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Últimas lecturas (mayo y junio de 2017)

Como os comenté hace poquito, voy a seguir comentando los libros que he leído este año. En la entrega de hoy, los de mayo y junio. Podéis consultar las primeras lecturas de 2017 aquí y aquí, de todas formas.

MAYO

Maggie O’Farrell: Tiene que ser aquí

‘Tiene que ser aquí’

Daniel Sullivan y Claudette Wells son una pareja atípica: él es de Nueva York y tiene dos hijos en California, pero vive en la campiña irlandesa; ella es una estrella de cine que, en un momento dado, decidió cambiar los rodajes por la vida en el campo, la fama por el anonimato. Ambos son razonablemente felices.

Sin embargo, esta idílica vida, trabajosamente construida entre los dos, se tambaleará cuando Daniel conozca una inesperada noticia sobre una mujer con la que había perdido el contacto veinte años atrás. Este hallazgo desencadenará una serie de acontecimientos que pondrán a prueba la fortaleza de su matrimonio.

Tiene que ser aquí cruza continentes y atraviesa husos horarios siguiendo a un heterogéneo grupo de personajes durante varias décadas para trazar el extraordinario retrato de una pareja, de las fuerzas que la unen y de las presiones que amenazan con separarla. Una epopeya íntima y cautivadora sobre aquello que abandonamos y aquello en lo que nos convertimos mientras buscamos nuestro lugar en el mundo.

Tengo sentimientos encontrados con esta novela. Voy a ser muy sincera: me acuerdo más de lo malo que de lo bueno. En mi nómina de lecturas de 2017 pasará con más pena que gloria; de hecho, me he acordado de la historia someramente por la sinopsis que he copiado. La historia en sí me gustó (ojo, sin ser nada del otro mundo), incluso creo que el planteamiento tiene un puntito original. ¿Qué pasa? Que es como un puzle. Lo cual no es nada malo en sí, a mí estos juegos literarios me suelen gustar (y motivar) bastante. Pero aquí no. Me pareció lioso y no le encuentro la razón. Si hubiera un porqué para ese desorden (temporal, geográfico, de personajes), pues genial; sin embargo, o bien no lo hay o bien yo no se lo encontré. Con lo cual me quedó una sensación agridulce desde el principio. Aunque me gustara la historia, la novela me chirriaba.

Además, a pesar de que me he prometido a mí misma no comprar más ebooks de Libros del Asteroide, volví a caer con este y… el horror. Si las ediciones en papel de esta editorial siempre tiene algún pero (y mira que me fastidia decir esto), lo de las ediciones digitales clama al cielo. Y eso a mí me saca completamente de la lectura. Decepción, en definitiva, porque esperaba mucho más.

Han Kang: La vegetariana

‘La vegetariana’

Yeonghye es una mujer aparentemente normal, joven, sin mayores virtudes o defectos. Una noche, sin ninguna actitud previa que hiciera suponer un cambio en su carácter, su marido la encuentra en la cocina tirando a la basura toda la carne almacenada en el congelador. Cuando él la increpa por lo que está haciendo, ella le dice que ha tenido un sueño y que abandonará la ingesta de carnes. Su determinación es absolutamente radical e irrevocable, pero el marido y la familia no están preparados para esta decisión ni para la transformación que comienza a gestarse en Yeonghye a partir de ese momento. La vegetariana es una novela con un fuerte componente psicológico, que cuestiona los límites culturales de la cordura, la violencia y el valor del cuerpo como un bien privado y último refugio.

«Hacer preguntas, eso es para mí escribir. No escribo respuestas, simplemente me afano por redondear las preguntas, trato de permanecer mucho tiempo dentro de ellas. De rodillas, arrastrándome otras veces, espero llegar hasta el final, hasta el centro (aunque sea imposible). Esta novela es también una pregunta imposible. Hay una mujer, un ser humano que ya no quiere formar parte de la humanidad. Un ser que pone en juego su vida para no dañar a nadie ni a nada, un ser a quien un día deja de importarle en absoluto vivir o morir. Simplemente quise preguntar si una mujer así se quedara en silencio, y llevara a cabo su decisión, qué es lo que pasaría; con qué se encontraría al final del camino».

Puede que este sea el libro que más me ha removido este año. Aviso: no es una lectura agradable. Intentar comprender las decisiones y actos de Yeonghye conlleva una reflexión profunda de nuestras propias decisiones y actos, y los de aquellos que tenemos a nuestro alrededor (y cómo nos comportamos ante ellos). Me pareció, dentro de su crudeza, una novela muy bella, íntima y genuina. Empaticé muchísimo con el personaje principal, esa mujer delicada y fuerte a un tiempo, y que tan bien ha conseguido dibujar Han Kang. He recomendado bastante la novela, a pesar de que la corrección era un desastre (encontré «problemas» en tantas páginas que dejé de contarlos, y acabé la novela por lo poderoso del texto, no por la edición; aun así, a pesar de esto, que a mí me molesta mucho, el catálogo de Rata me parece tan interesante que seguiré leyendo libros suyos).

Virginia Woolf: Las aventuras agrícolas de un cockney

‘Las aventuras agrícolas de un cockney’

Este libro, que narra las aventuras de un joven matrimonio del East End londinense que de repente se traslada al campo, es un tesoro para el lector entusiasta de Virginia Woolf.

Es la primera vez que se publican en castellano estas dos obras cortas, escritas por la autora entre los diez y los trece años, y son dos textos notables y sofisticados para una niña de esa edad. Una mirada diferente y divertida de la vida en pareja.

Este libro es una delicia. Dos cuentos de una Virginia Woolf todavía niña (en realidad, Virginia Stephen aún, claro), en los que ya se ven su humor, su inteligencia y su curiosidad por interpretar el mundo. Un regalo para los lectores de la autora británica, en una magnífica traducción de una de las personas que más conocen (y aman, y hago bien usando este verbo) a Virginia Woolf, Ainize Salaberri (sí, ya sé que muchos vais a decir que es una de mis mejores amigas y que le hago la pelota, pero nada más lejos: estoy orgullosísima del trabajo de Ainize en este libro). Y ojo a las ilustraciones de Maite Gurrutxaga, el complemento perfecto para los cuentos: imposible no enamorarse de ellas.

Stig Sæterbakken: A través de la noche

‘A través de la noche’

«La tristeza llega de muchas formas distintas. Es como una luz intermitente que se apaga y se enciende. Está ahí y es insoportable, luego desaparecer porque es insoportable, porque es imposible tener ahí todo el tiempo. Te llena y te vacía. Mil veces al día se me olvidaba que Ole-Jakob había muerto. Mil veces al día, de pronto, lo recordaba. Y ambas cosas me resultaban insoportables. Olvidarlo era lo peor que podía hacer. Acordarme de él era lo peor que podía hacer. Era una sensación de frío que iba y venía, pero nunca de calor. Solo había frío y ausencia de frío. Era como estar de espaldas al mar. Se me helaban los talones cada vez que una ola rompía sobre ellos. Luego la ola se retiraba. Luego volvía».

Cuando se afirma que el dolor nos hace más fuertes, no se tiene en cuenta el camino que hay que recorrer para armarse y seguir viviendo después de una pérdida que nos cambia para siempre. Solo los grandes autores, Agota Kristof, Thomas Bernhard, Imre Kertész y ahora Stig Sæterbakken, consiguen hablar de esos momentos de búsqueda existencial y encontrar palabras para definir la complejidad que caracteriza las relaciones y los sentimientos humanos.

Esta es una de las mejores novelas que he leído este año. «Puta mierda de los cojones». Así comienza un viaje terrorífico a través de la desesperación y la tristeza más absolutas, teñidas siempre de una culpa que mata en vida. Es un viaje hacia una pesadilla (para quienes lo hayáis leído: ¿qué sucede en esa casa?) de la que no se puede salir. Sæterbakken ha sido un gran descubrimiento este año. Espero que Mármara (o cualquier otra editorial) traduzca al castellano más obras suyas (aunque esta se considera la mejor). Muy recomendable.

María Sánchez: Cuaderno de campo

‘Cuaderno de campo’

En este libro se anota la vida, la que se recuerda y se ha perdido, la que nos ha forjado en sangre y en tierra, la que aguarda en la observación del día a día. María Sánchez ha afrontado en Cuaderno de campo una reflexión sobre la familia, y cómo nos construye, y sobre el cuerpo, y cómo nos acuna o nos aísla —según el lugar al que queramos dirigirnos—, y sobre nuestra propia posición con respecto a nuestros orígenes. Estos poemas transcurren en casas antiguas, durante ceremonias heredadas, entre animales que también nacen, crecen, se reproducen, mueren. Una obra sabia, delicada y a la vez en guardia, dispuesta a protegerse y atacarnos.

No soy una gran lectora de poesía (antes sí lo era, pero por muchos motivos la fui dejando y la retomo en poquitas ocasiones). Este libro me vino recomendadísimo y con mucha razón (estos días lo veréis merecidamente en casi todas las listas de mejores libros de 2017). Es una delicada reivindicación de nuestros orígenes, de una tremenda belleza. Por mis circunstancias personales, me quedo con un poema que no es ni el mejor ni el más representativo del poemario, pero que a mí me tocó enormemente y se queda ya para siempre en mi memoria para ilustrar un momento muy dulce de mi vida. Es la tercera parte de «La primera mancha» y tiene que ver con la voz, cómo no (para quienes me seguís en Instagram, está allí; os pongo el enlace, creo que lo podréis ver a pesar de que tengo la cuenta con candadito; si no podéis verlo, lo siento).

Karl Ove Knausgård: Tiene que llover

‘Tiene que llover’

De los años que captura este libro, apenas quedan unos pocos recuerdos, nos dice el autor. Y, por encima de todos, uno: el de la ignorancia, la ingenuidad, el fracaso. Y, sin embargo, en Tiene que llover un Knausgård concentrado y frontal exprime su prodigiosa capacidad evocativa para, cerrando el círculo, describir el camino por el que llegó a convertirse en el autor que conocimos con La muerte del padre, y dar vívido testimonio de los impedimentos, errores y tropiezos que contribuyeron a conformarlo.

Un camino que empieza, en 1988, donde terminaría catorce años más tarde: en Bergen, con un veinteañero Karl Ove convertido en el alumno más joven de la Academia de Escritura de la ciudad, y pletórico de un entusiasmo que no tarda en abandonarle. Y es que el precoz novelista se revela inepto en todos los frentes: el social, el amoroso, el literario. Sus textos son infantiles, están hechos de clichés, y Karl Ove combate (bebiendo, saliendo, enzarzándose en peleas o coqueteando con la delincuencia) la lacerante constatación de no ser un escritor en absoluto.

Pese a ello, persiste: va a la universidad, envía algunos cuentos, cosecha algunos rechazos; descubre un talento inesperado para la crítica literaria. Y tras sus primeros romances frustrados, el amor: Tonje, con la que se casará, y junto a la que verá cómo, cuando ya casi no lo esperaba, se convierte en algo parecido al autor que siempre había anhelado ser. Hasta que la insatisfacción que también lo había perseguido siempre se imponga, dando un sonoro carpetazo a la época que se dibuja en este libro: un tiempo del 
que emerge completa la silueta de un hombre atormentado, contradictorio e imperfecto, cada vez más próximo a emprender el autoanálisis inmisericorde que le llevará a descubrir el alcance de su vocación, tan trabajosamente conquistada. El mismo autoanálisis al que los lectores de todo el mundo han asistido, imantados, a lo largo de una saga de ambición infrecuente y escala titánica, que con Tiene que llover (veloz, libre, esencial, desnudo) entrega otro volumen inolvidable muy cerca de la culminación definitiva.

He llegado a un punto de adoración por Knausgård tal que no puedo ser objetiva. Me requetechifla, y punto. En esta quinta entrega (Dios mío, ¿qué voy a hacer cuando publiquen la sexta y última el año que viene?) se centra sobre todo en los años en que comienza a escribir más en serio, y la lucha que mantiene consigo mismo y con su propia escritura se convierte en la protagonista absoluta del libro. También se tocan otros palos, por supuesto, como las primeras relaciones amorosas serias (son los años en los que conoce, por ejemplo, a la que será su primera mujer) o el (ab)uso del alcohol. De este libro sí que quiero publicar reseña aparte (de hecho, está a medio escribir en este momento). Obviamente, a quienes les hayan gustado los anteriores libros de Mi lucha, les encantará; a quienes no soportan su obsesión por el detalle al escribir, pues no se lo recomiendo (¿para qué sufrir leyendo, habiendo tantos libros por el mundo?).

Annie Ernaux: No he salido de mi noche

‘No he salido de mi noche’

Mi madre sufrió la enfermedad de Alzheimer a principios de los años ochenta. Al final, tuve que ingresarla en una residencia de ancianos. Siempre que volvía de mis visitas, necesitaba escribir sobre ella, sobre su cuerpo, sus palabras, el lugar donde se encontraba. No sabía que aquel período me conduciría hacia su muerte, en 1986.

Al hacer públicas estas páginas, las revelo tal y como fueron escritas, fruto del estupor y el trastorno que entonces sentía yo. No he querido modificar nada al transcribir aquellos momentos en que me quedaba junto a ella, fuera del tiempo, de todo pensamiento. Había dejado de ser la mujer que había conocido, que velaba por mi vida, y sin embargo, bajo ese rostro inhumano, por su voz, sus gestos, su risa, era mi madre, más que nunca.

Desde que el año pasado descubrí a Annie Ernaux, se ha aupado a un puesto muy alto en mi lista de autores favoritos. Quizá no sea este el libro suyo de los que he leído que más me ha gustado, pero aun así me parece muy bueno (a pesar de que, en realidad, no es más que las transcripciones de las notas que la propia Ernaux fue tomando acerca de su madre durante el tiempo que abarca). Por el tema que aborda, la enfermedad  y muerte de su madre, como comprenderéis no es un libro de digestión fácil. Es breve, es emotivo y, no sé si por mis propias circunstancias cuando lo leí o porque el libro invita a ello, me hinché a llorar. Leed a Ernaux; creo que es la mejor recomendación que os puedo hacer.

JUNIO

Delphine de Vigan: Nada se opone a la noche

‘Nada se opone a la noche’

Después de encontrar a su madre muerta en misteriosas circunstancias, Delphine de Vigan se convierte en una sagaz detective dispuesta a reconstruir la vida de la desaparecida. Los cientos de fotografías tomadas durante años, la crónica del abuelo de Delphine, registrada en cintas de casete, las vacaciones de la familia filmadas en súper ocho o las conversaciones mantenidas por la escritora con sus hermanos son los materiales de los que se nutre la memoria. Nos hallamos ante una espléndida y sobrecogedora crónica familiar, pero también ante una reflexión sobre la «verdad» de la escritura, porque son muchas las versiones de una misma historia y narrar implica elegir una de esas versiones y una manera de contarla. Y esta elección a veces es dolorosa, porque en el viaje de la cronista al pasado de su familia irán aflorando los secretos más oscuros.

Otra novela que me gustó muchísimo, aunque debo decir que, en mi opinión, va de más a menos (al final, se me hizo hasta un poquito larga). Pero merece mucho la pena, por varias razones: primero, porque la vida de la madre de Delphine de Vigan, esa guapísima mujer que aparece en la cubierta del libro, es de lo más interesante (toda la parte de la niñez me pareció increíble); y, segundo, porque es un ejercicio de lo más peculiar sobre cómo escribimos las historias, nuestras historias, cómo ordenamos los recuerdos, cómo narramos nuestras vidas. ¿Y qué le puede interesar más a una lectora entregadísima a todo lo que huela a autoficción? Pues eso, que estaba claro que, como poco, esta novela me iba a intrigar. No solo lo consiguió, sino que la disfruté.

*  *  *

Esto es lo que dieron de sí mayo (bastante) y junio (se nota que tuve más lío, ¿eh?). Os toca. ¿Habéis leído algo de lo que comento? ¿Os gustó? ¿Alguno de estos libros os recuerda a algún otro que nos queráis recomendar? Los comentarios son vuestros, como siempre.

Reflexiones (LXI)

«Un libro es la prueba de que el ser humano puede hacer magia».

Carl Sagan
(1934-1996)
Cosmólogo, astrónomo y divulgador científico

Desastre (y deseo)

Toc, toc. ¿Se puede? Hola a todos. Y perdón por la tardanza. Me da hasta respeto ponerme a escribir esta entrada: he perdido la costumbre y no sé bien cómo explicar lo que ha pasado todo este tiempo. Como os podéis imaginar, este parón de casi seis meses no estaba planeado. Ni remotamente. En realidad, mi ausencia se explica con tres palabras: cansancio (no del blog, sino de todo en general: mi año ha sido/está siendo más complicado de lo que esperaba, y eso que el 1 de enero sabía ya que iba a ser muy difícil, pero hoy no nos vamos a meter en cosas personales que seguro que os importan poco y sobre las que tampoco tengo muchas ganas de hablar), saturación (de trabajo, sobre todo) y espera (llevo meses esperando algo, que ocurrirá en breve [creo]; entonces entenderéis un poco más por qué no escribía en el blog: no, no es nada de mi vida personal, no esperéis ninguna noticia maravillosa, porque no tiene nada que ver).

Vamos, que se me ha juntado todo y… ¡el desastre! Bonita palabra, por cierto, a pesar de su significado. ¿Empezamos esta vuelta con un poco de etimología? Pues vamos con desastre.

Desastre, de origen latino aunque nos llega por otras vías. En ese origen latino reconocemos el prefijo dis- (que se convierte en de, y significa ‘separación’) y el sustantivo astrum (‘astro’, ‘estrella’). Un desastre sería la desaparición (por disgregación o separación en múltiples fragmentos) de una estrella. Y, por ende, al aplicarlo a una cosa o persona, sería ‘lo que no tiene estrella’ o ‘quien no tiene estrella’.

Y una curiosidad más. En latín era un término culto y poético. ¿Por qué lo sabemos? Precisamente porque se parte del sustantivo astrum, que no era la voz más habitual para referirse a las estrellas, sino una tomada del griego, de αστρον (astron), que se empleaba solo en textos literarios. Entonces, ¿qué términos se empleaban para los astros y las estrellas? Pues sidus (que nos dará vocablos como sideral) y stella.

¿Me permitís que tome ese sidus y juguemos con él un poco? Va a ser mi forma de convertir esta entrada en una declaración de intenciones (y vosotros os lleváis un 2 × 1 de curiosidades etimológicas). Pues, como iba diciendo, volvamos al sidus o, mejor dicho, vayamos a su plural, sidera (‘astros’, ‘estrellas’).

De la combinación del prefijo de- (esta vez para indicar lejanía) más el sustantivo sidera, tenemos toda la familia de desidera: por ejemplo, tendríamos desiderium (‘deseo’). Porque, sí, el deseo está relacionado con las estrellas. El deseo tendría que ver con la acción de contemplar las estrellas desde la lejanía. Las estrellas son lo ansiado y están lejos de nosotros. Eso es el deseo: la estrella que contemplamos y anhelamos.

Mi deseo en este momento está más cerca y al alcance de la mano: quiero sacar tiempo todas las semanas para publicar entradas. En 2018 no puede volver a ocurrir lo que ha sucedido este año (que no ha sido culpa de nadie; sencillamente, a veces se lía todo). De verdad que quiero (y deseo) activar el blog de nuevo. Para empezar, durante este mes iré comentando los libros que he leído este año (agrupados, eso sí, no sé si habrá alguna reseña suelta).

Antes de irme, una cosita más. Me sorprende mucho que el número de visitas apenas haya bajado estos meses (ha bajado, obviamente, pero el descenso ha sido casi impreceptible). Así que, mil gracias. Gracias por haber seguido ahí. Ahora sí, nos leemos pronto.

‘Compañero’

El otro día me contaron el origen de la palabra compañero y me pareció tan bonito que no me puedo resistir a compartirlo aquí en el blog.

Compañero viene de compaña, sustantivo ya en desuso de mismo significado. Y ¿de dónde viene compaña? Pues de cum panis, es decir, ‘con pan’. El compañero es la persona junto con la que se come el pan, con la que se comparte el pan. (De hecho, compartir tiene un origen parecido).

Si bien sabemos cómo se formó el término, no hay unanimidad sobre sus primeros usos. Algunos etimólogos defienden que comenzó a emplearse en el ejército. Los soldados compartían el pan, es decir, comían juntos la misma comida, y por ello empezaron a llamarse compañeros. Otros, en cambio, consideran que los primeros usos eran religiosos y el pan al que se referían era el pan-cuerpo de Cristo.

Independientemente de cómo comenzó a utilizarse, el origen etimológico me sigue encantando. ¿Lo conocíais?

Neil Gaiman, la lectura y las bibliotecas

Este fin de semana he estado dándoles vueltas a varios textos de Neil Gaiman sobre la importancia de la lectura para los niños. Y en mis pesquisas he encontrado una conferencia que dio en Londres hace unos años sobre el tema. Como me parece de lo más interesante, os dejo el enlace por aquí. Solo está en inglés, lo siento. Para quienes habléis inglés, merece la pena pasar veinticinco minutos escuchando a Gaiman. De hecho, es un placer.

Conferencia de Neil Gaiman para la Reading Agency en 2013

 

Últimas lecturas (marzo y abril de 2017)

Sigo con el repaso de mis lecturas de este año. Tras una primera entrada en la que os hablé de los libros que leí entre enero y febrero, ahora me voy a detener en los dos meses siguientes, donde hay lecturas sumamente interesantes.

MARZO

Laura Ferrero: Piscinas vacías

‘Piscinas vacías’

«Quiero contarte una historia de amor, la tuya. Aunque sabrás, supongo, que no todas las historias de amor acaban bien».

Los protagonistas de estos relatos no son héroes ni viven situaciones de vida o muerte. Se parecen demasiado a nosotros mismos. Podrían ser nuestros vecinos, nuestros padres, nuestras parejas, nuestros amantes.

Una mujer que no puede dormir y se va al salón a escuchar el zumbido de la televisión. Un padre que sopla las velas ante su hijo, que también es padre. Una chica que le escribe una historia de amor a una niña que no conocerá. Un abuelo que le habla a una fotografía. Un hombre y una mujer que se dicen adiós en una esquina. No se conocen entre ellos, pero a todos les ocurren cosas parecidas: la vida, con sus insignificancias, pero también con sus grandes preguntas: cómo se enamora uno, por qué el amor que no se gasta se endurece, qué es lo que nos da miedo. Deben elegir entre la vida que tienen y la que imaginan.

Llegué a este libro de relatos a través de Twitter. Me explico: tengo amigos que retuitean a Laura Ferrero constantemente (y no me extraña, porque sus recomendaciones de libros y series son muy buenas) y algunos empezaron a hablar muy bien de este libro. Y un día aproveché una oferta para el Kindle y lo compré. Resumen: me gustó, algunos relatos incluso me gustaron muchísimo. Ahora bien, si profundizamos… Estos relatos no solo se salvan, sino que salen muy bien parados, precisamente por ser relatos. ¿Por qué digo esto? Porque individualmente funcionan. Muy bien. Están bien escritos. Plantean situaciones cotidianas con las que nos podemos sentir identificados muchas veces (de hecho, no conozco a nadie que haya leído el libro y no le haya pasado) y en ocasiones nos hacen reflexionar o nos dejan con una especie de runrún. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que si esto fuera una novela coral (ojo, que no lo es, son relatos individuales), todos tendrían la misma voz. Todos los personajes hablan igual. ¿Me ha importado? No, porque, además, he ido leyendo los relatos individualmente en distintos momentos. Pero quiero remarcarlo por si alguien se los lee del tirón y le suenan excesivamente parecidos (aunque las situaciones no lo sean). Aun así, a pesar de esto (que, ya digo, creo que no es aplicable porque son relatos), yo le voy a seguir la pista a Laura Ferrero. Me encantaría leer una novela suya. A ver si Laura y Alfaguara se animan. De momento, Piscinas vacías es una buena lectura (y a la autora la podéis seguir en Twitter o Instagram, que es una chica muy interesante).

Fernando Aramburu: Patria

‘Patria’

El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido, el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes? Por más que llegue a escondidas, la presencia de Bittori alterará la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori. ¿Qué pasó entre esas dos mujeres? ¿Qué ha envenenado la vida de sus hijos y sus maridos tan unidos en el pasado? Con sus desgarros disimulados y sus convicciones inquebrantables, con sus heridas y sus valentías, la historia incandescente de sus vidas antes y después del cráter que fue la muerte del Txato, nos habla de la imposibilidad de olvidar y de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político.

El gran fiasco de este año. No entiendo cómo está teniendo el éxito que está teniendo. Tampoco entiendo cómo está cosechando tan buenas críticas. Sobre todo cuando hablas con gente del mundillo editorial y casi hay consenso sobre la calidad (no excesivamente buena) de la novela (tiene errores estilísticos a porrillo). Pero es lo que hay.

Tengo que admitir que había escrito un par de párrafos con mi opinión sobre el libro. Pero los he borrado y no los voy a publicar. Porque no quiero darle espacio a esta novela tramposa (e, incluso, en algunos momentos y depende de quién la lea, dañina) en el blog. Solo quiero recalcar que no me ha gustado y que, como novela, es mediocre. Creo que mi postura queda clara. Si alguien quiere profundizar sobre ella, no tengo problema en comentar todo en privado (aunque ya hablé de todo esto largo y tendido en Twitter en su día).

ABRIL

Leila Slimani: Canción dulce

‘Canción dulce’

Myriam, madre de dos niños, decide reemprender su actividad laboral en un bufete de abogados a pesar de las reticencias de su marido. Tras un minucioso proceso de selección para encontrar una niñera, se deciden por Louise, que rápidamente conquista el corazón de los niños y se convierte en una figura imprescindible en el hogar. Pero poco a poco la trampa de la interdependencia va a convertirse en un drama.

Con un estilo directo, incisivo y tenebroso en ocasiones, Leila Slimani despliega un inquietante thriller donde, a través de los personajes, se nos revelan los problemas de la sociedad actual, con su concepción del amor y de la educación, del sometimiento y del dinero, de los prejuicios de clase y culturales. 

Esta novela es una especie de viaje hacia un infierno cotidiano. Pero el viaje es tan sutil que algunos de sus protagonistas no se dan cuenta de hacia dónde los están llevando. En realidad, no es una historia novedosa: hay muchísimas novelas y películas con la misma temática (Antena 3 seguro que nos hace el favor de programar alguna en la sobremesa del fin de semana). Lo interesante en este caso es el componente psicológico, que Slimani explota con mucho acierto. Aun así, debo reconocer que a mí me faltó algo. Un no-sé-qué que me hubiese permitido «comprender» o anticipar la reacción de Louise, personaje que me parece opaco al final (aunque sabemos desde la primera página lo que hace; me hubiese gustado que se profundizara un poco más en los porqués de esa decisión). ¿Recomendable? Sí, mucho. Y como sé que entre los que me leéis hay algún seguidor de los premios Goncourt, esta novela recibió el galardón en 2016.

Juan Gómez Bárcena: Kanada

‘Kanada’

Kanada comienza donde la mayoría de las novelas de la Segunda Guerra Mundial terminan: con el fin del conflicto. Porque en 1945 se interrumpen las matanzas, pero se inicia otra tragedia que ha suscitado mucha menos literatura: el imposible regreso a casa de millones de supervivientes.

El protagonista de Kanada lo ha perdido todo: familia, propósitos, recuerdos. Solo le queda su antigua residencia, un improvisado refugio en el que acabará encerrándose para protegerse de una amenaza indefinida. Rodeado por unos vecinos que tan pronto parecen sus salvadores como sus carceleros, emprenderá entre las cuatro paredes de su cuarto un viaje que lo llevará muy lejos, hasta el oscuro país de Kanada de donde afirma proceder.

¿Qué hacer cuando las circunstancias nos empujan a realizar actos de los que nunca nos creímos capaces? ¿Cómo recobrar nuestra identidad cuando se nos ha arrebatado todo? ¿Es posible regresar a un mundo cuyas reglas han dejado de tener sentido? Con su segunda novela, y bebiendo de autores de la talla de Borges, Vonnegut o Amis, Juan Gómez Bárcena se atreve a abordar uno de los episodios más oscuros de nuestra historia desde una óptica nueva, que no pone el foco de atención en los verdugos o en el acto físico del exterminio, sino en la culpa que el sufrimiento imprime en las víctimas.

Definiría Kanada como una apuesta muy arriesgada por parte de su autor. Es una novela dura, conmovedora, difícil… incluso incómoda a ratos. Y el riesgo no se queda en la historia en sí, sino que traspasa la forma, con esa segunda persona narrativa (imprescindible en este texto). El resultado es magnífico y, a mi modo de ver, tremendamente inteligente. Porque hay cosas que no se dicen, pero que están. Y con eso basta para emocionarnos. Os la recomiendo mucho. (Por cierto, no tiene absolutamente nada que ver con la anterior obra de Gómez Bárcena, El cielo de Lima, otra obra que no me he cansado de recomendar).

Karl Ove Knausgård: El otro lado de la cara

‘El otro lado de la cara’

El otro lado de la cara, un ensayo que acompaña las fotografías de nucas que Thomas Wågstrom reunió en su libro Cuellos, se convierte en manos de Karl Ove Knausgård en un análisis de simbología corporal y una meditación en torno a algunos de los temas que laten tras la titánica obra autobiográfica que lo ha consagrado como el escritor europeo más internacionalmente venerado del momento, uno de los nombres mayores de la literatura del siglo XXI.

El cuerpo como carne y espíritu, la infancia, la memoria, los padres e hijos y el individuo en comunidad y fuera de ella, parte singular, integrada o esquiva, de un mundo que empieza por entregarse para acabar rehuyéndonos: he aquí un texto que, al modo característico de su autor, hunde sus raíces en la experiencia personal para arrojar luz sobre qué significa ser humano junto a los demás, y que sirve de complemento perfecto a La isla de la infancia (Mi lucha: 3).

Para, de alguna manera, hacer más llevadero mi mono por leer algo de Knausgård, decidí hacerme con este ensayo (muy breve: se lee en veinte minutos). Y es Knausgård: no defrauda. Tras un comienzo algo extraño y muy teórico sobre la importancia de la nuca (sí, sí, la parte trasera del cuello), sale a relucir el Knausgård de siempre. Pero, claro, se hace corto, demasiado corto. Aunque, eso sí, no sé si cumplió su función de hacer la espera de Tiene que llover más llevadera, porque me entraron más ganas aún si cabe de seguir con él. Soy demasiado fan. No lo puedo remediar.

Pedro Mairal: La uruguaya

‘La uruguaya’

Lucas Pereyra, un escritor recién entrado en la cuarentena, viaja de Buenos Aires a Montevideo para recoger un dinero que le han mandado desde el extranjero y que no puede recibir en su país debido a las restricciones cambiarias. Casado y con un hijo, no atraviesa su mejor momento, pero la perspectiva de pasar un día en otro país en compañía de una joven amiga es suficiente para animarle un poco. Una vez en Uruguay, las cosas no terminan de salir tal como las había planeado, así que a Lucas no le quedará más remedio que afrontar la realidad.

Narrada con una brillante voz en primera persona, La uruguaya es una divertida novela sobre una crisis conyugal que nos habla también de cómo, en algún punto de nuestras vidas, debemos enfrentarnos a las promesas que nos hacemos y que no cumplimos, a las diferencias entre aquello que somos y aquello que nos gustaría ser.

Una de las novelas que más he disfrutado y con la que más me he divertido de este año. Un hombre en plena crisis de los cuarenta, que piensa que su mujer le es infiel y decide pagarle con la misma moneda en un viaje que hace a Uruguay. Obviamente, todo le sale fatal. Pero, aparte de las situaciones, ya divertidas por la forma en que las cuenta el protagonista, hay que poner la atención en las reflexiones que hace sobre su vida. Buenísima novela que se me hizo excesivamente corta.

*  *  *

Pues esto es lo que dieron de sí marzo y abril. En mayo he leído muchísimo, algunas obras muy interesantes además, así que volveré para hablaros de ellas. Y quién sabe si, ahora que parece que me he vuelto a animar con el blog, hasta escribo alguna reseña (creo que del de Knausgård, Tiene que llover, habrá entrada seguro).

Como siempre, tenéis los comentarios a vuestra disposición por si queréis sugerir algún libro que hayáis leído o matizar (o criticar o lo que sea) algo de lo que yo haya dicho.

Qué pasaría en vuestra vida si todo sucediera como en…

Imaginad que justo el último libro que habéis leído marcara vuestra vida actual y esta fuera a desarrollarse justo como en la historia que habéis tenido entre manos. Interesante, ¿eh? ¿Cómo sería? ¿Cuál ha sido vuestra última lectura y cómo afectaría a vuestra vida? ¿Qué pasaría ahora en vuestra vida si fuera como en… [poned vuestro último título aquí]?

Creo que me toca empezar. El último libro que he leído es… Tiene que llover, de Karl Ove Knausgård (quien no quiera tener detalles, que no siga leyendo).

Si ahora en mi vida me fuera a pasar lo mismo que le ocurre a Knausgård (es autoficción: coinciden protagonista, narrador y autor), estaría en una continua lucha conmigo misma durante unos diez años por ser escritora. Primero llevaría una vida desordenada, en la que el alcohol tendría un lugar excesivamente importante. Tendría varios trabajos, aunque acabaría escribiendo reseñas literarias para diversos medios. Cambiaría de casa mil veces. Me enamoraría, tendría relaciones con varias personas, les sería infiel. Conocería a la persona con la que me casaría un tiempo después. Perdería a varios familiares, entre ellos a mi padre (por culpa del alcohol). Y escribiría, escribiría, escribiría… Mucho, todo el tiempo. Y todo me parecería malísimo. Y dudaría de mí misma todo el tiempo.

¿Jugáis a esto conmigo? ¿Me contáis en los comentarios qué pasaría en vuestra vida si os fuera a ocurrir lo que pasa en el último libro que hayáis leído? ¡Animaos!

Escritoras, escritores y viceversa

Esta entrada surge de una de mis habituales conversaciones con los integrantes del equipo del blog Un libro al día. Me comentaron que les han echado en cara varias veces que reseñan más obras de hombres que de mujeres. Y eso desembocó en una charla sobre qué porcentaje de autores y de autoras leemos habitualmente.

Según parece (y redondeando las cifras), los hombres dedican un 80 % de su lectura a autores hombres. Sin embargo, las mujeres hacemos un fifty-fifty: la mitad de nuestras lecturas tienen autora (frente al mísero 20 % anterior).

Cuando me dieron esas cifras, yo corrí a mirar a quién leía yo. Porque algo tengo muy claro: cuando me acerco a un libro, lo hago independientemente del sexo de quien lo haya escrito. Mi conclusión: como la mayoría de mujeres, reparto mis lecturas equitativamente entre autores y autoras.

¿Y vosotros? ¿Leéis más libros escritos por hombres o por mujeres? ¿Ponéis cupos, restricciones…? ¿Os importa si una obra está escrita por un hombre o una mujer? Hoy sí que me gustaría que dejarais vuestra opinión en los comentarios. Os espero.

PS.: Por cierto, lo anterior vino porque me entrevistaron en ULAD. No dije nada en ningún sitio, no lo publicité, no di la muerga en su día… pero, si queréis leer la entrevista, la tenéis aquí, con reseña del último libro de David Foster Wallace publicado en castellano (por Malpaso) incluida.

Últimas lecturas (enero y febrero de 2017)

Aunque no tengo mucho tiempo para ir reseñando lo que voy leyendo y creo que merece la pena, sí quiero dejar al menos un pequeño comentario sobre todas mis lecturas. Así que, como ya he hecho otras veces, os voy a contar qué me han parecido los libros que leí en los dos primeros meses de este año (y creedme que me da mucha pena no poder escribir largo y tendido sobre alguno de ellos).

ENERO

Rachel Cusk: A contraluz

‘A contraluz’

Una escritora inglesa llega a Atenas en pleno verano para impartir unos cursos de escritura. Durante su estancia en la capital griega, la gente que va encontrándose decide sincerarse con ella y contarle aspectos importantes sobre sus propias vidas.

En el calor sofocante de la ciudad, los diferentes interlocutores confiesan sus amores, sus ambiciones y miedos a la narradora, de quien apenas sabemos que está separada y es madre de dos hijos. De este modo, una secuencia de voces ajenas va trazando un complejo tapiz humano que acabará perfilando por contraste la personalidad de la narradora y los sucesos más decisivos de su vida: el sentimiento de pérdida, la búsqueda de un sentido a la vida familiar, la dificultad de establecer lazos de confianza o el misterio de la creatividad. A contraluz nos habla de cómo construimos nuestra forma de ser a partir de nuestra propia vida y de la de los demás.

Comencé el año con esta novelita (uso el diminutivo por su extensión, no por su calidad) de Rachel Cusk, una autora que no conocía. Y me gustó mucho. Ese puzle de personajes, de historias, de sentimientos que dibujan como en negativo la vida de la protagonista no solo llamó mi atención, sino que me pareció cercano, empático, humano. Una lectura fácil y agradable.

Lara Moreno: Piel de lobo

‘Piel de lobo’

Un viejo caballito de plástico blanco y azul espera a las dos hermanas cuando entran en casa del padre, un hombre solo que murió hace un año, dejando tras de sí pocos recuerdos y algunas manchas de café en el mantel. Sofía y Rita han venido al pueblo para recoger lo poco que queda de aquellos años en que eran niñas y pasaban los veranos allí, en el sur, cerca de la playa.

Rita, tan esbelta ella, tan hermosa, tan lista, parece dispuesta a despachar el asunto y volver a lo suyo, pero Sofía sabe que esa casa será el refugio donde ella y Leo, su niño de cinco años, van a instalarse para curar un desamor que la ha dejado sin fuerzas. Allí se quedan madre e hijo, paseando esa nueva vida por las calles donde se abren las primeras sombrillas, masticando arroz y fruta limpia, intentando imaginar un futuro que tenga sabor.

¿Y Rita? Rita se va pero vuelve porque hay recuerdos que queman y el rencor pide paso. Finalmente, encerradas en esa casa que parecía muerta, las dos hermanas nos van a contar una historia dura, algo que nadie quería saber, un secreto del que quizá sería mejor olvidarse, y que solo la buena literatura sabe rescatar para que ese dolor, esa rabia y la ternura que de repente asoma sean también nuestros.

Tampoco conocía a Lara Moreno, pero ahora no tengo dudas de que es una de las narradoras más interesantes del panorama español actual. Y, aun así, debo confesar que, tras un comienzo brillante, la novela, para mi sorpresa, me dejó tibia. Y todo porque tengo la sensación de que la autora se empeña en meter cierto tema hacia el final y, en mi opinión, el resultado es forzado. Y tampoco considero que fuera necesario. Eso, en lo que habría sido mi Piel de lobo ideal, que no es la novela que he leído. Ahora, tengo que admitir que he leído una buena novela, con una prosa magnífica y un gran dominio de la elipsis, de lo que no se dice. Sí que la recomiendo, a pesar de que yo creo que va de más a menos.

Paula Bonet: La sed

‘La sed’

Percibo en el aire cierto olor a muerte, quizás sean la angustia y sus réplicas. Quiero hablar de ellas. De los cuerpos, del temblor. De esta libertad que me quema en las manos.

Quienes ya conozcáis el trabajo de Paula Bonet os podéis hacer una idea de lo que vais a encontrar en este libro: ilustraciones magníficas acompañadas de textos y citas con cierto aire poético. No obstante, quizá no seáis conscientes del tono que Bonet ha adoptado en esta historia descarnada de desamor: es un libro oscuro, asfixiante a ratos y tremendamente triste. Y desesperanzado, no hay salida posible.

Si estáis sufriendo, os podréis sentir comprendidos y acompañados. Si habéis sufrido, quizá os traiga recuerdos nada agradables. Si no habéis sufrido (dichosos vosotros), quizá os ayude a ver lo desesperadas que pueden llegar a ser ciertas situaciones. Creo que lo más importante del libro, aparte del camino que nos hace recorrer, son las ilustraciones. Que, esta vez, tenemos la suerte de que van acompañadas de citas de Sylvia Plath, Anne Sexton, Clarice Lispector, Albert Camus, Siri Hustvedt… Un libro para saborear despacito. Y exorcizar dolor, si se puede.

Iván Repila: Prólogo para una guerra

‘Prólogo para una guerra’

El prestigioso arquitecto Emil Zarco recibe el encargo más importante de su carrera, un proyecto urbanístico con el que podrá exponer sus ideas sobre la esencia y el destino de los hombres: una larga estirpe que debe progresar y perpetuarse, heredera de los grandes logros de sus antepasados. En la misma ciudad, otro hombre viaja en sentido contrario, pretende la desaparición, la ruptura con una sociedad que no le corresponde. No habla. El Mudo no quiere compañía. Ambos están heridos: uno, por la imposibilidad de realizarse; el otro, por una pérdida irreversible.

La ciudad es testigo y escenario de la batalla de dos hombres antagónicos destinados a enfrentarse contra sus propios demonios y por la misma mujer. Una historia sobre las dos únicas formas de respuesta ante el dolor: la destrucción o la redención.

Aclamado como uno de los escritores más destacados del panorama literario español, dueño de un estilo «provocador» (The Guardian), «sorprendente y memorable» (The Bookbag), «de una potencia metafórica impresionante» (Le Monde des Livres), Iván Repila ha escrito una poderosa novela sobre la distancia entre nuestros anhelos y aquello que la vida nos depara.

Esta novela es imprescindible. Y ahora muchos pensaréis que ya le estoy haciendo la pelota a Iván, porque es amigo mío. Nada más lejos. Leída objetivamente, esta novela le da mil vueltas a la mayoría de las que se publican en España (y, de hecho, ojalá todo el mundo fuera consciente del prestigio del que goza Iván en Inglaterra o Francia, por ejemplo). Porque Iván asume riesgos, cuida el estilo como nadie y, a través de símbolos y metáforas, plantea situaciones que hacen pensar al lector. Y su novela, como capas de cebolla, tiene distintas lecturas según queramos profundizar más o menos en esos símbolos. Se merecería un comentario mucho más largo, una entrada para ella sola, porque lecturas tan interesantes e inteligentes no abundan. De momento, hasta el momento en que llegue, os recomiendo que la leáis, porque no os va a dejar indiferentes.

Atticus Lish: Preparación para la próxima vida

‘Preparación para la próxima vida’

Zou Lei es una inmigrante ilegal musulmana de origen chino —de la etnia uigur— que ha entrado en los Estados Unidos por la frontera mexicana y que, intentando abrirse camino, malvive aceptando trabajos precarios e inhumanos, con el miedo constante a que las autoridades la descubran y la expulsen del país.

Brad Skinner es un excombatiente de la guerra de Irak que vuelve a su país arrastrando consigo todos los demonios de conflicto. Es un hombre roto a quien el horror y la violencia han marcado profundamente, y cuyas graves secuelas lo incapacitan para llevar una vida normal y amoldarse a esa otra locura consensuada que llamamos sociedad.

Zou Lei y Skinner se conocerán en mitad de sus respectivos naufragios, en el corazón del caos urbano que amenaza con devorarlos y los condena a existir en los márgenes. Su amor será otra forma de la necesidad, el último clavo ardiendo. Una estrategia de resistencia. La promesa de un horizonte y de un sentido en mitad de la desorientación, el vacío y el desamparo, la posibilidad de ternura en un entorno inhóspito e implacable, pero también una desesperada huida hacia delante ante la inevitable cuenta atrás. Mientras Zou Lei, con sus limitadísimos recursos, intenta encontrar el modo de normalizar su situación en el país, Skinner, siempre a un paso de la locura, luchará para que las sombras que lo asedian no lo arrastren definitivamente. ¿Existe en este mundo un futuro para ambos?

Creo que esta ha sido una de las lecturas más desesperanzadas de los últimos tiempos. Qué miseria, qué tristeza, qué todo. Es una historia de amor desamparada, siempre en lucha contra los elementos. Sin embargo, a veces los elementos y la sociedad nos engullen y no nos dejan más que asfixia, desencanto, locura, esclavitud y miseria. No podía ser de otra forma en esta crítica de las políticas migratorias y de la guerra, que aquí toman la forma de personajes tan bien dibujados que, realmente, parece que hablan de personas de carne y hueso que tenemos delante. Estuve tentada de dejar la novela a medias, no porque no me estuviera gustando, todo lo contrario, sino porque las comeduras de tarro del protagonista me estaban afectando en exceso. Aun así, la acabé: no podía dejar sola a Zou Lei, una chica entrañable que tiene todo en su contra. ¿Cómo abandonarla? Sí, me metí mucho en la vida de los personajes y me quedé muy tocada al acabar la lectura. Y si un libro te deja así, es porque ha cumplido su propósito con creces. Una buenísima novela.

FEBRERO

Jonathan Coe: La lluvia antes de caer

‘La lluvia antes de caer’

Rosamond ha muerto. Tenía setenta y tres años, sufría del corazón y se había negado a operarse. Tras el entierro, el testamento. Rosamond nunca se casó ni tuvo hijos, y su herencia deberá repartirse entre Gill y David, los hijos de su hermana, e Imogen, una casi desconocida, que Gill vio una vez, hace más de veinte años, en una reunión familiar. Era una niña rubia y ciega de siete años, extraña y encantadora, que sedujo a todos los invitados. Gill encuentra varias cintas de cassette que Rosamond ha grabado y una nota donde le dice que las cintas son para Imogen, y si no la encuentra, que las escuche ella. Tras buscar sin éxito a la elusiva joven, Gill y sus dos hijas vuelven a oír la voz de Rosamond que, apoyándose en la minuciosa descripción de veinte fotografías, cuenta una historia de madres e hijas que va desde los años cuarenta hasta el presente, tres generaciones de mujeres ligadas por el deseo, la culpa, la crueldad, la ambivalencia de sus afectos… 

Este libro tiene ya unos cuantos años. Recuerdo que quise leerlo cuando salió, pero al final no lo hice. A comienzos de este año, un amigo habló de él en Twitter y, un día que se me había olvidado coger un libro para leer en el autobús (a veces me pasa), me metí en una librería y lo compré. Y no me arrepentí.

Es una novela para disfrutar. Disfrutar, lo primero, de la historia en sí. Una historia que, a pesar de su sencillez, pone sobre la mesa ciertos temas que no siempre son (bien) tratados en la literatura (y no cuento de qué va, porque es un poco destripar el intríngulis de la novela). Y también podemos disfrutar de la forma en la que nos cuentan la historia. Se supone que se están escuchando unas cintas y nosotros, los lectores, parece que las estamos escuchando también, como pequeños cotillas. Una lectura de lo más agradable (y con un título de lo más sugerente, que se explica en un párrafo precioso que os copio a continuación):

—[…] No me importa que llueva en verano. Hasta me gusta. Es mi lluvia favorita.
—¿Tu lluvia favorita? —dijo Thea—. Pues la mía es la lluvia antes de caer. […]
—Pero, cielo, antes de caer en realidad no es lluvia. […] Es solo humedad. Humedad en las nubes. […]
—Ya sé que no existe. Por eso es mi favorita. Porque no hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz, ¿no?

Jeanette Winterson: La niña del faro

‘La niña del faro’

Érase una vez un farero ciego y una niña huérfana… Así podría empezar uno de los muchos cuentos del señor Pew, el hombre encargado de cuidar del faro de un remoto pueblo de Escocia. Quien le escucha es la pequeña Silver, una chiquilla lista que acaba de perder a su madre y de ganar a un nuevo amigo, un hombre enamorado de las palabras y dispuesto a contar historias insólitas, que se enlazan unas con otras en una trenza sin fin. Sentada al lado del señor Pew, Silver llegará a saber cómo y cuándo se construyó el faro, y descubrirá a personas tan fascinantes como Stevenson, Darwin y el reverendo Babel, un libertino lleno de ira y de amor por una hermosa mujer. Cuando Silver crezca, los cuentos del señor Pew la acompañarán y harán de ella una lectora voraz, fascinada por los libros y por los cuerpos misteriosos que va encontrando en su camino. Amante fiel de la palabra y de su poder, con La niña del faro Jeanette Winterson nos invita a entrar en esa «habitación propia» que Virginia Woolf amuebló hace muchos años, una habitación llena de mil historias que nos defienden de la soledad y hacen más llevadero el oficio de vivir. «Somos todos huérfanos… pero si aprendemos a leer nuestra vida como un cuento, podemos escapar de la tiranía de los hechos», Jeanette Winterson.

Este es uno de los primeros libros que me recomendó Ainize Salaberri, directora de Granite & Rainbow y más conocida en este blog como «la Stephen». Debo admitir que la Stephen falla muy pocas veces en sus sugerencias, y no sé cómo le voy a agradecer que me pusiera sobre la pista de Jeanette Winterson y, sobre todo, de esta preciosidad. Es una joya. La tengo requetesubrayada (de hecho, podéis ver frases aquí) y forma parte desde ya de la lista de mis libros favoritos.

Es una historia llena de otros cuentos e historias, que le van a servir a la huérfana Silver a comprender, de la mano de un viejo farero ciego, qué es el amor y todos sus matices. Como diría la Stephen, esto es un milagro hecho literatura. Hacedle caso y leed esta maravilla (y yo os recuerdo también, de paso, otra novela de Winterson que me maravilló: La pasión).

*  * *

Hasta aquí lo que dieron de sí enero y febrero en cuanto a lecturas. Os seguiré contando… Por supuesto, como siempre, los comentarios están abiertos para lo que queráis: comentar estos libros, hablar sobre vuestras lecturas, preguntarme cosas o hacer recomendaciones a los demás (y a mí, claro está).

¿Vuelvo?

Tengo la sensación de que cada vez que escribo algo para el blog empiezo pidiendo perdón por la tardanza. Sí, en los últimos tiempos no escribo mucho. Sí, esta vez me he hecho de rogar un poco (bastante) más. Y sí, me encantaría deciros que ya vuelvo, porque es lo que quiero y es mi intención, pero no puedo asegurarlo, así que no me queda más remedio que escribir el título de esta entrada con interrogaciones. Ojalá desaparezcan, aunque en este momento me veo incapaz de prometerlo.

Aun así, retomar el blog es una de mis intenciones para mayo. Porque mi vida vuelve poco a poco a la normalidad. Porque quiero hablar de muchas cosas con vosotros. Y porque tengo muchas lecturas que compartir. Espero que sigáis por aquí. Nos leemos muy pronto.



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