleva una vida solitaria. Considera que no está dotada para el amor. Hasta que un día encuentra en una taberna a su viejo maestro de japonés. Entre ambos se establece un pacto tácito para compartir la soledad. Escogen la misma comida, buscan la compañía del otro y les cuesta separarse, aunque a veces intenten escapar el uno del otro: el maestro, en el recuerdo de la mujer que un día lo abandonó; Tsukiko, en un antiguo compañero de clase. Con una prosa sensual y despojada, Kawakami nos cuenta una historia de amor muy especial: el acercamiento sutil de dos amantes, con toda su íntima belleza, ternura y profundidad. Todo un descubrimiento literario.

Creo que uno de los mayores aciertos de este libro es cómo narra, de manera serena, los pequeños momentos, llenos de pequeños detalles aparentemente intrascendentes. Los momentos fluyen, igual que los sentimientos, pero sin cursilerías. Este no es un libro cursi, sino una historia que en su aparente sencillez esconde hondura. Porque en compartir una taza de té o un viaje en tren, cosas normales que todos hacemos, reside el deseo de compartir y encontrar un compañero para esos momentos, para la vida… Pero sin grandes aspavientos ni fuegos artificiales. Con serenidad, suavemente.

Estilo sutil, poético, lleno de lirismo, para una historia que desafía convenciones. Gusto por el detalle, que tan bien captan los autores japoneses, y una profundidad de sentimientos bien lograda. Recomendable cien por cien, sobre todo para quienes gusten de las novelas intimistas.

‘Nunca me abandones’ de Kazuo Ishiguro

Tengo que reconocer que esta es la única novela que he leído del escritor británico-japonés Kazuo Ishiguro, así que no tengo suficientes elementos de juicio sobre él o su obra. Pero sí puedo decir que Nunca me abandones me pareció una novela extremadamente inquietante. Os copio el texto de la contraportada.

Portada de la edición española

A primera vista, los jovencitos que estudian en el internado de Hailsham son como cualquier otro grupo de adolescentes. Practican deportes, tienen clases de arte donde sus profesoras —o guardianas— se dedican a estimular especialmente su creatividad y, como todos los jóvenes, descubren el sexo, el amor, los juegos del poder. La institución es una curiosa Arcadia inglesa, recóndita y orgullosa de sus instalaciones deportivas, de sus jardines, de su lago y sus idílicos caminos rurales, que tal vez no llevan a ninguna parte. Porque Hailsham es un mundo hermético, convencional y extraño a la vez, una mezcla de internado victoriano y de colegio para hijos de hippies de los años sesenta, donde los pupilos parecen ser huérfanos y no tienen otro contacto con el mundo exterior que Madame, como llaman a la mujer que viene periódicamente a llevarse las obras más interesantes de los adolescentes, quizá para una galería de arte, o un museo. Donde los profesores —o guardianes — no dejan de repetirles que son muy especiales, que tienen un importante papel que desempeñar en el futuro, y se preocupan obsesivamente por su salud. Y las relaciones sexuales están libremente permitidas, pero se han prohibido los libros de Sherlock Holmes por su alto contenido en nicotina. Los jóvenes también saben que son estériles y que nunca tendrán hijos, de la misma manera que no tienen padres. Kathy, Ruth y Tommy fueron pupilos en Hailsham, y también fueron un juvenil triángulo amoroso, de vértices cambiantes. Y ahora, Kathy K., a los treinta y un años, se permite recordar Hailsham, y cómo ella y sus amigos, sus amantes, descubrieron poco a poco la verdad.

Y el lector de esta espléndida, minuciosamente construida novela, utopía gótica, fábula (in)moral, peculiar ficción científica con ecos de Blade Runner y de Soylent Green, irá descubriendo de la mano de Kathy que en Hailsham todo es una imitación, una parodia de la vida de un colegio normal, una representación donde los jóvenes actores no saben que lo son, y tampoco saben que no son más que el secreto terrible de la buena salud de una sociedad.

Repito: es una novela de lo más inquietante. Quizá porque, revestida de una pátina de realismo, nos cuenta una historia en que la crueldad y el espanto se unen para hacernos reflexionar sobre el ser humano y la sociedad en que vivimos. Porque lo que ocurre en la novela, podría estar sucediendo cerca de nuestra casa. Y cuando empiezas a leerla, parece la típica novela de aprendizaje, pero luego se convierte en otra cosa, que no sé bien cómo calificar. ¿Ciencia ficción? Quizá, pero no al uso, desde luego. Lo que está claro es que angustia y la historia de Kathy y sus compañeros nos conmueve y nos hace cuestionarnos nuestros límites.

Plurales

¡El equipo del WTF de Microsiervos ataca de nuevo! Hoy nos dejan la foto de una cafetería con una curiosa manera de formar los plurales…

Peculiar cartelería plural

¿Tendrán también 'pastases' y 'bolloses'?

Para empezar el fin de semana con una sonrisa… 😉

Reflexiones (I)

«He hablado de la inutilidad del arte, pero no he dicho la verdad sobre el consuelo que procura. El solaz que me da este trabajo de la cabeza y el corazón reside en que solo aquí, en el silencio del pintor o del escritor, puede recrearse la realidad, ordenarse nuevamente, mostrar su sentido profundo».

Lawrence Durrell
1912-1990
Escritor

¿Me ayudáis?

Llevo unos cuantos días pensando en una frase que me han pedido para la cabecera del blog y no hay manera. Se me ocurren cosillas, pero nada me convence. Y he pensado que quizá vosotros tenéis las mentes más vivas y despiertas que yo y podéis ayudarme con la tarea.

Necesito una frase cortita que resuma qué es este blog (esto es, descriptiva), pero no quiero nada serio y sesudo… ¿Se os ocurre algo? Por favor…

Si tenéis alguna idea, será bienvenida en los comentarios o en la dirección de correo electrónico del blog. ¡Muchas gracias de antemano! 🙂

Truco en Word: autocorrección

En alguna ocasión os he comentado que no soy muy amiga del corrector de Word (sirve para alguna errata y poco más; algún día hablaré de esto largo y tendido). Tampoco me gustan mucho los cambios que Word se saca de la manga a veces, salvo cuando son cambios que yo misma he «pedido».

¿No os pasa a veces que tenéis alguna palabra que se os atraganta? ¿O un fallo que cometáis a menudo? ¿O alguna palabra larga que repitáis constantemente al escribir? Pues para hacernos la vida un poco más fácil en estos casos, tenemos a nuestra disposición una de las herramientas de corrección de Word: las opciones de autocorrección (Windows) o autocorrección (Mac). Como ya sabéis, yo utilizo Word 2004 para Mac, así que los pantallazos son de esa versión (pero es prácticamente igual en otras versiones, incluso de Windows, que lo he comprobado por si acaso). Vamos a ir poniendo ejemplos:

Seguir leyendo…

‘Digresión’

La acción de interrumpir un discurso e irse, como popularmente se dice, por los cerros de Úbeda, se llama digresión. Es incorrecto (y da sensación de pobreza léxica) emplear disgresión (con ese).

A ese profesor no se le sigue bien por las continuas disgresiones que hace… ×
A ese profesor no se le sigue bien por las continuas digresiones que hace…

Tendencia a alargar las palabras

Existe, hoy en día, una tendencia exagerada a alargar palabras mediante el empleo de sufijos. En ocasiones pensamos que cuanto más largas y complejas sean las palabras de nuestro discurso, este parecerá más culto. No obstante, muchas veces conseguimos el efecto contrario: un texto excesivamente pedante y recargado.

A continuación tenéis una lista de palabras que, aunque no son incorrectas, deben utilizarse con cautela y sin abusar de ellas:

  • Influenciar por influir.
  • Culpabilizar por culpar.
  • Paralización por parálisis (en determinados contextos).
  • Posicionamiento por posición.
  • Concretizar por concretar.
  • Intencionalidad por intención.
  • Regularización por regulación.
  • Peligrosidad por peligro.


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