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Minientrevista en la SER

El jueves, cuando escribí que este fin de semana tendríais noticias mías, en realidad era porque yo ya sabía que iba a volver a salir en la radio ayer viernes. Justo cinco meses después de aparecer en el A vivir Euskadi, ayer tocó en La Ventana Euskadi. Os cuento cómo se gestó la cosa.

El liante, como la otra vez, fue Miguel Ángel Garrosa. Después de ciertos tuits que yo escribí durante los debates de la investidura fallida de Rajoy, se le ocurrió que apareciera un día en la radio durante la campaña vasca para comentar lo mal que hablan los políticos. Así que me he seguido toda la campaña (sarna con gusto no pica, he de confesar), he escuchado todos los debates que he podido tanto en radio como en televisión, entrevistas, etc. para llegar a la conclusión de que los candidatos a la lehendakaritza hablan mejor que quienes discutían en el Congreso en Madrid la tarde de aquel tuit. Aun así, cometen errores y ayer por la tarde hablé sobre ellos con Eva Domaika. Como era breve el asunto, me llamaron por teléfono y a mí me da la sensación de que no se oye del todo bien (pero creo que es cosa mía, porque además no reconozco mi voz y esas historias).

Os dejo el enlace. Es del programa entero, me han chivado que salgo sobre el minuto 13 (y son tres minutillos, nada más). Por si queréis oír mi voz (podéis comentar después lo que queráis).

La Ventana Euskadi (23/9/2016)

Nada más de momento. Bueno sí, un gracias enorme a Eva Domaika, que fue encantadora conmigo, y otro a Miguel Ángel Garrosa, por todo.

Los últimos dos meses

Miro la fecha de la última vez que publiqué en el blog: 22 de julio. Dos meses justos. Es demasiado tiempo. Y no es que no me haya pasado por aquí, porque sí lo he hecho, incluso he dejado a medio escribir alguna entrada. Pero es que no me da la vida. Demasiadas cosas y no llego. No es excusa, es solo una explicación de por qué actualizo cada vez menos el blog.

Los últimos dos meses han sido muy intensos. Mi vida a ratos es una divertidísima locura. Y el resto del tiempo, pues trabajo. Mucho trabajo. Este año, de momento, no he tenido vacaciones (ni se vislumbran). Al menos, todos los libros y autores que he corregido han sido/están siendo interesantísimos (salvo una novela de aventuras de un escritor bestseller que fue un auténtico puerro). Creo que os voy a recomendar alguno de los títulos que he corregido, saltándome esa norma que me impuse yo misma. Porque cuando algo es interesante, pues se dice, ¿no? Y también os contaré lo que he leído estos meses. Poco, pero hay cosillas de lo más curiosas, que creo que os podrían gustar.

Sinceramente espero que todo se calme en lo laboral, porque no sé cuánto tiempo más voy a aguantar a este ritmo. Ritmo que me impide disfrutar de otros ámbitos que son tan importantes o más de la forma en que a mí me gustaría. Incluso me impide leer o publicar en el blog como antes, y me da pena. Así que a ver si el otoño me trae un poquito de tranquilidad. Este mismo fin de semana tendréis noticias mías por aquí. Gracias por vuestra paciencia. Si me queréis dar envidia con vuestras vacaciones (y vuestras lecturas vacacionales), tenéis los comentarios a vuestra disposición.

Próximas lecturas

¿Habéis decidido ya vuestras lecturas veraniegas? Se me ha ocurrido que os podría contar qué tengo en mente leer este verano. Aunque últimamente no he leído demasiado, me gustaría resarcirme estos días que vienen. Este año, al menos de momento, no tengo vacaciones, pero sí que bajaré mucho el ritmo en agosto (o eso espero) y me gustaría dedicar bastante tiempo a la lectura. Pues estos son los libros a los que quiero hincarles el diente:

  • Teru Miyamoto: El río de las luciérnagas. A alguno le sonará este título. De hecho, más de uno pensará que ya lo he leído, porque el año pasado anduve con él. Os cuento: el libro lo componen dos nouvelles. El verano pasado leí la primera (que me gustó muchísimo), pero paré y dejé la segunda para otro momento. Pues ha llegado ese momento. Espero una buena dosis de delicadeza japonesa.
  • Angelika Schrobsdorff: Tú no eres como otras madres. En realidad, lo estoy acabando, después de más de dos meses en mi mesilla. Aunque parece una novela por cómo está narrado todo, son unas memorias, las de la madre de la autora, una mujer que, tras tenerlo todo, vivir una vida libre según sus propios deseos e impulsos, lo pierde todo con la llegada de los nazis al poder (ella pertenecía a una familia judía). Me está pareciendo una lectura de lo más interesante y recomendable.
  • Maria Peura: Tu amor es infinito. He leído ya la mitad. Me está costando una barbaridad, porque es meterse en un verdadero infierno, y lo estoy sufriendo sobremanera. Es una belleza de libro, narrado a veces con un exquisito lenguaje poético; no obstante, lo que narra es una bestialidad tal que tengo que parar a ratos, me cuesta asimilar que lo que esa voz infantil nos está contando es lo que yo estoy comprendiendo (sí que lo es). Quien quiera un libro que le remueva en lo más profundo, que le eche un ojo.
  • Lauren Groff: En manos de las furias. Buscaba un libro culebrón para la playa (que al final este año creo que no voy a pisar). Algo ligero y fácil de leer. Y se me ocurrió que esta novela podría ser una buena opción. Igual me equivoco de cabo a rabo, pero aquí está esperándome. He leído reseñas muy generosas (aunque no me acabo de fiar; me pega que esto es bastante peor de lo que dicen, pero me da igual). En cuanto lo lea, os contaré…
  • Tom Spanbauer: Yo te quise más. A pesar del horrible título, esto es un novelón soberbio. Lo tengo empezado, pero no lo he podido acabar por este lío de vida mía de este año. Me he propuesto acabarlo este verano, a ver… Spanbauer es un gran narrador y yo tengo muchas ganas de dejarme llevar por su prosa.
  • Fernando Pessoa: Libro del desasosiego. Confesión: me quedan tres páginas desde hace muchos meses, porque no lo quiero terminar de lo mucho que me ha gustado. Aun así, en algún momento tengo que ponerle el punto final, y por qué no ahora. Creo que poco puedo decir del Libro del desasosiego que no se haya comentado ya. Una joyita.
  • Françoise Sagan: Buenos días, tristeza. Mi libro de todos los veranos. Este también me acercaré a la costa Azul con Cécile. Y seré una despreocupada y feliz adolescente en la playa de nuevo.

Estos son mis planes. De esto a lo que ocurra después… pues ya veremos. Os lo iré contando. ¿Tenéis algo pensado para este verano? ¿Cuáles van a ser vuestras lecturas veraniegas? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.

¡Perdón!

No era mi intención dejar el blog tan sumamente abandonado, pero el día a día me come un poco. Estoy acabando el último libro gordo de Petete (lo tendré en apenas tres días) y luego ya volveré (que voy a poder sacar hueco, por lo menos en el mes de julio). Tengo reseñas pendientes, alguna entrada gramatical a medio escribir… e incluso igual podría contaros qué tengo pensado leer a partir de la semana que viene (estoy leyendo muy poquito últimamente, pero ya me he hecho con los libros con los que voy a disfrutar en breve). Vuelvo enseguida, esta vez de verdad. 😀

(Me podéis echar la bronca en los comentarios si queréis, que esta vez me lo he ganado a pulso). 😉

Reflexiones (LVIII)

«Yo he sido profesor de Literatura inglesa durante veinte años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y siempre les aconsejé a mis estudiantes: si un libro los aburre, déjenlo, no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo… ese libro no ha sido escrito para ustedes. La lectura debe ser una forma de felicidad».

Jorge Luis Borges
(1899-1986)
Escritor argentino

No puedo estar más de acuerdo con Borges. Sed muy felices leyendo este fin de semana.

Vivir en un anuncio de cerveza

Esta entrada va a ser un desahogo personal. Son casi las cuatro de la madrugada y aquí la marmota no puede dormir. Llevo dos días pachucha, maldurmiendo de noche y dormitando durante el día. Increíble pero cierto, achaco este insomnio en parte a que no he tomado café en todo el fin de semana; la cafeína tiene efectos bastante curiosos en mí y, aunque sorprenda, me ayuda a conciliar el sueño. Además, tengo malita a Marmi, mi gata. Está acostada en mi regazo ahora mismo. Ha venido a la cama mientras yo daba vueltas y se quejaba de dolor de tripa. Lleva tres meses así. Me tiene preocupada, aunque lo que le pasa no es grave. Pero ella está muy incómoda y hay noches, como la de hoy, en que siente dolor y me busca, como si yo tuviera una varita mágica que le pudiera calmar el malestar. Me siento bastante impotente con la chiquitina. Y, como estoy desveladísima, he decidido levantarme y, entre otras cosas, organizarme esta semana, que va a ser dura. Me asusto solo de ver la lista cuasikilométrica de cosas que tengo que hacer por la mañana (sobre todo porque estaré más dormida que despierta). Y tengo que ir mentalizándome para no sufrir demasiado con el libro que me llega esta semana para corregir (sé que voy a llorar más de una vez con él; os contaré de qué va a su debido tiempo, aunque este fin de semana he dejado mil pistas en mi Twitter). Parece que me estoy quejando un poco, ¿no? Y sin embargo…

… sin embargo, llevo un par de meses con la sensación de estar viviendo permanentemente en un anuncio de cerveza. Y mido todo en momentos felices. Porque ha habido un cambio que ha provocado muchas cosas. Todo tiene que ver, claro está, con la gente que me rodea. Mi vida son risas, conversaciones cómplices con mis amigos (uf, ahora os quiero aún más si cabe), libros compartidos (cómo no, algunos tremendamente especiales), biberones para Anne e Iñigo, canciones a voz en grito por teléfono (a uno que yo me sé le ha dado por llamarme y cantarme la primera estrofa de «Así fue» de la Pantoja —que conste que tuvimos que buscar el título—, y yo me parto), sushi en el parque con los pies descalzos, la preparación de la Bakiotrón mientras comemos en terrazas al sol (¿logrará Iñigo [el grande] que le traiga el ayudante y patrocinador que tiene en mente?), luciérnagas en el jardín, una voz que reconoces entre un millón, los incendios de nieve y calor de Love of Lesbian o cafés a media mañana en los que se dice sin hablar. Y también son caricias robadas delante de un ejército de cotillas profesionales o saludos ya míticos y nuevas formas de llamarme. O mensajes muy íntimos y ambiguos compartidos con miles de personas (y no me refiero a esta entrada precisamente, aunque también podría serlo). Mi vida se mide ahora en misisipis…

Pero para llegar a medir en esos misisipis, he tenido que aprender muchas cosas. Y ahora sé que lo mejor para tender un puente que se había caído es un simple «hola» acompañado de una sonrisa sincera; a veces, incluso, hay una sonrisa aún más amplia de lo que recordabas y detalles muy chiquitines que suponen un mundo esperando al otro lado. También me he dado cuenta de que correr no es de cobardes; al contrario, es de personas muy valientes a las que me gustaría parecerme, porque no escapan, sino que se superan. Y, sobre todo, he aprendido (estoy aprendiendo) a asumir realidades, tanto las que me gustan como las que no. Saber a qué atenerse proporciona una tranquilidad pasmosa. La nueva pantalla del videojuego es más colorida y me está resultando mucho más sencilla y liviana. Es de agradecer.

Y tras esta incontinencia verbal que a muchos os habrá parecido un auténtico galimatías (a otros les sonará todo y les resultará muy familiar), voy a intentar dormir un poco. Gracias por leerme.

Karl Ove Knausgard: ‘Bailando en la oscuridad’

Tenía un apunte importantísimo en mi agenda el pasado 11 de mayo: «Publicación de Knausgård». Y, claro, según salió, compré la nueva novela de Karl Ove Knausgård. La he devorado. El cuarto volumen del titánico proyecto del noruego, Mi lucha, se titula Bailando en la oscuridad y estaba claro que me iba a gustar.

'Bailando en la oscuridad'

‘Bailando en la oscuridad’

«Naturalmente, esto no es una novela sino la purga de mi corazón»: las palabras no son de Karl Ove Knausgård, pero, a la luz de Mi lucha, podrían muy bien aplicársele. Y es que su serie de «novelas de no ficción» autobiográficas es tan catártica para el que la lee como lo fue para quien la escribió: es la inmitigada franqueza sin filtros del que pone su vida entera en juego la que, al vibrar en la página, reverbera más allá de ella.

Corre el tiempo, cambian las edades, los escenarios; y cuando se abre Bailando en la oscuridad, el cuarto volumen de la saga, Karl Ove Knausgård tiene dieciocho años y acaba de bajar del avión que lo ha colocado un poco más cerca de su destino. Que se llama Håfjord; Håfjord, un minúsculo pueblecito del norte de Noruega donde le espera un puesto como maestro, y la promesa de una paz que le permita entregarse a su recién descubierta vocación: la de escribir. Pero, tras un comienzo que promete, el desengaño: la ambición excede con mucho al talento. Y ser profesor no es tan fácil como parecía, y las tentaciones que ante él se despliegan tienen muchos rostros: el de las chicas, el del alcohol, el del aislamiento y la soledad; el del silencio. Cuando el narrador parece abocado a la crisis, cuando su relato se oscurece, el autor nos lleva consigo hacia atrás, hacia las raíces del ahora: y encuentra música y amor, escritura y vida; encuentra un testimonio de los deseos y sus frustraciones, de la dificultad de lidiar con lo heredado.

Karl Ove Knausgård escribe con luminosidad y energía, sin condescendencia, de un tiempo cargado de posibilidades e incertidumbres, de ambiciones y de tropiezos; un tiempo fundacional y definitorio, en el que el ímpetu colisiona a menudo con la torpeza. De esa oposición, de ese desajuste, emergen acordes inesperados, de una ligereza que no sacrifica la hondura por el camino: Bailando en la oscuridad es el episodio más grácil, raudo, bullicioso y eléctrico de la serie, cargado de una vitalidad tan intensa y abierta como la que describe.

El otro día, el escritor Jorge Carrión resumió en un tuit todo el proyecto novelístico de Knausgård. Básicamente, según él, los libros tocan cuatro temas principales: La muerte del padre, el duelo; Un hombre enamorado, el amor; La isla de la infancia, el miedo; y Bailando en la oscuridad, el deseo. Y sobrevolaría todos ellos la figura del padre. Estoy muy de acuerdo con lo que dice.

Centrémonos en Bailando en la oscuridad. Karl Ove tiene 18 años en esta entrega y el tiempo de la narración abarca desde los 16 hasta ese punto en que ha saltado al mundo adulto gracias a un trabajo de profesor que ha encontrado en un pueblo perdido del norte de Noruega (por cierto, que alguien me explique cómo es posible que en Noruega se pueda ejercer de profesor de secundaria teniendo únicamente el título de bachillerato). Dos años, por tanto, que como decía Jorge Carrión están marcados por el deseo. En mi opinión, básicamente de dos cosas. Una tiene que ver con las relaciones interpersonales: Karl Ove está deseando acostarse con una chica y perder la virginidad. No es que lo desee, es que está obsesionado con ello. Y mucho de lo que hace está enfocado a tal propósito. Segundo deseo: ser escritor. Había empezado a escribir en un periódico como crítico musical (el libro está plagado de referencias musicales de los ochenta: si os gusta la música de esa época, vais a disfrutar muchísimo de la novela), devora ciertos libros y decide que quiere ser escritor. Su decisión de trasladarse a ese pueblo perdido tiene que ver con esto: cree que en un sitio tranquilo se concentrará para escribir. El problema es que el resultado quizá no sea tan satisfactorio como a él le gustaría.

Entre estos dos deseos: la vida, con sus mil detalles (como en todo Knausgård). Su trabajo como profesor (no tan sencillo). Las fiestas y las tremendas borracheras. La relación de amor-miedo-odio con su padre y el incipiente alcoholismo de este. Los libros, la música y los conciertos. Los nuevos amigos. Las mil y una chicas con las que intenta ligar (¡le da igual, él quiere lo que quiere y punto!). La relación de amor distante con su madre. La primera relación seria de su hermano y cómo Karl Ove se refleja en ella. Decepciones por todos sitios. Deseo de ser alguien en la vida.

El estilo, el mismo al que nos tiene acostumbrados Knausgård: narración sencilla plagada de reflexiones (más elaboradas), recuerdos que se solapan unos a otros de forma desordenada, saltos en el tiempo hacia delante y hacia atrás y una prolijidad en los detalles que a muchos les parece excesiva (a mí me parece que eso es la vida, y es lógico y preciso que se recoja en la narración). Si os han gustado las anteriores novelas del noruego, esta no os va a decepcionar.

Yo, cual yonqui literaria, estoy ya esperando el quinto volumen. A ver si los señores de Anagrama no nos hacen esperar demasiado. ¿Alguien más ha leído ya Bailando en la oscuridad? ¿Tenéis ganas de leerlo? Espero vuestros comentarios

Nell Leyshon: ‘El show de Gary’

Esta novela la han leído varias personas de mi entorno y nos ha encantado a todos, así que me parecía de recibo recomendarla en el blog. En serio, no os perdáis El show de Gary, de Nell Leyshon.

'El show de Gary'

‘El show de Gary’

El show de Gary es la nueva novela de Nell Leyshon tras el apabullante éxito que obtuvo con Del color de la leche (publicada en Sexto Piso y elegida Libro del Año por el Gremio de Libreros de Madrid en 2014), y eso ya la convierte en todo un acontecimiento. La autora nos obsequia, de nuevo, con un personaje y una historia inolvidables. El enorme magnetismo del libro —como ya ocurriera con Del color de la leche— reside en gran parte en su protagonista y narrador. En esta ocasión se trata de Gary: orgulloso, descarado, pero de una nobleza intrínseca e irreductible, y con mucha mala vida a sus espaldas. Alguien profundamente herido, pero decidido a sobrevivir a todo; también a sí mismo.

En su descenso a los infiernos hay algo inmaculado, a pesar de todo: el fuego que habita en Gary. Su fuerza, su vitalidad, su autenticidad. Y el azul de sus ojos, como un día despejado. Este maleante encantador es un caballo desbocado que en un momento de su vida pierde pie. El juego que creía dominar se lo acaba comiendo, y ni todo el encanto y la inteligencia del mundo pueden salvarlo del hoyo que él mismo se ha cavado.

El show de Gary es una novela memorable acerca de las victorias sobre uno mismo, un recuento de todos los fantasmas interiores que hay que vencer para abrazar el milagro ordinario del día a día y hallar la redención de una vida que podamos llamar nuestra.

Si os resumiera El show de Gary de forma breve, muchos os quedaríais con la sensación de que esto podría ser el guion de cualquier telefilme de serie B que emiten los fines de semana a mediodía. No es una historia especialmente original. Y, sin embargo, os digo desde ya que esto es un novelón. ¿Por qué? Porque Leyshon se ha sacado de la manga un personaje inolvidable, lleno de luces y sombras, y con un carisma apabullante.

Gary, protagonista y narrador de la novela, nos invita a un viaje por su vida. Y nosotros, lectores, nos montamos en un carrito de montaña rusa y él nos lleva, sobre los raíles, por los recovecos de su historia. Y a ratos, el viaje en la atracción es muy divertido; pero, de repente, llega una bajada. Es enorme. Y no vemos el fin. Bajamos, bajamos, bajamos… ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Hasta qué límites ha llegado Gary en su vida?

Y voy a repetirme: ¿qué es lo que marca la diferencia entre esta bajada a lo más sórdido y las que podamos encontrar en otras novelas? Gary. La inteligencia, la rapidez, la originalidad, la personalidad, el carisma… de Gary. Un personaje luminoso, a pesar de los ambientes por donde se mueve, y perfectamente dibujado que, además, va evolucionando a lo largo de la novela. Quizá porque no le queda otro remedio. Quizá porque ciertos sentimientos son más fuertes de lo que él se habría podido imaginar. Entonces llega la redención. Y si Gary es capaz de redimirse, ¿cómo no seremos nosotros capaces de redimirnos de nuestras pequeñas culpas?

Una lectura de lo más recomendable. Quienes lleguen a ella por Del color de la leche se van a llevar una sorpresa, pero, tras el impacto inicial, es una sorpresa agradable.

¿Habéis leído El show de Gary? ¿Conocéis a Nell Leyshon? Podéis dejar vuestra opinión, como siempre, en los comentarios.

Reflexiones (LVII)

«La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes de que el telón baje y la obra termine sin aplausos».

Charles Chaplin
(1889-1977)
Actor británico

Pues… ¡que aprovechéis mucho el fin de semana! 😉

Recomendación bloguera: ‘Filología y vida’

De nuevo llevo unos cuantos días sin pasarme por aquí. Os diría que lo siento, pero mentiría un poco. Es que no tengo tiempo. O sí que lo tengo, pero lo estoy ocupando en otras historias que me están resultando más interesantes y fructíferas ahora mismo. Y, claro, todavía no sé cómo hacer para estar en dos sitios a la vez. Y el blog se resiente. En cuanto mi vida (1.0 sobre todo) vuelva a la normalidad, supongo que retomaré el blog y escribiré varias entradas semanales y demás. Mientras tanto… Pues mientras tanto os voy a recomendar un blog filológico que me encanta. Os cuento.

El blog se llama Filología y vida y es la nueva «criatura» de Ana Parrilla. Ana es lectora de este blog, la habéis podido ver muchas veces por los comentarios y, además, es una de esas personas de las que es imposible no encariñarse. Yo, desde la distancia, quiero mucho a Ana. Mi compi de algunas noches de desvelo laboral en Twitter y de los superpoderes azules (viva el esmalte de uñas), además de mis ojos en la Semana Santa sevillana los dos últimos años. Así que, cuando empezó con el blog, me convertí en su más fiel seguidora. Un blog que promete mucho (está empezando) y que me encantaría que llegara a convertirse en algo muy grande. Porque el trabajo de Ana lo merece y se nota el cariño que pone en todo lo que hace.

Si seguís a Ana, ya me contaréis. Yo esta semana intentaré escribir al menos otra entrada. Y, por cierto, gracias a quienes me habéis «acompañado» este fin de semana. Estoy feliz… 🙂



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