Últimos artículos

‘Compañero’

El otro día me contaron el origen de la palabra compañero y me pareció tan bonito que no me puedo resistir a compartirlo aquí en el blog.

Compañero viene de compaña, sustantivo ya en desuso de mismo significado. Y ¿de dónde viene compaña? Pues de cum panis, es decir, ‘con pan’. El compañero es la persona junto con la que se come el pan, con la que se comparte el pan. (De hecho, compartir tiene un origen parecido).

Si bien sabemos cómo se formó el término, no hay unanimidad sobre sus primeros usos. Algunos etimólogos defienden que comenzó a emplearse en el ejército. Los soldados compartían el pan, es decir, comían juntos la misma comida, y por ello empezaron a llamarse compañeros. Otros, en cambio, consideran que los primeros usos eran religiosos y el pan al que se referían era el pan-cuerpo de Cristo.

Independientemente de cómo comenzó a utilizarse, el origen etimológico me sigue encantando. ¿Lo conocíais?

Neil Gaiman, la lectura y las bibliotecas

Este fin de semana he estado dándoles vueltas a varios textos de Neil Gaiman sobre la importancia de la lectura para los niños. Y en mis pesquisas he encontrado una conferencia que dio en Londres hace unos años sobre el tema. Como me parece de lo más interesante, os dejo el enlace por aquí. Solo está en inglés, lo siento. Para quienes habléis inglés, merece la pena pasar veinticinco minutos escuchando a Gaiman. De hecho, es un placer.

Conferencia de Neil Gaiman para la Reading Agency en 2013

 

Últimas lecturas (marzo y abril de 2017)

Sigo con el repaso de mis lecturas de este año. Tras una primera entrada en la que os hablé de los libros que leí entre enero y febrero, ahora me voy a detener en los dos meses siguientes, donde hay lecturas sumamente interesantes.

MARZO

Laura Ferrero: Piscinas vacías

‘Piscinas vacías’

«Quiero contarte una historia de amor, la tuya. Aunque sabrás, supongo, que no todas las historias de amor acaban bien».

Los protagonistas de estos relatos no son héroes ni viven situaciones de vida o muerte. Se parecen demasiado a nosotros mismos. Podrían ser nuestros vecinos, nuestros padres, nuestras parejas, nuestros amantes.

Una mujer que no puede dormir y se va al salón a escuchar el zumbido de la televisión. Un padre que sopla las velas ante su hijo, que también es padre. Una chica que le escribe una historia de amor a una niña que no conocerá. Un abuelo que le habla a una fotografía. Un hombre y una mujer que se dicen adiós en una esquina. No se conocen entre ellos, pero a todos les ocurren cosas parecidas: la vida, con sus insignificancias, pero también con sus grandes preguntas: cómo se enamora uno, por qué el amor que no se gasta se endurece, qué es lo que nos da miedo. Deben elegir entre la vida que tienen y la que imaginan.

Llegué a este libro de relatos a través de Twitter. Me explico: tengo amigos que retuitean a Laura Ferrero constantemente (y no me extraña, porque sus recomendaciones de libros y series son muy buenas) y algunos empezaron a hablar muy bien de este libro. Y un día aproveché una oferta para el Kindle y lo compré. Resumen: me gustó, algunos relatos incluso me gustaron muchísimo. Ahora bien, si profundizamos… Estos relatos no solo se salvan, sino que salen muy bien parados, precisamente por ser relatos. ¿Por qué digo esto? Porque individualmente funcionan. Muy bien. Están bien escritos. Plantean situaciones cotidianas con las que nos podemos sentir identificados muchas veces (de hecho, no conozco a nadie que haya leído el libro y no le haya pasado) y en ocasiones nos hacen reflexionar o nos dejan con una especie de runrún. Entonces, ¿cuál es el problema? Pues que si esto fuera una novela coral (ojo, que no lo es, son relatos individuales), todos tendrían la misma voz. Todos los personajes hablan igual. ¿Me ha importado? No, porque, además, he ido leyendo los relatos individualmente en distintos momentos. Pero quiero remarcarlo por si alguien se los lee del tirón y le suenan excesivamente parecidos (aunque las situaciones no lo sean). Aun así, a pesar de esto (que, ya digo, creo que no es aplicable porque son relatos), yo le voy a seguir la pista a Laura Ferrero. Me encantaría leer una novela suya. A ver si Laura y Alfaguara se animan. De momento, Piscinas vacías es una buena lectura (y a la autora la podéis seguir en Twitter o Instagram, que es una chica muy interesante).

Fernando Aramburu: Patria

‘Patria’

El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido, el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes? Por más que llegue a escondidas, la presencia de Bittori alterará la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori. ¿Qué pasó entre esas dos mujeres? ¿Qué ha envenenado la vida de sus hijos y sus maridos tan unidos en el pasado? Con sus desgarros disimulados y sus convicciones inquebrantables, con sus heridas y sus valentías, la historia incandescente de sus vidas antes y después del cráter que fue la muerte del Txato, nos habla de la imposibilidad de olvidar y de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político.

El gran fiasco de este año. No entiendo cómo está teniendo el éxito que está teniendo. Tampoco entiendo cómo está cosechando tan buenas críticas. Sobre todo cuando hablas con gente del mundillo editorial y casi hay consenso sobre la calidad (no excesivamente buena) de la novela (tiene errores estilísticos a porrillo). Pero es lo que hay.

Tengo que admitir que había escrito un par de párrafos con mi opinión sobre el libro. Pero los he borrado y no los voy a publicar. Porque no quiero darle espacio a esta novela tramposa (e, incluso, en algunos momentos y depende de quién la lea, dañina) en el blog. Solo quiero recalcar que no me ha gustado y que, como novela, es mediocre. Creo que mi postura queda clara. Si alguien quiere profundizar sobre ella, no tengo problema en comentar todo en privado (aunque ya hablé de todo esto largo y tendido en Twitter en su día).

ABRIL

Leila Slimani: Canción dulce

‘Canción dulce’

Myriam, madre de dos niños, decide reemprender su actividad laboral en un bufete de abogados a pesar de las reticencias de su marido. Tras un minucioso proceso de selección para encontrar una niñera, se deciden por Louise, que rápidamente conquista el corazón de los niños y se convierte en una figura imprescindible en el hogar. Pero poco a poco la trampa de la interdependencia va a convertirse en un drama.

Con un estilo directo, incisivo y tenebroso en ocasiones, Leila Slimani despliega un inquietante thriller donde, a través de los personajes, se nos revelan los problemas de la sociedad actual, con su concepción del amor y de la educación, del sometimiento y del dinero, de los prejuicios de clase y culturales. 

Esta novela es una especie de viaje hacia un infierno cotidiano. Pero el viaje es tan sutil que algunos de sus protagonistas no se dan cuenta de hacia dónde los están llevando. En realidad, no es una historia novedosa: hay muchísimas novelas y películas con la misma temática (Antena 3 seguro que nos hace el favor de programar alguna en la sobremesa del fin de semana). Lo interesante en este caso es el componente psicológico, que Slimani explota con mucho acierto. Aun así, debo reconocer que a mí me faltó algo. Un no-sé-qué que me hubiese permitido «comprender» o anticipar la reacción de Louise, personaje que me parece opaco al final (aunque sabemos desde la primera página lo que hace; me hubiese gustado que se profundizara un poco más en los porqués de esa decisión). ¿Recomendable? Sí, mucho. Y como sé que entre los que me leéis hay algún seguidor de los premios Goncourt, esta novela recibió el galardón en 2016.

Juan Gómez Bárcena: Kanada

‘Kanada’

Kanada comienza donde la mayoría de las novelas de la Segunda Guerra Mundial terminan: con el fin del conflicto. Porque en 1945 se interrumpen las matanzas, pero se inicia otra tragedia que ha suscitado mucha menos literatura: el imposible regreso a casa de millones de supervivientes.

El protagonista de Kanada lo ha perdido todo: familia, propósitos, recuerdos. Solo le queda su antigua residencia, un improvisado refugio en el que acabará encerrándose para protegerse de una amenaza indefinida. Rodeado por unos vecinos que tan pronto parecen sus salvadores como sus carceleros, emprenderá entre las cuatro paredes de su cuarto un viaje que lo llevará muy lejos, hasta el oscuro país de Kanada de donde afirma proceder.

¿Qué hacer cuando las circunstancias nos empujan a realizar actos de los que nunca nos creímos capaces? ¿Cómo recobrar nuestra identidad cuando se nos ha arrebatado todo? ¿Es posible regresar a un mundo cuyas reglas han dejado de tener sentido? Con su segunda novela, y bebiendo de autores de la talla de Borges, Vonnegut o Amis, Juan Gómez Bárcena se atreve a abordar uno de los episodios más oscuros de nuestra historia desde una óptica nueva, que no pone el foco de atención en los verdugos o en el acto físico del exterminio, sino en la culpa que el sufrimiento imprime en las víctimas.

Definiría Kanada como una apuesta muy arriesgada por parte de su autor. Es una novela dura, conmovedora, difícil… incluso incómoda a ratos. Y el riesgo no se queda en la historia en sí, sino que traspasa la forma, con esa segunda persona narrativa (imprescindible en este texto). El resultado es magnífico y, a mi modo de ver, tremendamente inteligente. Porque hay cosas que no se dicen, pero que están. Y con eso basta para emocionarnos. Os la recomiendo mucho. (Por cierto, no tiene absolutamente nada que ver con la anterior obra de Gómez Bárcena, El cielo de Lima, otra obra que no me he cansado de recomendar).

Karl Ove Knausgård: El otro lado de la cara

‘El otro lado de la cara’

El otro lado de la cara, un ensayo que acompaña las fotografías de nucas que Thomas Wågstrom reunió en su libro Cuellos, se convierte en manos de Karl Ove Knausgård en un análisis de simbología corporal y una meditación en torno a algunos de los temas que laten tras la titánica obra autobiográfica que lo ha consagrado como el escritor europeo más internacionalmente venerado del momento, uno de los nombres mayores de la literatura del siglo XXI.

El cuerpo como carne y espíritu, la infancia, la memoria, los padres e hijos y el individuo en comunidad y fuera de ella, parte singular, integrada o esquiva, de un mundo que empieza por entregarse para acabar rehuyéndonos: he aquí un texto que, al modo característico de su autor, hunde sus raíces en la experiencia personal para arrojar luz sobre qué significa ser humano junto a los demás, y que sirve de complemento perfecto a La isla de la infancia (Mi lucha: 3).

Para, de alguna manera, hacer más llevadero mi mono por leer algo de Knausgård, decidí hacerme con este ensayo (muy breve: se lee en veinte minutos). Y es Knausgård: no defrauda. Tras un comienzo algo extraño y muy teórico sobre la importancia de la nuca (sí, sí, la parte trasera del cuello), sale a relucir el Knausgård de siempre. Pero, claro, se hace corto, demasiado corto. Aunque, eso sí, no sé si cumplió su función de hacer la espera de Tiene que llover más llevadera, porque me entraron más ganas aún si cabe de seguir con él. Soy demasiado fan. No lo puedo remediar.

Pedro Mairal: La uruguaya

‘La uruguaya’

Lucas Pereyra, un escritor recién entrado en la cuarentena, viaja de Buenos Aires a Montevideo para recoger un dinero que le han mandado desde el extranjero y que no puede recibir en su país debido a las restricciones cambiarias. Casado y con un hijo, no atraviesa su mejor momento, pero la perspectiva de pasar un día en otro país en compañía de una joven amiga es suficiente para animarle un poco. Una vez en Uruguay, las cosas no terminan de salir tal como las había planeado, así que a Lucas no le quedará más remedio que afrontar la realidad.

Narrada con una brillante voz en primera persona, La uruguaya es una divertida novela sobre una crisis conyugal que nos habla también de cómo, en algún punto de nuestras vidas, debemos enfrentarnos a las promesas que nos hacemos y que no cumplimos, a las diferencias entre aquello que somos y aquello que nos gustaría ser.

Una de las novelas que más he disfrutado y con la que más me he divertido de este año. Un hombre en plena crisis de los cuarenta, que piensa que su mujer le es infiel y decide pagarle con la misma moneda en un viaje que hace a Uruguay. Obviamente, todo le sale fatal. Pero, aparte de las situaciones, ya divertidas por la forma en que las cuenta el protagonista, hay que poner la atención en las reflexiones que hace sobre su vida. Buenísima novela que se me hizo excesivamente corta.

*  *  *

Pues esto es lo que dieron de sí marzo y abril. En mayo he leído muchísimo, algunas obras muy interesantes además, así que volveré para hablaros de ellas. Y quién sabe si, ahora que parece que me he vuelto a animar con el blog, hasta escribo alguna reseña (creo que del de Knausgård, Tiene que llover, habrá entrada seguro).

Como siempre, tenéis los comentarios a vuestra disposición por si queréis sugerir algún libro que hayáis leído o matizar (o criticar o lo que sea) algo de lo que yo haya dicho.

Qué pasaría en vuestra vida si todo sucediera como en…

Imaginad que justo el último libro que habéis leído marcara vuestra vida actual y esta fuera a desarrollarse justo como en la historia que habéis tenido entre manos. Interesante, ¿eh? ¿Cómo sería? ¿Cuál ha sido vuestra última lectura y cómo afectaría a vuestra vida? ¿Qué pasaría ahora en vuestra vida si fuera como en… [poned vuestro último título aquí]?

Creo que me toca empezar. El último libro que he leído es… Tiene que llover, de Karl Ove Knausgård (quien no quiera tener detalles, que no siga leyendo).

Si ahora en mi vida me fuera a pasar lo mismo que le ocurre a Knausgård (es autoficción: coinciden protagonista, narrador y autor), estaría en una continua lucha conmigo misma durante unos diez años por ser escritora. Primero llevaría una vida desordenada, en la que el alcohol tendría un lugar excesivamente importante. Tendría varios trabajos, aunque acabaría escribiendo reseñas literarias para diversos medios. Cambiaría de casa mil veces. Me enamoraría, tendría relaciones con varias personas, les sería infiel. Conocería a la persona con la que me casaría un tiempo después. Perdería a varios familiares, entre ellos a mi padre (por culpa del alcohol). Y escribiría, escribiría, escribiría… Mucho, todo el tiempo. Y todo me parecería malísimo. Y dudaría de mí misma todo el tiempo.

¿Jugáis a esto conmigo? ¿Me contáis en los comentarios qué pasaría en vuestra vida si os fuera a ocurrir lo que pasa en el último libro que hayáis leído? ¡Animaos!

Escritoras, escritores y viceversa

Esta entrada surge de una de mis habituales conversaciones con los integrantes del equipo del blog Un libro al día. Me comentaron que les han echado en cara varias veces que reseñan más obras de hombres que de mujeres. Y eso desembocó en una charla sobre qué porcentaje de autores y de autoras leemos habitualmente.

Según parece (y redondeando las cifras), los hombres dedican un 80 % de su lectura a autores hombres. Sin embargo, las mujeres hacemos un fifty-fifty: la mitad de nuestras lecturas tienen autora (frente al mísero 20 % anterior).

Cuando me dieron esas cifras, yo corrí a mirar a quién leía yo. Porque algo tengo muy claro: cuando me acerco a un libro, lo hago independientemente del sexo de quien lo haya escrito. Mi conclusión: como la mayoría de mujeres, reparto mis lecturas equitativamente entre autores y autoras.

¿Y vosotros? ¿Leéis más libros escritos por hombres o por mujeres? ¿Ponéis cupos, restricciones…? ¿Os importa si una obra está escrita por un hombre o una mujer? Hoy sí que me gustaría que dejarais vuestra opinión en los comentarios. Os espero.

PS.: Por cierto, lo anterior vino porque me entrevistaron en ULAD. No dije nada en ningún sitio, no lo publicité, no di la muerga en su día… pero, si queréis leer la entrevista, la tenéis aquí, con reseña del último libro de David Foster Wallace publicado en castellano (por Malpaso) incluida.

Últimas lecturas (enero y febrero de 2017)

Aunque no tengo mucho tiempo para ir reseñando lo que voy leyendo y creo que merece la pena, sí quiero dejar al menos un pequeño comentario sobre todas mis lecturas. Así que, como ya he hecho otras veces, os voy a contar qué me han parecido los libros que leí en los dos primeros meses de este año (y creedme que me da mucha pena no poder escribir largo y tendido sobre alguno de ellos).

ENERO

Rachel Cusk: A contraluz

‘A contraluz’

Una escritora inglesa llega a Atenas en pleno verano para impartir unos cursos de escritura. Durante su estancia en la capital griega, la gente que va encontrándose decide sincerarse con ella y contarle aspectos importantes sobre sus propias vidas.

En el calor sofocante de la ciudad, los diferentes interlocutores confiesan sus amores, sus ambiciones y miedos a la narradora, de quien apenas sabemos que está separada y es madre de dos hijos. De este modo, una secuencia de voces ajenas va trazando un complejo tapiz humano que acabará perfilando por contraste la personalidad de la narradora y los sucesos más decisivos de su vida: el sentimiento de pérdida, la búsqueda de un sentido a la vida familiar, la dificultad de establecer lazos de confianza o el misterio de la creatividad. A contraluz nos habla de cómo construimos nuestra forma de ser a partir de nuestra propia vida y de la de los demás.

Comencé el año con esta novelita (uso el diminutivo por su extensión, no por su calidad) de Rachel Cusk, una autora que no conocía. Y me gustó mucho. Ese puzle de personajes, de historias, de sentimientos que dibujan como en negativo la vida de la protagonista no solo llamó mi atención, sino que me pareció cercano, empático, humano. Una lectura fácil y agradable.

Lara Moreno: Piel de lobo

‘Piel de lobo’

Un viejo caballito de plástico blanco y azul espera a las dos hermanas cuando entran en casa del padre, un hombre solo que murió hace un año, dejando tras de sí pocos recuerdos y algunas manchas de café en el mantel. Sofía y Rita han venido al pueblo para recoger lo poco que queda de aquellos años en que eran niñas y pasaban los veranos allí, en el sur, cerca de la playa.

Rita, tan esbelta ella, tan hermosa, tan lista, parece dispuesta a despachar el asunto y volver a lo suyo, pero Sofía sabe que esa casa será el refugio donde ella y Leo, su niño de cinco años, van a instalarse para curar un desamor que la ha dejado sin fuerzas. Allí se quedan madre e hijo, paseando esa nueva vida por las calles donde se abren las primeras sombrillas, masticando arroz y fruta limpia, intentando imaginar un futuro que tenga sabor.

¿Y Rita? Rita se va pero vuelve porque hay recuerdos que queman y el rencor pide paso. Finalmente, encerradas en esa casa que parecía muerta, las dos hermanas nos van a contar una historia dura, algo que nadie quería saber, un secreto del que quizá sería mejor olvidarse, y que solo la buena literatura sabe rescatar para que ese dolor, esa rabia y la ternura que de repente asoma sean también nuestros.

Tampoco conocía a Lara Moreno, pero ahora no tengo dudas de que es una de las narradoras más interesantes del panorama español actual. Y, aun así, debo confesar que, tras un comienzo brillante, la novela, para mi sorpresa, me dejó tibia. Y todo porque tengo la sensación de que la autora se empeña en meter cierto tema hacia el final y, en mi opinión, el resultado es forzado. Y tampoco considero que fuera necesario. Eso, en lo que habría sido mi Piel de lobo ideal, que no es la novela que he leído. Ahora, tengo que admitir que he leído una buena novela, con una prosa magnífica y un gran dominio de la elipsis, de lo que no se dice. Sí que la recomiendo, a pesar de que yo creo que va de más a menos.

Paula Bonet: La sed

‘La sed’

Percibo en el aire cierto olor a muerte, quizás sean la angustia y sus réplicas. Quiero hablar de ellas. De los cuerpos, del temblor. De esta libertad que me quema en las manos.

Quienes ya conozcáis el trabajo de Paula Bonet os podéis hacer una idea de lo que vais a encontrar en este libro: ilustraciones magníficas acompañadas de textos y citas con cierto aire poético. No obstante, quizá no seáis conscientes del tono que Bonet ha adoptado en esta historia descarnada de desamor: es un libro oscuro, asfixiante a ratos y tremendamente triste. Y desesperanzado, no hay salida posible.

Si estáis sufriendo, os podréis sentir comprendidos y acompañados. Si habéis sufrido, quizá os traiga recuerdos nada agradables. Si no habéis sufrido (dichosos vosotros), quizá os ayude a ver lo desesperadas que pueden llegar a ser ciertas situaciones. Creo que lo más importante del libro, aparte del camino que nos hace recorrer, son las ilustraciones. Que, esta vez, tenemos la suerte de que van acompañadas de citas de Sylvia Plath, Anne Sexton, Clarice Lispector, Albert Camus, Siri Hustvedt… Un libro para saborear despacito. Y exorcizar dolor, si se puede.

Iván Repila: Prólogo para una guerra

‘Prólogo para una guerra’

El prestigioso arquitecto Emil Zarco recibe el encargo más importante de su carrera, un proyecto urbanístico con el que podrá exponer sus ideas sobre la esencia y el destino de los hombres: una larga estirpe que debe progresar y perpetuarse, heredera de los grandes logros de sus antepasados. En la misma ciudad, otro hombre viaja en sentido contrario, pretende la desaparición, la ruptura con una sociedad que no le corresponde. No habla. El Mudo no quiere compañía. Ambos están heridos: uno, por la imposibilidad de realizarse; el otro, por una pérdida irreversible.

La ciudad es testigo y escenario de la batalla de dos hombres antagónicos destinados a enfrentarse contra sus propios demonios y por la misma mujer. Una historia sobre las dos únicas formas de respuesta ante el dolor: la destrucción o la redención.

Aclamado como uno de los escritores más destacados del panorama literario español, dueño de un estilo «provocador» (The Guardian), «sorprendente y memorable» (The Bookbag), «de una potencia metafórica impresionante» (Le Monde des Livres), Iván Repila ha escrito una poderosa novela sobre la distancia entre nuestros anhelos y aquello que la vida nos depara.

Esta novela es imprescindible. Y ahora muchos pensaréis que ya le estoy haciendo la pelota a Iván, porque es amigo mío. Nada más lejos. Leída objetivamente, esta novela le da mil vueltas a la mayoría de las que se publican en España (y, de hecho, ojalá todo el mundo fuera consciente del prestigio del que goza Iván en Inglaterra o Francia, por ejemplo). Porque Iván asume riesgos, cuida el estilo como nadie y, a través de símbolos y metáforas, plantea situaciones que hacen pensar al lector. Y su novela, como capas de cebolla, tiene distintas lecturas según queramos profundizar más o menos en esos símbolos. Se merecería un comentario mucho más largo, una entrada para ella sola, porque lecturas tan interesantes e inteligentes no abundan. De momento, hasta el momento en que llegue, os recomiendo que la leáis, porque no os va a dejar indiferentes.

Atticus Lish: Preparación para la próxima vida

‘Preparación para la próxima vida’

Zou Lei es una inmigrante ilegal musulmana de origen chino —de la etnia uigur— que ha entrado en los Estados Unidos por la frontera mexicana y que, intentando abrirse camino, malvive aceptando trabajos precarios e inhumanos, con el miedo constante a que las autoridades la descubran y la expulsen del país.

Brad Skinner es un excombatiente de la guerra de Irak que vuelve a su país arrastrando consigo todos los demonios de conflicto. Es un hombre roto a quien el horror y la violencia han marcado profundamente, y cuyas graves secuelas lo incapacitan para llevar una vida normal y amoldarse a esa otra locura consensuada que llamamos sociedad.

Zou Lei y Skinner se conocerán en mitad de sus respectivos naufragios, en el corazón del caos urbano que amenaza con devorarlos y los condena a existir en los márgenes. Su amor será otra forma de la necesidad, el último clavo ardiendo. Una estrategia de resistencia. La promesa de un horizonte y de un sentido en mitad de la desorientación, el vacío y el desamparo, la posibilidad de ternura en un entorno inhóspito e implacable, pero también una desesperada huida hacia delante ante la inevitable cuenta atrás. Mientras Zou Lei, con sus limitadísimos recursos, intenta encontrar el modo de normalizar su situación en el país, Skinner, siempre a un paso de la locura, luchará para que las sombras que lo asedian no lo arrastren definitivamente. ¿Existe en este mundo un futuro para ambos?

Creo que esta ha sido una de las lecturas más desesperanzadas de los últimos tiempos. Qué miseria, qué tristeza, qué todo. Es una historia de amor desamparada, siempre en lucha contra los elementos. Sin embargo, a veces los elementos y la sociedad nos engullen y no nos dejan más que asfixia, desencanto, locura, esclavitud y miseria. No podía ser de otra forma en esta crítica de las políticas migratorias y de la guerra, que aquí toman la forma de personajes tan bien dibujados que, realmente, parece que hablan de personas de carne y hueso que tenemos delante. Estuve tentada de dejar la novela a medias, no porque no me estuviera gustando, todo lo contrario, sino porque las comeduras de tarro del protagonista me estaban afectando en exceso. Aun así, la acabé: no podía dejar sola a Zou Lei, una chica entrañable que tiene todo en su contra. ¿Cómo abandonarla? Sí, me metí mucho en la vida de los personajes y me quedé muy tocada al acabar la lectura. Y si un libro te deja así, es porque ha cumplido su propósito con creces. Una buenísima novela.

FEBRERO

Jonathan Coe: La lluvia antes de caer

‘La lluvia antes de caer’

Rosamond ha muerto. Tenía setenta y tres años, sufría del corazón y se había negado a operarse. Tras el entierro, el testamento. Rosamond nunca se casó ni tuvo hijos, y su herencia deberá repartirse entre Gill y David, los hijos de su hermana, e Imogen, una casi desconocida, que Gill vio una vez, hace más de veinte años, en una reunión familiar. Era una niña rubia y ciega de siete años, extraña y encantadora, que sedujo a todos los invitados. Gill encuentra varias cintas de cassette que Rosamond ha grabado y una nota donde le dice que las cintas son para Imogen, y si no la encuentra, que las escuche ella. Tras buscar sin éxito a la elusiva joven, Gill y sus dos hijas vuelven a oír la voz de Rosamond que, apoyándose en la minuciosa descripción de veinte fotografías, cuenta una historia de madres e hijas que va desde los años cuarenta hasta el presente, tres generaciones de mujeres ligadas por el deseo, la culpa, la crueldad, la ambivalencia de sus afectos… 

Este libro tiene ya unos cuantos años. Recuerdo que quise leerlo cuando salió, pero al final no lo hice. A comienzos de este año, un amigo habló de él en Twitter y, un día que se me había olvidado coger un libro para leer en el autobús (a veces me pasa), me metí en una librería y lo compré. Y no me arrepentí.

Es una novela para disfrutar. Disfrutar, lo primero, de la historia en sí. Una historia que, a pesar de su sencillez, pone sobre la mesa ciertos temas que no siempre son (bien) tratados en la literatura (y no cuento de qué va, porque es un poco destripar el intríngulis de la novela). Y también podemos disfrutar de la forma en la que nos cuentan la historia. Se supone que se están escuchando unas cintas y nosotros, los lectores, parece que las estamos escuchando también, como pequeños cotillas. Una lectura de lo más agradable (y con un título de lo más sugerente, que se explica en un párrafo precioso que os copio a continuación):

—[…] No me importa que llueva en verano. Hasta me gusta. Es mi lluvia favorita.
—¿Tu lluvia favorita? —dijo Thea—. Pues la mía es la lluvia antes de caer. […]
—Pero, cielo, antes de caer en realidad no es lluvia. […] Es solo humedad. Humedad en las nubes. […]
—Ya sé que no existe. Por eso es mi favorita. Porque no hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz, ¿no?

Jeanette Winterson: La niña del faro

‘La niña del faro’

Érase una vez un farero ciego y una niña huérfana… Así podría empezar uno de los muchos cuentos del señor Pew, el hombre encargado de cuidar del faro de un remoto pueblo de Escocia. Quien le escucha es la pequeña Silver, una chiquilla lista que acaba de perder a su madre y de ganar a un nuevo amigo, un hombre enamorado de las palabras y dispuesto a contar historias insólitas, que se enlazan unas con otras en una trenza sin fin. Sentada al lado del señor Pew, Silver llegará a saber cómo y cuándo se construyó el faro, y descubrirá a personas tan fascinantes como Stevenson, Darwin y el reverendo Babel, un libertino lleno de ira y de amor por una hermosa mujer. Cuando Silver crezca, los cuentos del señor Pew la acompañarán y harán de ella una lectora voraz, fascinada por los libros y por los cuerpos misteriosos que va encontrando en su camino. Amante fiel de la palabra y de su poder, con La niña del faro Jeanette Winterson nos invita a entrar en esa «habitación propia» que Virginia Woolf amuebló hace muchos años, una habitación llena de mil historias que nos defienden de la soledad y hacen más llevadero el oficio de vivir. «Somos todos huérfanos… pero si aprendemos a leer nuestra vida como un cuento, podemos escapar de la tiranía de los hechos», Jeanette Winterson.

Este es uno de los primeros libros que me recomendó Ainize Salaberri, directora de Granite & Rainbow y más conocida en este blog como «la Stephen». Debo admitir que la Stephen falla muy pocas veces en sus sugerencias, y no sé cómo le voy a agradecer que me pusiera sobre la pista de Jeanette Winterson y, sobre todo, de esta preciosidad. Es una joya. La tengo requetesubrayada (de hecho, podéis ver frases aquí) y forma parte desde ya de la lista de mis libros favoritos.

Es una historia llena de otros cuentos e historias, que le van a servir a la huérfana Silver a comprender, de la mano de un viejo farero ciego, qué es el amor y todos sus matices. Como diría la Stephen, esto es un milagro hecho literatura. Hacedle caso y leed esta maravilla (y yo os recuerdo también, de paso, otra novela de Winterson que me maravilló: La pasión).

*  * *

Hasta aquí lo que dieron de sí enero y febrero en cuanto a lecturas. Os seguiré contando… Por supuesto, como siempre, los comentarios están abiertos para lo que queráis: comentar estos libros, hablar sobre vuestras lecturas, preguntarme cosas o hacer recomendaciones a los demás (y a mí, claro está).

¿Vuelvo?

Tengo la sensación de que cada vez que escribo algo para el blog empiezo pidiendo perdón por la tardanza. Sí, en los últimos tiempos no escribo mucho. Sí, esta vez me he hecho de rogar un poco (bastante) más. Y sí, me encantaría deciros que ya vuelvo, porque es lo que quiero y es mi intención, pero no puedo asegurarlo, así que no me queda más remedio que escribir el título de esta entrada con interrogaciones. Ojalá desaparezcan, aunque en este momento me veo incapaz de prometerlo.

Aun así, retomar el blog es una de mis intenciones para mayo. Porque mi vida vuelve poco a poco a la normalidad. Porque quiero hablar de muchas cosas con vosotros. Y porque tengo muchas lecturas que compartir. Espero que sigáis por aquí. Nos leemos muy pronto.

Mis últimas lecturas (de octubre a diciembre de 2016)

Llevo un retraso monumental a la hora de comentar los libros que he ido leyendo. Quería haber escrito varias reseñas (y varias entradas más generales), a ver si me dejo de excusas y me pongo a ello ahora que (creo) voy a tener unos días. Aun así, voy a intentar hacer un breve comentario de los libros que me quedan pendientes de 2016 (faltan los del último trimestre, que coincide con el menos lector desde hacía tiempo).

OCTUBRE

‘Memoria de chica’

Annie Ernaux: Memoria de chica

Este libro sí que lo reseñé (de hecho, creo que es la última reseña que publiqué el año pasado). Descubrir a esta autora ha sido uno de mis hitos como lectora de 2016. De hecho, cuando Cabaret Voltaire anunció el otro día que iba a publicar otra novela suya esta primavera me emocioné como una niña pequeña.

¿Qué puedo decir de Memoria de chica? Pues que me conmovió, me hizo pensar, me revolvió y me pareció maravillosa. Esa prosa fría y distante, ese planteamiento de los dos yoes (pasado y presente) enfrentados en un intento de comprender… Merece muchísimo la pena. Os dejo el enlace a la reseña, por si queréis ampliar la información.

 

‘Hermano de hielo’

Alicia Kopf: Hermano de hielo

Esta es la historia de una fascinación por el hielo y de una obsesión por los polos de la Tierra. Una atracción por la parte estrictamente erudita —el proceso histórico de comprensión física de estas zonas extremas, el funcionamiento magnético y climatológico de los lugares más fríos del planeta— y también una fascinación por la historia de la conquista de los centros polares tras las sucesivas expediciones árticas y antárticas de Scott, Amundsen y Shackleton. Pero hay otros hielos en esta novela: está el hermano de hielo de la narradora, el hermano auténtico, que vive congelado dentro de sí mismo —bella y cruda metáfora del autismo—, como congeladas están las relaciones que envuelven a toda la familia de la protagonista, un espacio de convivencia frío, cargado de complejidades y mutismos. En su primera novela, Alicia Kopf traza la tenue línea de separación entre dos mundos: el de la realidad y el del deseo, el de la proximidad afectiva y la lejanía legendaria, el del silencio y el gran silencio. Hermano de hielo es una obra lírica y erudita que trata sobre huir y reencontrarse, y sobre permanecer y no perder la esperanza.

A ver qué os cuento yo de esta novela… Aún no sé si me gustó o no. Ahora, releyendo el texto de la contra, recuerdo el desconcierto en el que me dejó su lectura. Y, pese a los premios y demás, buscando opiniones sobre ella, me encuentro dos extremos: o bien parece la novela más original escrita en años, o bien es un libro soporífero que no merece la pena. Pues ni lo uno ni lo otro. Primero, porque su planteamiento, por mucho que se empeñen algunos, de original tiene cero. Copiar textos de la Wikipedia pudiera parecer transgresor, pero experimentos de este tipo se han hecho siempre y, en ocasiones, con mucho más acierto literario (póngase por caso la novela Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe, de quien hablaré más adelante). ¿Soporífero? Pues tampoco. La historia de la narradora tiene su puntito interesante (a modo, casi, de novela de aprendizaje) y todo el entramado de relaciones familiares está bien construido y su lectura resulta amena. El gran acierto (como ya se señala en la contracubierta), la metáfora del hielo y el autismo. Totalmente prescindible para mí: toda la tercera parte, la del viaje a Islandia en el que, supuestamente, la narradora va a encontrarse (¿se encuentra?). No lo sé. Ya os digo que aún no sé decir si me gustó o no. Digamos que es una novela irregular. Me encantaría que alguien que la haya leído me diera su opinión (solo conozco a una persona que la ha leído y me habló maravillas de ella, por eso la leí).

‘La mujer helada’

Annie Ernaux: La mujer helada

Tiene treinta años, es profesora, casada con un ejecutivo, madre de dos niños. Vive en una casa confortable. Sin embargo, es una mujer helada. Igual que miles de mujeres ha sentido cómo su curiosidad, su impulso vital se iban anquilosando a fuerza de un trabajo que compaginar con compras que hacer, cenas que cocinar, baños de niños que preparar… Todo eso que se entiende por la condición normal de mujer. Annie Ernaux cuenta brillantemente esta alteración de lo cotidiano, este empobrecimiento de las sensaciones, esta dilución de la identidad; esclavitud a la que las mujeres son empujadas como a un desafío.

Nada más leer Memoria de chica, me hice con La mujer helada, impulsada además por varias personas que me dijeron que era aún mejor que la que a mí me había encantado. Me gustó muchísimo también (aunque no me supuso la conmoción de Memoria de chica). Su premisa consiste, básicamente, en poner encima de la mesa el papel de la mujer en la sociedad a través de la vida de la protagonista (que coincide con la narradora). Nos enseñan desde niñas que debemos seguir un cierto camino, estudiar (o no) ciertas cosas, acceder a cierto tipo de trabajos, casarnos con el hombre perfecto, ser madres, trabajar, conciliar todo y no quejarse nunca de si los hombres lo hacen o no. Y aquí todo esto se cuestiona. La protagonista ha seguido el camino que la sociedad nos «impone» para ser felices y, ¡oh, sorpresa!, no es nada feliz. Quizá un camino alternativo, en el que ella hubiese podido dedicarse, por ejemplo, a escribir, la habría llevado a una felicidad más auténtica para ella. Una propuesta valiente, con la soberbia prosa de Annie Ernaux (como he dicho antes, uno de mis grandes descubrimientos de 2016).

NOVIEMBRE

‘De noche, bajo el puente de piedra’

Leo Perutz: De noche, bajo el puente de piedra

Historia de historias, relato de relatos ambientado en la Praga del siglo XVI, De noche, bajo el puente de piedra nos habla del emperador Rodolfo II, rey de Bohemia y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, amante de las artes, manirroto y paranoico; del gran rabino Loew, místico y vidente; y del riquísimo judío Mordejai Meisl y su bella esposa Esther, eslabón entre la corte y el barrio judío.

El depositario de todos estos relatos es Jakob Meisl, un misterioso estudiante de medicina de Praga dispuesto a demostrarnos que «los profesores de historia que enseñan en los colegios y los señores que escriben los libros de historia no saben ni entienden nada», que el relato histórico suele olvidar la parte humana y mágica de nuestra existencia y que la verdadera literatura es, gran parte de las veces, mucho más real que la propia historia. Publicada por primera vez en 1953, poco antes de la muerte de su autor, De noche, bajo el puente de piedra está considerada unánimemente la obra maestra de Leo Perutz —uno de los grandes narradores del siglo XX, admirado por escritores tan dispares como Graham Greene, Ian Fleming o Jorge Luis Borges— y una de las mejores novelas históricas de la literatura universal.

Me llevé un auténtico sorpresón con este volumen de relatos y no lo he dejado de recomendar desde que lo leí. No os voy a contar mucho, no os quiero destripar nada; tan solo sumergíos en esa Praga mágica que nos ofrece Perutz e id desentrañando cómo los hilos de las historias se enredan y se desenredan. Y disfrutad del leer por leer, que no hay nada mejor.

DICIEMBRE

‘La acústica de los iglús’

Almudena Sánchez: La acústica de los iglús

Diez relatos en los que la música, el ingenio y el lirismo toman el mando para generar atmósferas oníricas que dejarán en el lector una sensación similar a la de los cuentos de Eloy Tizón o Clarice Lispector.

«Toqué la sonata más triste de mi vida, de un tirón, girando las páginas de la partitura con desgana, con los dedos manchados de sangre, pensando en una cabeza rota, maltratada por el arte, asesinada por el arte, descuartizada por el arte».

La matemática de la música y la matemática de la vida arrojan el resultado sonoro que registra La acústica de los iglús, primer libro de relatos de Almudena Sánchez.

Una madre a la deriva por carreteras secundarias con sus dos hijos en el asiento de atrás; dos ancianos en un teleférico cumpliendo su último sueño; una esmerada estudiante en paro que acaba trabajando como astronauta; y muchas, muchas adolescentes que se pelean entre ellas, aprenden a tocar instrumentos o se enamoran de nadadores recorren las páginas cordiales y alucinadas de esta antología.

Si acaso es posible la quimera de una adolescencia adulta, de una madurez jovial, los relatos de Almudena Sánchez apostarían todo a esa ensoñación, pues en ellos encontramos la mirada única de una narradora que templa el estilo para poner del revés la trama mágica del mundo.

A pesar de que no soy una gran lectora de relatos y de que justo había acabado los de Perutz, me animé a leer el libro de Almudena Sánchez. Sus relatos tienen un toque inocente y naíf muy característico. El estilo está muy cuidado para conseguir atmósferas casi oníricas con situaciones irreales, en ocasiones casi absurdas, pero que ponen en entredicho nuestro mundo tal como lo conocemos. Una lectura de lo más amena.

‘La hora de despertarnos juntos’

Kirmen Uribe: La hora de despertarnos juntos

Al final de la guerra civil, Karmele Urresti debe abandonar Ondarroa y partir a Francia, donde forma parte de la embajada cultural vasca. Allí conoce al que será su marido, el músico Txomin Letamendi. A punto de caer París, huyen juntos a Venezuela; pero la Historia irrumpe de nuevo en su vida. Cuando Txomin decide sumarse a los servicios secretos vascos, regresan a Europa en plena Segunda Guerra Mundial, donde él realiza labores de espionaje hasta que es apresado en Barcelona, bajo una dictadura a la que no sobrevivirá. Karmele tendrá que partir, sola esta vez, con la esperanza ciega de quien deja atrás lo más preciado.

La hora de despertarnos juntos es la historia de una familia que vivió para contar varios exilios, cuyos planes se vieron truncados por acontecimientos históricos que sobrepasan al individuo y que definieron la suerte de varias generaciones y pueblos a lo largo del siglo XX.

Kirmen Uribe, ganador del Premio Nacional de Narrativa y del Premio de la Crítica, entre otros, transforma una historia real en una novela coral que nos acerca a un pasado con el que estamos íntimamente emparentados. A través de la fortaleza y la constancia de quienes no se dejaron arrastrar por la amenaza de las guerras, esta novela habla de la necesidad de encontrar un refugio en las personas y del impulso para perseguir ideales.

Leer esta novela ha sido como la vuelta al hogar. Me encanta Kirmen Uribe y, aunque sigo pensando que su primera novela es la mejor, he disfrutado muchísimo con esta. Esa sensación de querer llegar a casa para poder seguir leyendo… Además, por muchas razones que no vienen al caso, la historia que narra Uribe está vinculada, aunque con hechos muy distintos, a mi propia historia, a la historia de mi familia (que no se exilió) y me he acordado muchísimo de mi amama o de mi aita, por ejemplo, con la lectura. Las últimas páginas me parecieron soberbias y me emocionaron sobremanera (menuda llorera, aquí, la que no llora con los libros). Un gran regalo de Olentzero y un gran punto final a las lecturas de 2016.

***

Y ahora, como siempre, os invito a dejar comentarios si lo consideráis oportuno. ¿Habéis leído algo de lo que he comentado? ¿Os ha gustado? ¿Qué lectura vuestra de 2016 destacaríais? Os espero.

Día de perros

Menudo fin de semana ha hecho por aquí en Euskadi. Frío, lluvia, granizo, un viento fortísimo… Como se suele decir, «días de perros». Pero ¿sabéis de dónde viene y por qué se mete a los pobres chuchos en una expresión con connotaciones negativas? En realidad los perros no pintan nada en este tema. Bueno, un poco, pero no un perro cualquiera. A ver cómo os cuento yo el lío este de los perros.

Vamos a empezar mirando al cielo y buscando dos constelaciones. Primero, Orión. Orión se conoce también como «el gran cazador». ¿Y quién acompaña al cazador? Su perro. Busquemos a su lado la constelación del Canis Maior, o Can Mayor. Vale, aquí está nuestro perro… Os digo desde ya que la expresión tiene que ver con este y no con nuestras mascotas.

Sigamos. Vamos a intentar averiguar ahora a qué perro mitológico hace referencia la constelación del Can Mayor. Tenemos tres posibilidades, os cuento las tres:

  • En primer lugar, podría ser, sin más, el perro de Orión, al que colocaron en el cielo junto a su amo porque siempre estaba con él. Ya sabéis, lealtad y fidelidad a prueba de todo.
  • También podría tratarse de Lélape, el perro que Zeus regaló a Europa. Fue un perro que corrió un montón de vicisitudes, hasta que acabó en manos de Céfalo. En una de esas aventuras Zeus lo convirtió en piedra y, después, lo colocó en el cielo.
  • Por último, podríamos estar ante la perra Mera, cuyos dueños eran Icario y Erígone. Cuando la perrita descubrió los cadáveres de sus dueños, lloró hasta que consiguió atraer gente para que dieran sepultura a los finados. Dionisio la puso más tarde entre las constelaciones.

Bien, pues sabemos que la expresión tiene que ver con la constelación del Can Mayor y que esta puede referirse a tres perros mitológicos; pero aún no se entiende la expresión, ¿no? Sigamos… La estrella más importante de la constelación es Sirio. ¿Y qué pasa con Sirio? Que es una de las estrellas más resplandecientes de todo el firmamento y brilla con especial intensidad justo en los días posteriores al solsticio de verano. Esos días suelen ser los más calurosos del año, son los días canicularesde canícula. ¿De dónde viene esa canícula? Efectivamente, del Can. Canícula significa ‘perrita’ y señala a Sirio, la estrella por excelencia de la constelación (por cierto, Sirio significa ‘la abrasadora’). Parece que vamos llegando a algo, ¿no?

Los días caniculares, los días de perros, los más calurosos y, por esta razón, en algunas zonas y para mucha gente, los más incómodos del año. Aquí coge su matiz peyorativo la expresión. Sin embargo, nosotros no solemos emplearla en días calurosos, sino en esas jornadas desapacibles por lluvia, viento, etc. Aquí hay varias hipótesis. La primera: ese de perros se empezó a utilizar para denotar lo molesto en general, y por ello amplió su radio de acción y ahora se utiliza con el tiempo meteorológico que nos incomoda. Segunda hipótesis: los días caniculares suelen terminar con tormentas muy abundantes en lluvia y, de ahí, habría pasado a usarse la expresión para los días lluviosos. No sé cuál es la más acertada, quizá haya un poco de ambas, pero lo que es indudable es que el DRAE recoge la expresión de perros con estas dos acepciones: «1. Dicho de un período de tiempo, como un día o una noche: desapacible, de muy malas condiciones meteorológicas. 2. Muy malo, molesto o doloroso».

No sé a vosotros, pero a mí me pareció bastante curiosa la explicación cuando me la contaron. ¿Conocíais el origen de la expresión? ¿La utilizáis? ¿Pensabais que tenía que ver con los animales de alguna forma? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.

Reflexiones (LX)

«La locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio».

Miguel de Unamuno
(1864-1936)
Escritor bilbaíno 😉

A veces hacen falta días (y noches) y semanas y meses de locura, porque es la única forma de sobrellevar la realidad. Gracias a quienes estáis ayudándome en esta época extraña.



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